Semanario de Prensa Libre • No. 234 • 28 de Diciembre de 2008

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D farándula

Supersticiones de ayer y hoy
Existen pequeños ritos y temores en todos los ámbitos profesionales, tanto en el arte como en la política.


por ana martínez de zárate
Fotos: archivo

Hay varias teorías sobre el origen etimológico de la palabra superstición. Una de ellas postula que viene del verbo latino superstare, que para los romanos tenía el significado de supervivir o sobrevivir. Según esta concepción, en la antigüedad, se consideraba que las personas supersticiosas eran aquellas que rezaban u ofrecían sacrificios para conservar la vida, como recogía Cicerón en uno de sus libros. Hoy, el significado no es ese, sino, según la Real Academia, “fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo”, y la ciencia ha demostrado que son completamente irracionales y hasta absurdas; sin embargo, el ser humano, todavía, en pleno siglo XXI, se deja influir por ellas.

Artistas

Quienes se llevan las palmas en cuestión de supersticiones son los artistas, sobre todo, los de teatro. Por ejemplo, se dice que desde los tiempos en los que no había otro medio de transporte que los caballos, el público que asistía al teatro los dejaba atados fuera y, en consecuencia, el área se llenaba de excrementos. Eso era señal de que la sala se había llenado. Desde entonces, los actores no se deseaban entre ellos algo tan normal como : “Que tengas buena suerte”, antes de cada función, sino, por extraño que parezca: “Que tengas mucha m...” Lo mismo sucede en Guatemala. La primera actriz María Teresa Martínez asegura que así lo hacen “el 99 por ciento de los actores nacionales”, aunque ella no lo cumple.
Asimismo, para los actores teatrales es de mala suerte llevar ropa de color amarillo en el escenario. Esto se remonta al 17 de febrero de 1673, fecha de la muerte de Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière. El dramaturgo y actor francés falleció pocos días después del estreno de la obra El enfermo imaginario. Durante su representación, en la que vestía una especie de bata amarilla, se sintió indispuesto y murió al cabo de unas horas.

Macbeth

La obra “maldita” por excelencia en este arte ha sido Macbeth, de William Shakespeare, pues según la leyenda, representarla suponía mala suerte no solo para los actores, sino también para los espectadores. Diversas desgracias han pasado a sus intérpretes, e incluso, en 1964 se quemó un teatro nuevo en Lisboa, donde estaba en escena la obra, lo que ha contribuido a que aumentara su fama de obra maldita. Todo esto ha ocasionado que, sobre todo en el mundo anglosajón, prefieran no pronunciar ni su nombre verdadero y se refieran a ella como la “tragedia escocesa”.

Guatemala

En el país, los actores nacionales no son muy supersticiosos, según el actor Xavier Pacheco, para quien a pesar de conocer la famosa maldición, no tendría problema en hacerla, ya que es de la opinión de que “la obra que me da mala suerte es la que no he hecho todavía”. María Teresa Martínez tampoco cree en estas supersticiones; sin embargo, no considera una obra “maldita” Macbeth, sino La tercera palabra, de Alejandro Casona. “Tuve un accidente, se enfermaron actores y se quemó un teatro durante su representación”, explica.

Superman

Parecida mala fama tiene la saga de las películas de Superman. El primer afectado fue Bud Collyer, quien puso su voz a los dibujos animados de los años de 1940. Volvió a repetir experiencia en la década de 1960, pero tres años después murió por “leves problemas circulatorios”. Sería anecdótico si no hubiera continuado la maldición. Después, el primer actor que interpretó a Superman en el cine, George Reeves, apareció muerto en la calle con un disparo en la cabeza. Tampoco corrió buena suerte el siguiente actor en interpretarlo, Christopher Reeve, porque en 1995 se cayó de un caballo, por lo que quedó parapléjico. En el 2004, moría víctima de un paro cardiaco. Warner Bross buscó durante años alguien que continuara la saga, pero nadie quería arriesgarse. Al final, un desconocido actor, Brandon Routh, aceptó el papel de Superman Returns (2006); sin embargo, su carrera no ha despegado aún.

Cantantes

Entre los artistas también abundan las creencias inventadas por ellos mismos, todavía más irracionales y curiosas que las anteriores. Uno de los más supersticiosos era el cantante de ópera Luciano Pavarotti. Nunca viajaba los viernes 13; se molestaba si alguien le pasaba la sal sin depositarla primero sobre la mesa; se alojaba en los mismos hoteles y, si era posible, en la misma habitación, y cada vez que actuaba llevaba un clavo en el bolsillo y un pañuelo blanco en la mano izquierda. Además, estaba seguro de que había piezas operísticas que traían mala suerte y leía cuidadosamente su horóscopo. El cantante Juanes es otro buen ejemplo. El colombiano no pasa bajo las escaleras plegables; si se le cae la sal luego la arroja sobre el hombro izquierdo con la mano derecha; evita la mirada de un gato negro y procura levantarse por las mañanas con el pie derecho. El cantante brasileño Roberto Carlos tiene tantas manías que ha aceptado que padece un trastorno obsesivo compulsivo, que le llevó a estar bajo tratamiento.

Deportistas

Asimismo, son conocidas las manías de deportistas, sobre todo la de los futbolistas brasileños. Ronaldo entra al césped siempre con el pie derecho, mientras que el carioca José Robson do Nascimento, antes de cada partido, tenía que oler sus propias botas y jugaba toda la temporada con los mismos calzoncillos. “Me daba suerte”, confesó en una entrevista. “Desde que comencé con estos ritos, en 1995, hasta que me retiré, en el 2007, no dejé de marcar goles”, aseguró.
El español Fernando Alonso, corredor de Fórmula Uno, es también muy obsesivo. No solo necesita ponerse la bota derecha antes que la izquierda para confiar en que las cosas resulten bien, sino que si aún así la carrera va mal, en la próxima evitará cruzarse con los mecánicos que saludó en esa ocasión.

Políticos

Pero, lo que resulta increíble es que los dirigentes políticos se dejen llevar por estas irracionalidades. Se sabe que tanto Hitler como Mussolini eran muy supersticiosos. De hecho, era común que el dictador alemán consultara astrólogos con frecuencia, mientras que del italiano se dice que se negó a subir a un avión porque uno de sus pasajeros tenía una mirada diabólica. También era similar en este aspecto uno de sus mayores contrincantes durante la Segunda Guerra Mundial, el británico Winston Churchill, quien siempre salía con su bastón de la suerte. En la actualidad, destaca otro inglés: Tony Blair. Según reveló Paul Scott en su libro Los Blair, una relación especial, Cherrie, la esposa del ex primer ministro británico, consultaba a una vidente, a la que enviaba una uña del dedo gordo de su marido, para que le leyera el futuro.

Fuentes: www.terra.cl, www.abc.es,
www.elpais.com, www.sport.com,
www.20minutos.es, www.canalwoman.com,
www.filosofia.org, www.pagina12.com.ar


   

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