Semanario de Prensa Libre • No. 234 • 28 de Diciembre de 2008

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D recomendación

Cuentos con “fino humor”


Claudia Hernández nació en San Salvador (1975). En 1998 ganó el premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, en la categoría de cuento.
Su libro De fronteras contiene los relatos “Molestias de tener un rinoceronte”, “Hechos de un buen ciudadano (parte I)”, Carretera sin buey”, “Un hombre desnudo en casa”, “Invitación”, “Hechos de un buen ciudadano (parte II)”, “El ángel del baño”, “Lázaro, el buitre”, “Abuelo”, “Fauna de alcantarilla”, “Lluvia de trópico”, “Trampa para cucarachas”, “Un demonio de segunda mano”, “Melissa: juegos 1 al 5”, “Mediodía de frontera”, “Manual del hijo muerto” y “Provisiones creativas de energía para un futuro que, con esfuerzo, debe establecerse fuera del caos reinante”.
Rafael Menjívar Ochoa escribe sobre los cuentos de esta escritora: “Aunque su obra aún está en elaboración, sujeta al tiempo que le falta dentro de la creación (tiene 32 años de edad), desde que comenzó a publicar relatos sueltos en el Suplemento 3000 y la revista Hablemos, a finales de los años 1990, ha sido claro que se está ante un fenómeno de replanteamiento no solo de aspectos del cuento, sino del género mismo.
“Cuando se habla de su obra —y en la mayoría de ocasiones de buena voluntad— se le vincula a Julio Cortázar de manera mecánica. Quienes lo hacen se basan en factores externos: la recurrencia de “lo fantástico”, la agilidad de los relatos, un sentido del humor fino, a veces negro pero siempre efectivo, y la creación de atmósferas poderosas.
“Su primer libro, Mediodía de frontera (DPI, San Salvador, 2002, republicado por Piedra Santa, Guatemala, 2007, como De fronteras) recoge, entre otros, los trabajos aparecidos en suplementos, y reúne una muestra de su obra escrita entre sus 21 y 25 años de edad”.

De fronteras. Claudia Hernández.
Editorial Piedra Santa, Colección
Mar de Tinta. 122 páginas

Cine
Australia


Llega a los cines la nueva película del director Baz Luhrmann, responsable de Romeo + Julieta y Moulin Rouge, entre otras. Vuelve a trabajar con la actriz australiana Nicole Kidman, quien interpreta a una aristócrata inglesa que hereda tierras y ganado poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Hugh Jackman, el otro protagonista de la historia, es un conductor de vehículos para ganado. El reparto se completa con David Wenham, John Jarratt, Bryan Brown, Brandon Walters, Jack Thompson, Ben Mendelsohn y Jacek Koman, entre otros.

Fuente: www.elmundo.es

Dvd
Expedientes X. Yo deseo creer

La exitosa serie de televisión adaptada a la pantalla grande puede verse sin estar familiarizado con el programa. Se trata de otro caso especial para los agentes del FBI, Fox Mulder y Dana Scully. Varias mujeres desaparecen en una población rural de Virginia. Un sacerdote que tiene visiones envía a la Policía a un lugar en donde encuentran una serie de fosas con cuerpos humanos congelados. Parece un experimento médico secreto que puede tener relación con las mujeres desaparecidas.

 


PRESTO NON TROPPO
El silencio de los mimos

Por Paulo Alvarado

uíu-uíu-uíu-uíu-uíu-uíu-uíu-uíu
dio, dio, dio, dio, dio, dio, dio, dio
puuupííí. puuupííí. puuupííí. puuupííí
Duuuuui. Duuuuui.
í- í- í- í- í- í- í- í
¿Se descompuso el texto? O ¿falló la impresora? O, quizá... ¿hace falta la clave para descifrar algún mensaje oculto? No. No se descompuso el texto ni falló la impresora. Tampoco se necesita una clave, porque... no hay ningún mensaje oculto. Se trata sencillamente de una alarma.
Sí. Una alarma de carro. De ésas que suenan por doquier, a cualquier hora, en el supuesto de que protejan el vehículo de quien las hace instalar. Sólo haga memoria el lector de las veces que ha tenido que soportar ese ruido y dele la entonación apropiada – Duuuuui. Duuuuui. í- í- í- í- í- í- í- í...
No necesariamente cumple su cometido. Ya me ha tocado contemplar el espectáculo absurdo e irritante de un picopón cuya alarma suena y suena, sin que su dueño pueda desconectarla, porque el vehículo ¡ya ha sido atracado! y el escándalo ya no tiene caso. Claro, como los transeúntes se “acostumbran” al estrépito, los ladrones hacen de las suyas: rompen un vidrio, extraen lo que encuentran, y la alarma... sigue sonando.
Ni qué decir de vehículos estacionados en lugares cerrados (bajo la creencia de que ahí están seguros). El local actúa como resonador para el demencial uíu-uíu-uíu-uíu dio dio dio dio puuupííí puuupííí, que se repite, y se repite, y se repite, y se repite. O de aquél que deja su carro a un par de cuadras de la oficina. Metido en sus cosas, no escucha la bulla que causa la alarma calibrada para que chille a la menor provocación; pasa un avión, un bus o un simple peatón, y se activa el infeliz dispositivo, sin que al dueño le importe el suplicio sonoro con que ofende a todo un vecindario. Es que ¿tiene derecho a la “seguridad”? ¿Cuál seguridad, si cuando regresa, al carro le faltan emblemas, antena, talcos, limpiabrisas?
Incluso hay alarmas grabadas con mensajes como “aléjese del vehículo”, en... ¡idioma inglés! Parece broma para el día de los inocentes. Mejor apaguemos este artículo.
puic puic puic.

presto_non_troppo@yahoo.com



   

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