Semanario de Prensa Libre • No. 234 • 28 de Diciembre de 2008

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D frente

“Orgulloso de ser chapín”
Su voz es una de las más escuchadas; ha estado en radio, televisión, publicidad y teatro. Nada lo ha detenido en su afán por pertenecer al mundo del espectáculo.

por Julieta Sandoval
Fotos: Carlos Sebastián

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Cada mañana, en el programa radial Para servirle a usted, de Emisoras Unidas, miles de personas escuchan una voz fuerte pero a la vez acogedora, que inyecta amor por Guatemala. Sus oyentes están acostumbrados a que en un instante componga canciones con los nombres de quienes llaman en directo; muchos lo hacen solo para escucharlo, la mayoría son mujeres. No importa que sea Marta, Berta o Martina, él les inventa canciones. Este hombre de estatura media y 179 libras, pasó la experiencia de ser incrédulo, al querer encontrar la verdad primero en la ciencia, luego en la historia del hombre y después a través de concepciones ideológicas. Su curación, después de estar al borde de la muerte, por sobrepeso, le hizo volver los ojos hacia Dios y agradecerle cada día por estar vivo. En esta entrevista, Nelson Leal habla un poco de lo mucho que ha vivido en sus 41 años.

¿Desde cuándo está en la radio?

Mi primer contacto fue en 1985. Todo comenzó al graduarme del Instituto Técnico Emiliani, de bachiller industrial y perito en electrónica con especialización en radio y televisión. Deseaba seguir con mis cuates, nunca imaginé que ese título no me serviría para arreglar los aparatos, sino para aparecer a través de ellos.
Al hacer mis prácticas fui a la radio Festival y pregunté si tenían aparatos para reparar. Me atendió
César Romero, una leyenda de la radio. Arreglé dos planchas y una licuadora. Me gustaba ver cómo locutaba don César. Pero yo quería ser cantante y componer canciones, lo de los medios de comunicación llegó del aire. Pasé 10 años sin saber nada de radio, hasta 1996, cuando me llamó Rolando Archila para hacer la prueba en un programa. Empecé el 6 de marzo de ese año, estuve dos años y después me fui a hacer televisión. Regresé a la radio en febrero del 2001, y desde entonces estoy allí.

Entonces, ¿es cantante antes que locutor?

Sí. Siempre quise ser cantante, desde niño sabía que iba a serlo, pero en mi casa siempre hubo resistencia, y como fui un muchacho obediente desistí. Después, a mi novia (ahora su esposa) no le gustaba que las patojas se acercaran, y lo dejé por un lado.
Pero en Guatemala, para mantener a una familia como artista, tuve que diversificarme. Por ejemplo, animo eventos, aprendí a actuar, a hacer teatro, a escribir parodias y crítica social. A veces te dicen que eres talentoso, pero la necesidad tiene cara de chucho.

¿Desde cuándo está en el ámbito artístico?

El 2 de agosto de 1993 estaba sentado en mi oficina, tenía 26 años y, aunque me iba bien, dije “no más”. No quería ser un ejecutivo de saco y corbata detrás de un escritorio. Aunque a escondidas tenía un grupo (artístico) y aparecía en algún evento, siempre tuve restricciones. Ese día llegué a mi casa y le dije a mi esposa (Claudia) “se acabó, no soy feliz con lo que hago y no te puedo hacer feliz; quiero ser artista”. Me contestó que estaba bien, lo único que pedía era que no faltaran los frijoles en la mesa. Bendito Dios, nunca ha escaseado nada.
Grabé, por primera vez, un jingle de Kern’s en el que salían unos tomatitos cantando. Produje muchos discos para varios artistas, pero al tener que mantener una familia no busqué una carrera como solista, sino algo en donde estaba el negocio de lo que podía hacer, y eran los jingles. Viví de cantar anuncios publicitarios durante tres años. Cada vez que encendían la radio o el televisor, ahí estaba mi voz.

Todo lo que sabe ¿lo aprendió fuera las aulas universitarias?

Tuve influencias y maestros, pero no de aulas, sino aprendí de ellos porque me compartieron muchas cosas, como Luis Galich, Jorge Estrada, Carlos Gamboa, Miguel Ángel Villagrán (Malín) o Noris Figueroa. Ella fue quien me dio la oportunidad de hacer mis primeros personajes. A raíz de eso, me llamaron para hacer teatro; mi maestro en esta área fue Joam Solo, y en locución Abdón Rodríguez Zea. En la vida encuentras gente que te inspira; al tratarlos, aprendes, no porque se devoraron libros en la universidad, sino porque a puro machetazo se abrieron camino. Yo trato de transmitir algunos conocimientos; siento que es mi obligación y responsabilidad.

¿Y la universidad?

Empecé a estudiar química pura, porque la ciencia me encanta, pero me salí al formar mi familia. Después, estudié publicidad. Más tarde, la vida me llevó a aprender historia y, posteriormente, filosofía.
El año pasado ingresé a biología y química, para tratar de retomar lo que dejé hace 22 años, pero estoy más viejo y no tengo tiempo, creo que esa etapa ya pasó, quizá más adelante la reanude.

¿Cómo fue su transición de gordo a flaco?

Soy gordo, aunque por fuera estoy flaco. Pesaba 436 libras el día que me ingresaron al quirófano, el 8 de septiembre del 2004.
Parte de lo que me llevó a la obesidad fue la frustración al tratar de buscar la verdad por medio de la ciencia, la historia y las concepciones filosóficas. Eso me hizo dejar de creer, y al hacerlo, la vida no tuvo sentido; fue terrible. No fue un ateísmo recalcitrante, sino algo que se te muere adentro.
Era católico, estudié en un colegio de monjas y sacerdotes, después, acepté al Señor en la iglesia cristiana y evangélica Fraternidad Cristiana. También estudié con mi mejor amigo, que era testigo de Jehová, y tuve un acercamiento muy fuerte con los mormones, además, con otro tipo de religiones como la hindú, musulmana y judaica. No asistía a las iglesias, pero trataba de investigar, leía mucho. Hay un montón de cosas en las que choca tu sentido común, creo que lo máximo de un ser humano es tener la libertad de cuestionar, de lo contrario, eres un subproducto programado. Con todo ese conocimiento, concluí que eso de Dios era mentira, para mentes chiquitas y pobres, pues no existía.
La gordura me ocasionó problemas, como el no salir en televisión, no cantar porque me faltaba aire y me dormía de repente. Tuve un accidente de automóvil. Un día estaba desesperado y dije: “Dios, si existes, ayúdame. Como te llames, necesito una respuesta, no quiero morir, tengo muchas cosas que hacer”. Al otro día llegué a la radio; Abdón Rodríguez y Lucy Bonilla me hablaron de unos especialistas que conocieron en su programa. Al consultarlos, me indicaron que si no me operaba, moriría, pero tampoco daban garantía de que la cirugía fuera un éxito. Mis amigos juntaban dinero para cooperar con el pago, pero desistieron, pues no querían que yo corriera riesgos.
Volví a hablar con Dios y le prometí que confiaría y creería en él si hacía algo. Al día siguiente, los médicos me llamaron para contarme que ellos se harían cargo de los gastos.

¿En ese momento pensó que Dios había actuado?

Le dije que entendí y le agradecí haberme dado la oportunidad, quizá para dar testimonio, pero no tras un púlpito o metido en una lugar específico, aunque no tengo nada en contra de los que hablan de Dios, al contrario, es algo bueno, hace mucha falta.
La operación duró 14 horas y pasé cuatro días en el intensivo. El día que comprobarían que no había ninguna fisura, le prometí a Dios que si estaba bien, el resto de mi vida contaría mi historia. Soy testimonio de que Dios existe y que es más que una concepción limitada que tienen los seres humanos de él, al pretender humanizarlo para entenderlo.
No podía dejar pasar esta entrevista sin contarlo, porque la leerá mucha gente que tal vez le sucede algo similar.

¿Después, qué hizo?

Retomé mi carrera. Saqué el programa Para servirle a usted, en donde me oyen muchas personas. Trabajo en un proyecto de televisión y espero lanzar otro disco.
Quiero hacer un montón de cosas enfocadas a que la gente reaccione, que salga del estupor en el que se encuentra. La generación anterior a la mía, la mía y la posterior, crecieron con la cultura del terror, por eso somos callados. Y la de ahora es cabeza hueca, no por falta de conocimiento o inteligencia, sino en el sentido de valores e identidad.
Un día estuve con un grupo de kaqchikeles y uno de ellos me dijo “vos pareces kaqchikel, sos casi perfecto”. Es fabuloso que piensen así. Mi responsabilidad social es decirle a la gente, todos los días, sí se puede, siéntase positivo, vamos adelante, aunque la situación sea difícil. Poner una gota de miel es lo que me satisface de ser artista.

Eso positivo que transmite todos los días por la radio, ¿lo ha tenido siempre?

Siempre. Mi mamá me contaba que cuando nací no le dolió, fue rápido. Aunque después de mi operación se remarcó más, porque puedo dar testimonio y fe de que uno no merece nada, y aún así podemos tener
acceso a todo, y no hablo de cosas materiales.

¿Orgulloso de ser chapín? (Por el disco que grabó).

Es una producción que esperé toda mi vida. Trato de mostrar que hay muchas razones para sentirnos orgullosos de haber nacido en Guatemala. Somos más la gente que trabaja, que pelea por sus sueños, quienes al intentarlo van dejando cosas buenas en el camino.
También lo hice pensando en aquellos que están fuera del país. Al estar lejos, no importa si es por unos días, se siente un vacío, se extraña el chuchito, el tamalito, el humo de la camioneta en la cara y hasta los retenes de Emetra, palabras tan nuestras como “pues sí”. Por eso le hice canciones a Guatemala desde lo más profundo del corazón.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como una persona que amó a su país entrañablemente, que siempre se sintió orgulloso de haber nacido en Guatemala, a pesar de todo. Porque no importa tu profesión, lo valioso es hacer las cosas a plenitud, con intensidad, apasionado y no a medias tintas. Ese es el secreto de la vida, y es la única forma de poder vivir.

Familia y música

  • Tiene tres hijos, de 17, 12 y 8 años de edad. El mayor quiere ser comunicador; el segundo, ingeniero, y el tercero, físico.
  • Su perra cocker se llama Shakira, y su gato, que es tuerto a consecuencia de una pelea, Beethoven.
  • Se refiere a su guitarra como “la eterna compañera”, de la cual nunca se separa. Aprendió a tocarla “a puro oído”.
  • Antes de estar en los medios de comunicación, fue ejecutivo en una aerolínea.
  • El volcán de Agua ha tenido una magia muy especial en su vida; su abuelo le contaba muchas historias de ese lugar. “Nunca lo he subido y no sé si pueda hacerlo ahora, a mi edad... Quizá sea uno de los retos que tenga para el 2009”.
  • La canción Orgulloso de ser chapín fue la primera que escribió (2002) para su disco que lleva el mismo nombre.
 
   

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