Semanario de Prensa Libre • No. 234 • 28 de Diciembre de 2008

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Vendedores de la suerte
Es difícil “pegarle al gordo”, pero hay quienes han vendido varios números premiados.


roberto villalobos
fotos: carlos sebastián

Muchos desean ganarse la lotería, pero pocos son los afortunados. Y es que “pegarle al gordo”, como se dice popularmente cuando se gana, puede significar que la vida se vuelve más cómoda; significa pagar deudas, hacer un viaje al extranjero —quizás a las playas del Caribe o a algún país de Oriente—, comprar un televisor moderno, construir una casa o poner un negocio propio. Cada persona, claro, tiene sus propios gustos y preferencias, por lo que la lista de deseos es infinita.
Todos estos sueños conforman varios factores: la casa que emite los números de lotería, las fundaciones que son beneficiadas con el dinero recaudado y toda la gente que sale a las calles para vender los billetes.
Quienes piensan que la lotería solo la buscan las personas de escasos recursos económicos están equivocados, pues los que juegan son hombres o mujeres de grandes negocios, pintores, arquitectos, ingenieros, albañiles o estudiantes, entre otros tantos. Hay quienes gastan desde Q5 que vale cada “cachito” (fracción de un billete), hasta miles de quetzales, con la esperanza de hacerse ricos. “En estos días, los puestos de trabajo son escasos y el dinero no alcanza; creo que algunas personas mantienen la ilusión de ganar dinero fácil por pura ambición, pero también es cierto que otros lo hacen para dejar de trabajar, o sea, por pura haraganería”, dice un transeúnte, mientras ojea algunos números de lotería y quien, al final, se lleva un billete entero, con valor de Q300, para el sorteo de Q6 millones de la Santa Lucía, que será efectuado el próximo 3 de enero.
La cantidad de personas que se dedican a vender números es grande; sin embargo, algunas de ellas han dado mucha suerte a sus clientes, pues han vendido premios mayores.

La familia “suerte”

Una de las personas que más fortuna ha dado es Ana Ramos, quien tiene 32 años de entregarse a esta labor. Vende los billetes en la zona 1 y en el “Quiosco de la suerte” del Centro Comercial Montúfar, en la zona 9. Solo en este año ha vendido tres veces el premio mayor, dos veces el segundo y en otras dos ocasiones el tercero. Incluso, ya olvidó la cantidad de números ganadores que ha vendido en toda su vida.
Pero fue su abuela, Esperanza Valdez —quien perdió la vista a causa de un derrame cerebral— la que empezó a vender la lotería en la familia, en 1957. Ella también vendió varios números premiados. Murió en el 2005, pero dejó heredado el poder de la suerte a su hija y a su nieta.
Para que la fortuna le sonría a la gente, Ana aconseja jugar al “gallo tapado”, es decir, comprar el número sin verlo, guardarlo y leerlo hasta el día en que se publiquen los billetes ganadores en los medios de comunicación.

Más “suertudos”

Los ojos de Marta Angelina Mancilla no ven, pero sí su alma. Y es que estar cerca de ella brinda una “vibra” especial, como si fuera el día de la suerte de cualquiera. Y no es para menos, ya que ha vendido dos veces el premio mayor; una vez, el de Q3 millones. Incluso, de los billetes que en cierta ocasión no pudo vender, se sacó un “loteriazo” de Q30 mil que le sirvieron para terminar de pagar su casa.
Marta Angelina vende, desde hace 13 años, en el Parque Concordia y en el Centro Comercial Mega 6.
Lamentablemente, por su condición de invidente, comenta que gente trata de engañarla pagándole con moneda falsa.
“Deberían ponerse la mano en la conciencia, pues uno trabaja con honradez, sin hacerle daño a nadie”, dice Julia Galicia, otra vendedora invidente, quien, además, se ha dedicado a la venta de lotería por 36 años. Ella es otro ejemplo de suerte: ha vendido seis “gordos”, entre ellos uno de Q3 millones. Con Julia colaboran sus hijas Marleny y Dinora.
En tanto, en el caluroso Retalhuleu vive y trabaja el sonriente, platicador e incansable vendedor de lotería, Isaías Polaj, de 41 años de edad; es invidente y lleva todos los días, desde el 2001, su fajo de billetes para ofrecerlos a la población en las cercanías del parque de aquella localidad.
Y claro, él también es un vendedor que da mucha suerte a sus clientes: ha vendido, en total, tres premios mayores de medio millón de quetzales. También otros de Q60 mil, Q100 mil, Q120 mil y Q210 mil.

Reyes de la fortuna

Quien busque ganar los premios mayores, bien podría visitar a dos populares vendedores. El primero de ellos es Julio Mejía (79), quien se ha dedicado a esta actividad por 62 años. Él es el administrador de un curioso almacén en el pasaje Rubio, de la zona 1 capitalina. “Hágase rico aquí, comprando su número de la lotería”, reza uno de sus letreros. El lugar ha estado abierto desde 1944, cuando su padre, Policarpio Mejía, lo inauguró.
Don Julio ha vendido tantos números premiados que ya perdió la cuenta, de las cuales, solo en contadas ocasiones le han dejado propina. “Una vez fueron Q3 mil envueltos dentro de un sobre, de un señor que ganó el premio mayor”, relata.
Asimismo, recuerda que a su negocio llegaba el ex presidente del país, el general Miguel Ydígoras Fuentes, a comprar su ‘cachito”.
¿Cuáles son las cifras de la suerte? Para él no existe una específica, aunque dice que las más buscadas son las terminaciones en 7 y 13. “No hay número alto ni bajo, ni feo ni bonito”, apunta, y recuerda que una vez ganó el premio grande el 00002, un número por el que nadie habría apostado. “Fíjese que hay gente que contempla por largo rato un número, se lo quiere llevar, pero al final se decide por otro. El otro día vino alguien, tronándose la cabeza porque el billete que despreció era el ganador”, indica. Además, este ícono de la venta de lotería previene a la gente de no creer en brujos, pues lo más seguro es que pierdan su dinero.
De la misma forma piensa Saturnina Dávila, una vendedora que se sitúa en la 5a. avenida y 9a. calle, de la zona 1: “Los supuestos adivinos solo sirven para sacarle el pisto a la gente”. Ella, que ha trabajado durante varios años en este negocio, ignora quién ganará. “Si yo supiera, agarraría el billete para mí”, bromea.
Doña Saturnina también ha brindado la felicidad de ganar dinero a sus clientes, pues ha vendido dos veces el número mayor. Su padre, quien era invidente también vendió los números del “gordo”.

Otras anécdotas

Aunque la probabilidad de ganarse la lotería es en realidad baja, hay algunas personas que la han ganado dos veces.
Tal es el caso de una joven de 22 años que ganó la mitad de un premio ordinario (Q275 mil). Cuatro meses después, ganó el premio de Q1 millón.
También un joven de 21 años que, meses antes de ganarse un premio mayor, tuvo fortuna al agenciarse de un automóvil y un viaje, en dos sorteos diferentes.
Y es que la suerte es extraña, pues, como dice Marco Villatoro, gerente de Lotería Santa Lucía, hay gente que ha jugado por 15 años y nunca se ha ganado nada, y otros que apenas empiezan a jugar y, en cuestión de días, ganan.
Además, hay personas que se vuelven aficionadas al juego, y pierden grandes cantidades de dinero. “Conozco a alguien que se ganó dos veces los premios mayores, pero en ambas ocasiones se gastó el dinero en volver a comprar billetes de lotería; perdió todo y, al final, quedó con más deudas de las que tenía, por mala administración del dinero”, expresa Mejía.

Supersticiones

Son varios los supersticiosos: algunos sueñan con un número, y por eso llegan a comprar algún billete con la terminación imaginada. Otros juegan el “gallo tapado” o le apuestan a números de billetes que terminen en 3, 7 ó 21.
Los vendedores que se encuentran en la calle también advierten sobre los tramposos: esos adivinos que hacen creer a la gente que saben cuál será el número ganador. “Cierta vez, un señor se hizo pasar por brujo, y le pidió a una señora que le pagara Q10 mil a cambio de revelarle el número de la lotería. La mujer, convencida, vendió un terreno y pagó lo que le solicitaban. Consiguió el presunto billete con ‘el gordo’ y, sin siquiera averiguar los resultados, vino a la Lotería a exigir el premio. Su sorpresa fue que no ganó nada, le estafaron parte de su dinero y perdió el terreno”, relata Villatoro.
Por motivos como ese, se necesita tener mucha precaución.

A los ganadores

Cada quien es dueño de sus sueños: si desea un negocio, que lo ponga; si quiere viajar, que lo haga. Pero en lo que coinciden todos los involucrados es en la buena administración del dinero. Además, recomiendan no decir nada a nadie, por la inseguridad que se vive en el país.
Eso sí, se vale darse “gustitos” de vez en cuando. Después de todo, no se le puede “pegar al gordo” con frecuencia. A propósito, ¿usted ya sabe en qué se va a gastar el dinero si gana en este juego de azar?

Breve historia de la lotería

Los primeros vestigios que se conocen de una lotería datan de la dinastía Han, entre los años 205 y 187 a.C. Los fondos recaudados se utilizaron para financiar enormes proyectos, como la construcción de La Gran Muralla china.
En Europa, la primera modalidad de lotería conocida se remonta a la época del Imperio Romano. Ahí, en lugar de dinero, los premios eran la posesión o libertad de esclavos. Sin embargo, los pioneros de este juego, tal y como se le conoce en la actualidad, fueron los italianos, quienes jugaban la Lotto, ya por el año 1448. Se considera que la primera lotería estatal surgió en la Francia de 1520, la cual se convirtió en una fuente importante de ingresos para el Estado.
A partir de entonces, el juego se expandió por algunos países de Europa; en algunos de ellos operaba en forma clandestina.

En Guatemala

En el país, estas instituciones están regidas por el reglamento para loterías, rifas y juegos. El Ministerio de Gobernación es el ente supervisor de dicho reglamento, y la Contraloría General de Cuentas es la encargada de la fiscalización.
Lotería Santa Lucía y Bingotón Millonario son las únicas dos que operan en el país con esa modalidad. Antaño funcionaban las loterías del Niño, del Hospicio (posteriormente llamada La Nacional) y La Chica, ahora desaparecidas, según algunos consultados, por malos manejos financieros.
La Santa Lucía nació en 1956, con el propósito de capitalizar las obras sociales del Benemérito Comité Pro Ciegos y Sordos de Guatemala, y que en la actualidad sigue ayudando. En aquellos tiempos, el billete (con cuatro cachitos) valía Q1, y en el primer sorteo se emitieron 15 mil números, cuyo premio mayor fue de Q6 mil.
Hoy en día, 520 personas distribuyen los billetes en toda la Nación —115 son invidentes—, aunque la mayor parte los vende en la capital.
Al año, esta institución mueve alrededor de Q225 millones.
Entre los proyectos que han nacido gracias a esta lotería son 16 centros, entre hospitales, escuelas y centros de rehabilitación.
En tanto, Bingotón Millonario tiene aproximadamente mil cien puntos de venta. Ellos contribuyen con los proyectos de la Fundación Pediátrica Guatemalteca.
Sin importar la lotería, al ganador se le retiene el 10 por ciento por concepto de Impuesto Sobre la Renta y un 3 por ciento de timbres, cantidades que llegan a las arcas del Estado.
Todos los sorteos son certificados —para garantizar su validez e imparcialidad— por un representante de la Contraloría General de Cuentas, uno del Ministerio de Gobernación, autoridades de la lotería y un vecino honorable, que es elegido por tener una trayectoria profesional o de vida pública de transparencia, de honradez. Un día después se publican los resultados en los medios de comunicación.

El famoso “gordo”

Nadie puede dar una respuesta certera acerca de la frase de “pegarle al gordo”. Sin embargo, se cree que se dice de esa forma, simplemente, por tratarse del premio mayor.


   

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