Semanario de Prensa Libre • No. 231 • 07 de Diciembre de 2008

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D fondo

Sexo entre hombres
La llaman la “calle del amor”, pero los trabajadores del sexo que se ubican en ella, se encuentran en algo parecido al infierno.


por ana Martínez
fotos: carlos Sebastián

Es pura ley de oferta y demanda: un negocio solo existe si tiene clientes. De esta cuenta, en la 5a. calle de la zona 1, todas las noches, un grupo de jóvenes, en su mayoría homosexuales entre los 18 y 24 años, ofrece servicios de artes amatorias al mejor postor: hombre o mujer, da igual.
En esta calle, denominada del amor, éste solo está en el nombre, porque no se percibe por ningún lado. Más bien se podría llamar la del dolor, del sufrimiento, por la discriminación por parte de la sociedad hacia quienes venden su cuerpo, su alma, su vida, sus esperanzas, y el repudio para aquellos que lo compran. Están en el submundo. En el inframundo: perdidos, solos, muertos. Los trabajadores del sexo son seres humanos que a la edad de 24 años ya son viejos, porque la belleza que un día tuvieron ya desapareció y sus clientes (muchos de ellos casados) ya no los quieren.

Discriminación

Pero mientras un hombre acepte su identidad (gay) y su familia lo rechace, habrá más vendiendo su cuerpo. Y es que aún en pleno siglo XXI, el machismo impera y aunque, según el estudio Los Hombres de Verdad, publicado en julio último y efectuado por organizaciones como Usaid, PSI y Pasmo, entre otras, es común que las familias aún no acepten que entre sus miembros haya un homosexual. Es el caso de muchos, como el de Luis Linares, quien huyó de su casa, en Jutiapa, “la tierra de los machos”, con 16 años, debido a los maltratos que sufría por a su identidad sexual. “Me hacían dormir en el establo”, reconoce en voz baja, pero transmitiendo mucha tranquilidad y seguridad.
Pero el machismo no solo está en el inconsciente de los hombres, también en el de las mujeres, quienes lo han vivido a lo largo de la historia. “El 80 por ciento de la mujeres son las más machistas y, por supuesto, no nos ayudan”, expresa Shantal de 20 años, una de las trabajadoras del sexo transgénero que ofrece sus servicios en la zona 1.
Es entonces cuando la mayoría, sin posibilidad de estudios y con pocas oportunidades de encontrar trabajo, no ve otra alternativa que salir a la calle. ¿Dónde? Los territorios están repartidos. La competencia es atroz. “La envidia es grandísima”, refiere Ángelo, quien lleva 10 años ejerciendo. No existe la amistad y mucho menos el amor. Al principio, hace como 20 ó 25 años, recuerda Jorge López, director de la Organización de Apoyo a una Sexualidad Integral frente al Sida (Oasis) “la calle del amor” no era así. Allí, “nos reuníamos varios amigos gays para platicar” y, poco a poco, se degeneró la situación, hasta convertirse en lo que es hoy.
“La gente te enseña a ser malo”, asegura Ángelo. “Cada noche me pongo una máscara y parezco fuerte, pero luego, cuando estoy en mi casa, lloro como un niño de lo frágil que soy, y me digo a mí mismo que debería ganar un Oscar por lo buen actor que soy”, agrega. “Esta vida es muy dura”, coinciden todos. “Pasamos frío, nos mojamos cuando llueve y, encima, tenemos que sufrir los ataques de los homofóbicos”, explica Shantal, como aquella vez que a una compañera suya le tiraron, desde un automóvil, un vidrio que le cortó una vena.
Los peores son algunos policías, porque aunque deberían proteger la vida de todos los ciudadanos, han cometido asesinatos, como en el 2005, cuando mataron a Paulina, una persona transgénero “impunemente ejecutada de forma extrajudicial por cuatro agentes de la Policía Nacional Civil”, denuncia López.
En lo que va de año han matado, según tiene contabilizado Oasis, a 19 trabajadores sexuales en la capital, de los casi 30 que se ubican en el Centro Histórico. “Te acostumbras a que alguien se despida, y al día siguiente, te enteres que lo mataron”, comenta Ángelo.
Además, en este contexto adverso —que no solo daña su físico y su integridad, sino también su autoestima— hay que añadir el problema de, como describe Shantal, “la necesidad tiene cara de chucho” y, en ocasiones, aceptan trabajos que aumenta la sensación de denigración que cada uno padece. “Denigración que sentimos desde que estamos parados en una esquina”, narra Ángelo, ya que “nadie se siente orgulloso de hacer esto”, aseguran todos. Incluso, se muestra de acuerdo, Eduardo, quien lleva en la calle cuatro meses, “para pagarse sus lujos”.

Traumas

La mayoría de ellos han vivido situaciones espeluznantes que han quedado en su memoria y que, en ocasiones, se convierten en traumas, aunque normalmente son ellos mismos los propios psicólogos de sus clientes, pues por lo general, éstos —de clase social alta, los hay hasta diputados— tienen algo en común: no han aceptado su homosexualidad y llevan una vida paralela, están casados y tienen hijos. “Si no, no buscarían el anonimato que ofrecen los trabajadores sexuales”, denuncia López.
Algo, también comprensible, si consideramos —como dice López— que pueden ser despedidos de su trabajo y rechazados por la sociedad en su conjunto. De hecho, Shantal dejó su trabajo en dos empresas, debido al acoso de sus compañeros. Tras seis meses de búsqueda de empleo, decidió salir a la calle. Pero, peor fue el caso de Linares, quien después de ser trabajador del sexo durante cuatro años, consiguió que lo contrataran en una maquila, en donde estuvo durante siete años, hasta que se enteraron de su identidad sexual y lo echaron. Por fortuna, no tuvo que volver a la dura noche, porque Oasis apareció en su vida, y su director le ofreció un cargo de “hombre para todo”, donde está ahora.

Dios

Otro problema al que se enfrentan los homosexuales es la religión. Ninguna monoteísta acepta que a una persona le guste otra del mismo sexo. Sin embargo, como dice David Martínez Amador, profesor universitario y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Massachusetts, en la antigüedad, cuando todavía no había surgido el cristianismo, la homosexualidad era vista con normalidad. En Latinoamérica, es con la llegada de los españoles cuando se impone esta idea y, a partir de entonces, “el sexo es solo visto con el fin de procrear, y se vive en una sociedad represiva”. Es por ello que la mayoría de los guatemaltecos trabajadores del sexo tiene una relación complicada con Dios, ya que, aunque han sido educados bajo una norma religiosa y han estado dando tumbos por varias iglesias, finalmente han dejado de creer en cualquier dogma, para centrarse en un Dios, sin intermediarios, que simplemente no los rechace. Aún así, a Shantal le encantaría volver a la iglesia a la que iba de pequeña, pero vestida de mujer, como cuando trabaja en la noche.

Inmigración

Pero si la situación es difícil y agobiante en Guatemala, cuesta imaginar que en otros países sea todavía peor, y es por eso que mucha población homosexual de Nicaragua, Honduras y El Salvador se refugie en esta ciudad. Según López, el 33 por ciento de los hombres de “la calle del amor” son extranjeros que buscan el anonimato o están de paso, si no les arrolla la corriente, hacia México o EE. UU.

Respuestas

Se requiere una respuesta contundente del Gobierno; sin embargo, hoy sus programas no son suficientes. Además, desde las autoridades se debe dar ejemplo a la sociedad, y no ayudan declaraciones como las que hizo el presidente de la República, Álvaro Colom, en un foro durante la contienda electoral: “Dios dijo ‘Adán y Eva’ y no ‘Adán y Esteban’”. Asimismo, a los Programas Nacionales de Prevención les faltan recursos económicos, aunque ofrecen, entre otras cosas, pruebas gratuitas para detectar si tienen el VIH las mujeres embarazadas, porque los “exámenes son muy caros”. “Intentamos hacer esfuerzos, como jornadas en las que se hacen a todos de forma gratuita”, precisa Óscar Godoy, coordinador de Información, Educación y Comunicación del Programa Nacional para la Prevención y Control de las ITS, VIH y sida. Sin embargo, fue Oasis la que tuvo que salir a la calle a regalar condones, lubricantes y a hacer pruebas gratuitas del VIH. “Fuimos los únicos en toda Latinoamérica”, agrega entre orgulloso y triste, porque “en realidad, no deberíamos hacerlo nosotros, tendría que ser el Estado”.

Sueños

Este oficio es algo provisional para la mayoría de los trabajadores del sexo, incluso para Ángelo, quien reconoce que lleva demasiado tiempo ejerciéndolo y cuyo mayor deseo es que, a partir del próximo año, pueda alejarse para siempre de la calle y montar su propio negocio. Luis Linares, con sus 39 años —aunque perdió sus sueños cuando le transmitieron el VIH, al comenzar en el negocio del sexo, a la edad de 16 años— ahora tiene otros. “Me encanta hacer manualidades y lucho por fundar una casa hogar para los que están contagiados del virus”. Shantal quiere ser médica, y Eduardo acabar sus estudios. No sabemos si ellos lo conseguirán, pero si la sociedad evoluciona, los que vienen detrás vivirán los cambios y gozarán de sus derechos. Pero lo cierto es que todavía falta mucho tiempo para transformar comportamientos, pues “aquí todavía estamos en la Europa de 1820”, reconoce David Martínez. Por eso, en opinión de López, “la obtención de derechos será un proceso de largo plazo” y, agrega pesimista, “ni yo, ni mis hijos, vamos a mirar los resultados”. Sin embargo, todos los días, Jorge López trabaja más de 18 horas por sus derechos y los de su familia, que solo en Oasis asciende a dos mil personas. Para que algún día, nadie se sienta rechazado ni diferente, sino con los mismos derechos. Y, quizás, algún día, podría dedicarse a lo que estudió y ser solamente informático.

La enfermedad

A pesar que muchos invisibilizan a esta población, cada vez crece más y con eso también aumentan las probabilidades de una epidemia de sida, porque en Guatemala el uso de preservativo no es del todo común, ni siquiera en las poblaciones más vulnerables de contagiarse con el VIH (virus de inmunodeficiencia humana), como son los hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH). Según Jorge López “los mayores de 30 años son muy reacios a usarlo” porque, aunque cada vez hay más conocimiento del riesgo que conlleva no emplear medios de protección durante las relaciones sexuales, todavía hay ciertas confusiones como indica las declaraciones recogidas en el informe Los Hombres de Verdad: “La inyección que no se cuide en un hospital (…) aquí en Guatemala, es uno de los mayores peligros que existe (…) tal vez no tanto tener relaciones sexuales (…)”. Todo lo contrario de lo que indica Godoy ya que “el 94 por ciento de las transmisiones es por contacto sexual”. Asimismo, de los que tienen VIH y sida, “el 72.4 por ciento comprenden una edad entre 19 y 39 años”, destaca. Además, en dicho informe se registra que la mayoría de hombres que no usa condones “no sabe explicar por qué no lo hace”.
Debido a esta conducta suicida entre vendedores y clientes del sexo, se propaga la epidemia del VIH/sida entre la población guatemalteca. En la actualidad, este virus está concentrado en los sectores en riesgo, porque ha sido encontrada alta prevalencia de VIH entre gays, bisexuales y transgénero. Según el estudio Multicéntrico Centroamericano de Prevalencia de VIH/ITS y Comportamientos, publicado en el 2003, hay un “11.5 por ciento de prevalencia de VIH en población HSH, en tanto que otro informe elaborado por Gesta y Oasis, del 2006, la cifra asciende al 18.3 por ciento. “Si seguimos así, se va a transmitir a los indígenas del occidente del país, y luego no vamos a poder pararlo”, vaticina López.


En la historia

  • Aunque en la actualidad el término homosexual es empleado para definir a los hombres que sienten afinidad emocional y erótica hacia otra persona de su mismo género, lo cierto es que éste se acuñó en el siglo XIX. Fue utilizado por primera vez en Alemania en 1869, por un oscuro escritor y traductor austro-hungaro Karl Marl María Kertbeny. Este intelectual participaba de una campaña para convencer a la Federación Alemana del Norte de que abandonara el artículo 143 del Código Penal Prusiano que consideraba como criminales las relaciones sexuales entre varones. Unos meses después, publicó dos textos anónimos que se vuelven cartas abiertas al ministro, donde el término homosexualidad hace su ingreso a la historia, explica David Martínez Amador.
  • Antes del cristianismo no existía ningún patrón para vivir la sexualidad. Lo que había era un claro esquema sobre la práctica sexual para procrear y una para el placer. En la Atenas Clásica se consideraba normal que un hombre se sintiera atraído tanto por las mujeres como por muchachos imberbes. También se aceptaba que algunos se inclinarían más a una de ambas posibilidades. Se consideraba que el amor masculino sacaba a la luz las mejores cualidades de un joven, particularmente su hombría y su valor, comenta Martínez Amador.
  • La premisa, mente santa en cuerpo sano, era utilizada para buscar a los jóvenes bellos que serían instruidos por los grandes pensadores, como Platón o Aristóteles, por ejemplo.
  • Alejandro Magno y su amante Hefestión conquistaron todo el mundo hasta entonces conocido.

Glosario

  • Bisexual. Atracción sexual por personas de ambos sexos y/o que tiene relaciones sexuales con ellas.
  • Gay (sustantivo o adjetivo) es sinónimo de homosexual: Inclinación hacia la relación erótico-afectiva entre individuos del mismo sexo. La principal diferencia entre estas dos palabras es que gay (alegre; divertido en inglés) es un término positivo, importado del inglés y elegido originalmente por la comunidad gay de San Francisco (California, Estados Unidos) para referirse a sí mismos.
  • Mientras que homosexual es un neologismo que originalmente en inglés tenía connotaciones negativas relacionadas con una patología, enfermedad o tara.
  • Transformista: Es un sustantivo usado para referirse en su mayoría a personas de sexo masculino que ocasionalmente adoptan los modismos culturales (maquillaje, vestimenta, gestos, forma de hablar) que convencionalmente se le asignan al sexo contrario.
  • Transgénero es un término general que se aplica a una variedad de individuos, conductas y grupos que suponen tendencias que se diferencian de los roles de género normativos (hombre o mujer)
  • Travesti: Acepta su cuerpo y su sexo, pero le gusta jugar con una doble identidad.
  • Transexual: En cambio el segundo es una persona cuya anatomía física no corresponde al sexo al que siente pertenecer y por lo tanto asume de forma permanente el rol del otro sexo.

 


   

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