Semanario de Prensa Libre • No. 231 • 07 de Diciembre de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En tercera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D portafolio
   > D ciudad
   > D fondo
   > D comercio
   > D mundo
   > D recomendación
   > D farándula
   > D viaje
   > D Punto final

 


Punto final

Suicidios cibernéticos

Hay quienes opinan que los buscadores en Internet deberían tener mejores filtros para no permitir colgar imágenes de suicidios.

POR ricardo trotti

Las nuevas tecnologías de la comunicación han traído grandes avances y enormes desafíos. La globalización achicó el mundo, pero agigantó sus problemas. Internet se convirtió en la mayor herramienta informativa, aunque popularizó el suicidio.
Solo basta con introducir en Wikipedia esa palabra, y emerge información detallada sobre métodos a utilizar, rapidez y certeza, aspectos que le hubieran ahorrado tanta desdicha a Romeo y Julieta, a Marilyn Monroe, o a quienes en Guayana se inmolaron, en 1978, junto a Jim Jones, de la secta Templo del Pueblo.
Según los especialistas, el grado de publicidad dado al suicidio está relacionado al número de casos posteriores. La masificación de la información ha sido, tal vez, lo que incrementó su cantidad. La Organización Mundial de la Salud informó que el suicidio creció un 60 por ciento internacionalmente en los últimos 45 años, registrándose un millón en el 2000.
Los medios de comunicación tradicionales sugieren que la relación suicidio-juventud-imitación es el dilema a la hora de publicar o no hacerlo. Muchos códigos de ética periodística advierten sobre el asunto. El periódico español El País resuelve así la disyuntiva: “(…) la psicología ha comprobado que estas noticias abocan a quitarse la vida a personas que (…) sienten en ese momento un estímulo de imitación (…) Deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho de interés general”.
Existen medidas, por lo común, para trabar a los medios tradicionales. En Argentina, la semana pasada, ante una orden judicial promovida por el organismo que regula la radiodifusión, el canal Crónica TV tuvo que dejar de mostrar las imágenes de la muerte del ex comisario, Mario Ferreyra, quien se disparó en la sien antes de ser detenido, acusado de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. Se habla ahora de promover la legislación para prohibir la divulgación de ese tipo de actos, y proteger así a la infancia y la juventud.
Sin embargo, detener la propagación del suicidio en Internet es más engorroso. A principios de año, tras una ola de pactos entre adolescentes japoneses que han creado “clubes de suicidas en Internet”, que vulgarizan esta práctica, la Policía informó que de cada sitio que logran cerrar, se abren más de cien que fomentan las formas de quitarse la vida, resultándoles casi imposible detener el elogio, la imitación y la apología.
En Japón, si bien la inmolación estuvo tradicionalmente atada a la pérdida del honor y a las personas mayores, el fenómeno ha emigrado hacia los más jóvenes. Como en el resto del mundo, es ahora una de las tres causas mayores de muerte entre personas de 15 y 44 años, ocasionado por desórdenes mentales y adicción a sustancias tóxicas, en un 90 por ciento.
Internet, como herramienta de publicación propia, no es culpable de los suicidios, pero los ha potenciado. Muchos emulan, imitan, buscan su popularidad o se dan fuerzas para cometer aquellos actos que no harían en el anonimato o en la individualidad.
Hace una semana, en Pembroke Pines, a kilómetros de Miami, Abraham Biggs, un joven de 19 años, se quitó la vida promoviendo el acto en su blog que conectó al sitio “en vivo” Justin.TV. Algunos cibernautas intentaron frenarlo, pero otros lo animaron. Su video fue colgado también en YouTube.com y LiveVideo.com. En Finlandia, dos meses antes, Matti Saari, de 22 años, se mató después de asesinar a 10 estudiantes de su escuela, después de mostrarse en YouTube e imitar a otro compatriota que cometió el mismo crimen en el 2007. Ambos estaban fascinados por el tiroteo, en 1999, de la escuela Columbine, en Colorado.
En abril último, un estudio de las universidades británicas Bristol, Oxford y Mánchester, descubrió, a través de los buscadores Google, Yahoo, MSN y Ask.com, que existen más sitios que animan a quitarse la vida que a ofrecer ayuda y apoyo; de 420, los tres más populares eran pro suicidio.
Los expertos propician ahora que los buscadores filtren mejor la información, para que los resultados de búsqueda arrojen páginas de prevención. Creen que puede ser una medida eficiente, aunque saben que es insuficiente, si no hay una estrategia global para combatir este nuevo fenómeno de los “suicidios cibernéticos”: su propagación.

   

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com