Semanario de Prensa Libre • No. 231 • 07 de Diciembre de 2008

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Editorial

Nadie huye de un paraíso

En una pirámide económica, las minorías se encuentran en la parte más alta, pero si se habla de las minorías gays, transexuales o transgéneros, la pirámide da vuelta y éstas quedan sofocadas en la parte más baja.

La intolerancia y los fundamentalismos consiguen que las sociedades anulen, o intenten anular, los valores y cualidades que tienen los homosexuales.
En nuestro país, en pleno siglo XXI, aún se suele hablar con hipocresía acerca de la existencia de los trabajadores del sexo. Se les condena y se les apunta con el dedo como si se tratara de leprosos. Lo cierto, sin embargo, es que ellos trabajan para todo aquel o aquella que requiera de sus servicios. No solo no obligan a nadie, sino que además tienen clientes que proceden del sector condenatorio.
El reportaje D fondo de hoy, investigado por Ana Martínez de Zárate, muestra las dificultades que tiene la vida nocturna, específicamente la de un lugar cercano al Palacio Nacional de la Cultura en el que todas las noches se pasean los trabajadores del sexo.

Antes de juzgarlos, se debe considerar que la mayoría de ellos han sido víctimas de violencia intrafamiliar, de malos tratos físicos y psicológicos, y que cargan en sus espaldas profundas heridas. Se debe considerar que nadie huye de un paraíso y decide, así por así, arriesgarse cada noche a sufrir los peores tratos de los homofóbicos.


Juan Carlos Lemus,
coeditor

 


   

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