Semanario de Prensa Libre • No. 183 • 06 de enero de 2008

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D fondo

Gente que avanza
Van tras sus metas con dedicación, talento y disciplina. No son los únicos guatemaltecos que han destacado profesionalmente, por suerte, pues miles podrían hoy ocupar millares de páginas. El esfuerzo de cada uno es buen ejemplo de lo que puede ser una sociedad cada vez mejor.

Creo en el cine

Todavía estudiaba en el colegio cuando trabajé como edecán en el Festival Publicidad 80. Ahí escuché una conferencia sobre dirección de cine que impartió Giovanni Fabbietti.


Mendel Samayoa, cineasta

Me gradué del colegio y comencé a estudiar arquitectura. Al mismo tiempo me acerqué a una productora con la ilusión de aprender más sobre esto.
Después formé mi propia productora. Una vez vinieron unos cineastas chilenos que necesitaban a un director de arte.

Trabajé con ellos y, en 1991, me fui a Chile donde me involucré más en la dirección de arte y asistente de dirección. Tuve la oportunidad de conocer a directores de unas 25 nacionalidades. Comencé a dirigir cine allá.

Impartí clases de dirección de arte, guión y dirección en el Instituto Fílmico de ese país.

En el 2000 regresé a Guatemala y fui director de producción del largometraje Donde Acaban los Caminos.

Después filmé Advertencia Dual, así como 11 capítulos del videocomic Sweet Dalila.
Fui coproductor y director asistente de la película Looking for Palladin. Después trabajé en la fotonovela Pasión por un beso.

Mi más reciente filme es el cortometraje La paciente, que ganó seis premios en el recién pasado Festival Ícaro. Mi próximo plan es filmar la película Felonía.
Quiero ser parte de los creadores de la industria cinematográfica en el país. Creo en el cine. La gente quiere verse en sus historias y en su gente, pero también tenemos el deber de contar historias universales.

Para crear la industria cinematográfica se necesitan reglas claras, con un marco legal y credibilidad financiera.

Por mi familia

A los 11 años empecé a entrenar karate, fue un deporte que me gustó desde muy niña. Le pedí a mi papá que me inscribiera en un lugar para aprenderlo y él lo hizo. Desde entonces hasta ahora no he dejado de practicarlo y cuento con el apoyo de mi familia.


Cheili González.

Como cualquier otro deporte hay que esforzarse mucho para obtener un triunfo. Cada año hay una competencia, por lo que se debe estar bien. Para ganar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos del 2007, que fueron en Río de Janeiro, tuve un año de constante entrenamiento por la mañana, al mediodía y en la noche, de lunes a viernes. Eran por lo menos seis horas diarias. Esto merece bastante sacrificio.
El día que peleé, al terminar y escuchar que me daban la victoria ha sido una de las satisfacciones más grandes, pensé en mi familia, en aquellos que siempre me han apoyado y en Guatemala.

El 2008 también será de competencias para mí, es el mundial de karate, evento que es considerado como las olimpiadas. A mis 27 años sigo en lo que me gusta y espero obtener muchos triunfos más. También enseño este deporte a niños en mi gimnasio.

Poeta garífuna

Puedo decir que soy una persona alegre, relativamente independiente, creyente en la libertad como una forma de responsabilidad ante mí mismo y los demás. Supero los obstáculos modificándolos, aprovechándome de ellos, afrontándolos, y aceptándolos como cosas de todos los días.

Nací en Livingston en 1986; resido en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos a donde llegué para estudiar dibujo en construcción en el colegio San Marcos, por medio de una beca que obtuve en el instituto de mi comunidad natal.
Mi gusto por la lectura tuvo un primer cause cuando visitaba todas las tardes la biblioteca de Livingston y exploraba los pocos libros en existencia.
Había cumplido 19 años de edad cuando, en el 2005, la Editorial Cultura publicó mi primer libro titulado Los Magos del Crepúsculo [y blues otra vez]. Ahora trabajo en un proyecto de poesía que posiblemente titule con Cafeínamc.
No se conoce de muchos escritores garífunas porque hemos optado históricamente por otras formas de expresión como la música, el canto y la tradición oral. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que, siendo yo garífuna, mi poesía no es étnica sino un “fluir híbrido”. Livingston está mucho más allá de las estampas folclóricas del Inguat por la riqueza cultural que tiene y la de las demás comunidades que la rodean.
Charles Bukowski expresó en un poema que “nuestro sistema educativo nos dice/ que todos podemos ser/ ganadores del carajo”. La vida va mucho más allá de nuestras metas, de esperar cruzar cualquier línea. Es más intensa que cualquier cosa que nos propongamos y por eso es cosa de todos los días afrontarla. Debido al uso y frecuencia que se le ha dado a la palabra “éxito”, creo que la borré de mi vocabulario, para no terminar neurótico buscando la manera de ser “exitoso”. Del único éxito del que puedo hablar es de mi relativa felicidad.


Wingston González

 

Mi base es Dios

El 31 de diciembre del 2003 empecé con náuseas, perdí el color y no soportaba la comida. Al día siguiente fui al médico, me hice una serie de exámenes. El problema eran los riñones y debía ir con un especialista. Fui al Hospital General San Juan de Dios. Me dieron cita para marzo. El 10 de febrero llegué a la emergencia con presión alta, me detectaron insuficiencia renal.

A los 24 años tenía una vida normal. Sin ningún síntoma, en un mes me puse mal. Los médicos dijeron que mis riñones colapsaron, pues no se desarrollaron bien, esto es insuficiencia renal crónica. Sólo había tres soluciones: diálisis peritonial, hemodiálisis y trasplante, para lo que necesitaba Q20 mil y un donante. Les contesté que esas eran las soluciones que como profesionales me planteaban, pero yo tenía otra: un milagro. Me aferro a que Dios es mi proveedor. Respondieron que esperaban que mi fe y un milagro me ayudaran.

Un día me hablaron de San Pío de Pietrelcina, casa de cuidado renal de la Fundación Amor, fui porque necesitaba tratamiento. Estuve tres meses y regresé a Unaerc (Unidad Nacional de Atención al Enfermo Renal Crónico), ahí permanecí un año y cuatro meses. En los últimos meses, mi catéter falló y todo el líquido que ingería lo retenía, lo cambiaron y tampoco funcionó. Regresé a San Pío, en donde por dos años y medio estuve con tratamiento de hemodiálisis antes de que me hablaran de trasplante. Como no tenía recursos económicos, la Fundación correría con los gastos, yo sólo tenía que conseguir al donante.

Al contarle a mi familia, mi mamá fue la primera en ofrecer su riñón, pero su tipo sanguíneo era diferente al mío y no pudo ser. Me sentí mal anímicamente, ella me dijo: “Dios tiene algo por ahí”. Mi padre fue el segundo, su sangre tampoco era compatible. Pensé que Dios sabía por qué, pues siempre mi base ha sido él. Siguieron mis dos hermanos. Después, una tía y dos primas. Nadie podía ser donante. Ellos miraban mi condición, me era difícil caminar, mi presión alta y tenía que comprar medicamento en Estados Unidos, pues el de aquí no ayudaba. Meses más tarde, una señora de la iglesia —yo soy evangélico— ofreció su riñón. No éramos compatibles, de la misma forma sucedió con dos ex compañeras de estudio. Pese a eso, seguía probando, porque tenía fe, no me rendía.

Al verme otra tía, dijo que ella me lo donaría. Otra vez hice todos los exámenes. Un día llamaron a mi casa y me avisaron que debía continuar con el procedimiento para el trasplante. Había pasado un año en busca de alguien compatible. Esa vez lloré de agradecimiento, antes lo había hecho de dolor, porque no podía orinar ni tomar agua como cualquier otra persona.

El 17 de noviembre del 2006 fue mi operación. Al despertar le pregunté al médico sobre mi condición y me dijo que estaba orinando, le di gracias a Dios, porque sabe qué es pasar cuatro años sin hacerlo. Desde ese día hasta esta fecha mi trasplante ha sido un éxito. Ahora trabajo en la unidad de atención al paciente para protocolo de trasplante de la Fundación Amor. Ayudo a quienes serán intervenidos. Siempre digo que sólo Dios tiene las respuestas a todo.

Ever Vásquez

Cooperación

Debido a sus necesidades económicas, mis padres necesitaban de un hombre para el trabajo agrícola, por lo que no pude asistir a la escuela. Cuando tenía poco más de 30 años, en 1962, los religiosos de la orden Maryknoll me contrataron para trabajar con ellos para cuidar los caballos que utilizaban como “taxi” para trasladar a las personas que venían a Jacaltenango (Huehuetenango) a visitarlos y, además, estaban construyendo un hospital. Salía del pueblo a las tres de la mañana, llegaba al punto de reunión a las ocho y regresaba el mismo día.


Carlos

Entre 1964 y 1965 los religiosos me mandaron a recibir algunos cursos, entre estos, uno de cooperativismo en Totonicapán y otro de promotor social en la Universidad Rafael Landívar. Fue aquí donde sentí la necesidad de aprender a leer y escribir y para lograrlo me ayudó una maestra de dicha universidad. El ingeniero agrónomo Armando González me regaló cinco libras de café borbón para que las repartiéramos entre 16 campesinos, al final nos tocaron 500 matas a cada uno, con lo cual iniciamos la producción.

Hubo muchas pestes y los animales se morían, por lo que asistí a un curso que impartió el Ministerio de Agricultura, donde aprendí a vacunar. Me convertí en el veterinario y agrónomo de la comunidad, debido a que también elaboramos un campo demostrativo de verduras que servía para alimentar a la gente del hospital y, a la vez, obteníamos semillas. También orientaba a la gente en el manejo de conejos y pollos, y los conocimientos que obtenía de otros cursos los trasladaba por medio de proyectos de agua, construcción de escuelas y puentes.

Los políticos del PID y el MLN me hablaron para que fuera candidato a alcalde y también lo hizo la DCG que, en ese entonces, era vista como comunista. Les dije que sí se unían los tres aceptaba, lo cual hicieron; luego les pedí que hicieran campaña porque yo tenía mucho trabajo. Nunca salí a hacer campaña y arrazamos. Fui alcalde entre 1968 y 1970, tiempo durante el cual casi construí una escuela por comunidad. Hicimos una carretera de 54 km, para lo cual todos los hombres comprendidos entre 15 y 70 años debían construir seis metros.

Luego fui presidente de Fedecocagua y director de la junta directiva de Anacafé en la década de 1980. Entre 1982 y 1983 gestionamos la escuela de formación agrícola de Jacaltenango a nivel básico y luego la Escuela de Formación Forestal a nivel diversificado. He recibido como 20 reconocimientos, pero, quizá el más importante es la orden Ulises Rojas que me otorgó el presidente Óscar Berger, el año pasado, como reconocimiento a mi cooperación al desarrollo de la agricultura.
Juan López, 78 años, agricultor.

Responsabilidad social

La formación de una persona viene desde sus cimientos que son los padres, y mi papá siempre tuvo la característica de ser exigente y disciplinado. Desde que estudiaba en el colegio me puso a trabajar junto a él en una farmacia que tenía, en el centro comercial Plaza Montúfar, zona 9, lugar donde pasé toda mi niñez y adolescencia, hasta que me gradué de químico farmacéutico en la Universidad de San


Javier Hernández, propietario de Bullock’s 41 años

Al concluir mi carrera, decidí viajar a Estados Unidos a comprar un vehículo, porque creía que allá eran más baratos. Decidí traer un carro más para venderlo y recuperar algún capital; además compré zapatos, bolsos y carteras para vender, aprovechando que mi mamá tenía un salón de belleza en el mismo centro comercial. Mi sorpresa fue que a los carros no les gané y la ropa se evaporó. Esto ocurrió en septiembre de 1992, por lo que decidí hacer un segundo viaje a Miami en noviembre del mismo año y traje carros y ropa. En los carros me fue mal y en los zapatos, carteras y ropa ¡excelente!

Es aquí donde empieza la historia de Bullock’s: le propuse a mi mamá que convirtiéramos su salón en boutique y me fue muy bien. Durante más de un año busqué un local en algún centro comercial y analicé más de 20 opciones, por fin me decidí por el centro comercial Los Próceres y fue ahí donde, el 14 de agosto de 1994, fundé la primera boutique con el nombre de Bullock’s. En la actualidad hay 40 tiendas en la capital e igual cantidad en los departamentos.

Mis secretos: a la gente le cuesta entender que ganar poco (por unidad) le puede beneficiar al generar volumen de venta. En este sentido, Bullock’s pretende dignificar a la gente pobre permitiéndole vestirse con ropa bonita y moderna a precios accesibles.

Me rijo por los principios de Dios y mi empresa está fundada sobre cuatro pilares que son: Dios, Dios, Dios y Dios y Él me proporciona tres elementos básicos para dirigir la empresa: sabiduría, inteligencia y salud. Además, me ha regalado varios dones, entre estos el de la lectura, por medio de la cual he aprendido principios de administración, mercadeo, gerencia, liderazgo y temas familiares; es de esta forma como me he manejado durante todo este tiempo.

Creo en la responsabilidad social empresarial. El empresario no comparte las riquezas que Dios le da, no entiende el principio bíblico de que en la medida en que uno siembra va a cosechar. Esta es la forma como me manejo con los empleados, ya que como el salario no les es suficiente, yo me encargo de cubrir otras 20 necesidades (prestaciones) como por ejemplo, medicina, cumpleaños, luna de miel, bienvenida a los recién nacidos, becas, fallecimiento, anteojos para el empleado y su familia. Por eso la gente trabaja feliz y se siente identificada con la empresa.


   

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