Semanario de Prensa Libre • No. 184 • 13 de enero de 2008

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D farándula

Del rock a la quietud de la imagen
Entrevista con Raúl Maquín, legendario guitarrista de la vieja guardia.

Por JORGE GODÍNEZ
Fotos: CARLOS SEBASTIÁN

Raúl Maquín es un virtuoso de la guitarra eléctrica que, como pocos, ha logrado alternar la estridencia del rock pesado con las cadencias atractivas de la guitarra acústica. El prodigio de su interpretación fluye a través de sus dedos, haciendo del diapasón y las cuerdas un canal expresivo por donde se derrama su talento indiscutible.

Es fundador del Caballo Loco, con el cual se presentó en El Salvador, México y Estados Unidos. En la actualidad se dedica al diseño gráfico y, según cuenta, es su principal fuente de ingresos, que le permite vivir con decoro.

¿Cómo nació tu interés por la música?

En 1958 ingresé al Colegio Santa Infancia, donde la maestra formó una orquesta infantil con instrumentos de viento, tales como trompetas, flautas y ocarinas. Había que hacer una prueba de aptitud para poder ingresar y la pasé sin mayor dificultad. Mi primer instrumento fue la trompeta; luego, la ocarina.

¿Cómo y cuándo descubriste la guitarra?

Mi hermana mayor me regaló para la Navidad de 1959 una guitarra y una marimba; a esta última no le puse mucha atención, pero sí a la guitarra, y fue con este instrumento que comencé a hacer mis primeros tanes.

¿Con qué tipo de música te iniciaste?

Me gustaba escuchar a las grandes orquestas como las de Glenn Miller, Benny Goodman y Billy Vaughn, también veía el programa de televisión de Mantovani. Fue con estas influencias que crecí, y a la par de los discos y la radio rascaba la guitarra, tratando de seguir las melodías. Esto fue como una iniciación informal, puesto que el verdadero gusto me nació cuando escuché a Los Panchos y a Los Tres Reyes, tríos mexicanos de guitarras acústicas e intérpretes de boleros a los que considero mi primera escuela guitarrística.

¿Qué beneficios técnicos te dejaron los boleros?

A través de los tríos adquirí técnicas de digitación y armonía, aprendí acordes y escalas que me fueron muy útiles para desempeñarme posteriormente como requintista del cuarteto Los Mayas y del trío Imperio.

¿Estudiaste en el Conservatorio o en alguna otra academia de música?

Nunca estuve en el Conservatorio ni escuela de música alguna; mi base es la pura práctica de escuchar y reproducir, es decir, de oído. Emular a excelentes guitarristas ha sido como un manantial de conocimiento que me ha proporcionado elementos básicos para crear mi propio estilo.

¿Cuál fue tu primer grupo musical juvenil?

Blue Birds. Era un grupo con el que tocábamos música instrumental de Los Ventura.

¿Cómo fue tu llegada a Caballo Loco?

Con Jorge Melgar y Carlos Gramajo habíamos formado un trío de órgano, bajo y batería; el grupo se llamaba Falcon, y yo era el bajista. A Carlos Zepeda y a Marco Tulio Quiñónez (Kraker) los fuimos a encontrar tocando con Los Buitres en un lugar de la colonia La Florida que se llamaba Los Pingüinos; esto fue en el año de 1971.

Zepeda tocaba la primera guitarra y Kraker era el cantante. Luego de previas pláticas, decidimos hacer un nuevo grupo donde yo asumiría la primera guitarra; Zepeda, el bajo; Kraker, vocalista, y Jorge, la batería.

Comenzamos como Budú. Con este nombre hicimos algunos toques, pero no tuvimos trascendencia. Luego de someter a votación diferentes opciones, quedó el definitivo nombre de Caballo Loco, que por cierto fue Kraker quien lo propuso.

¿Tenés algún guitarrista preferido?

Admiro a Jimmy Page, de Led Zeppelin, por su agresividad, pero también a Carlos Santana. Es un guitarrista que hace preámbulos, comienza de una forma muy lenta y va progresando con el ritmo hasta llegar al clímax. Es un músico muy inteligente a quien le oí decir en una entrevista: “Prefiero cierta lentitud en los dedos pero más velocidad en la mente”.

¿Si te pusieran a escoger entre Jimmy Page, Jimi Hendrix, Eric Clapton y Carlos Santana, ¿cuál dirías que es el mejor?

Es una pregunta difícil de responder. Tanto uno como el otro tienen lo suyo, y el legado musical de cada uno es tan intenso y tan rico que no te sabría decir cuál es el mejor. Pero los cuatro son clásicos e imprescindibles en la tradición rockera.

¿A 36 años de tus primeras presentaciones con Caballo Loco, ¿qué hacés ahora?

Me dedico al diseño gráfico. En Guatemala es muy difícil vivir únicamente de la música, es por eso que mi actividad principal es el diseño gráfico; es lo que en realidad me da para poder subsistir, y la música se ha ido quedando como una opción complementaria. Es un ingreso económico más bien eventual.

¿Qué te gusta más, la música o el diseño gráfico?

Me gusta más la música.

¿Por qué?

Porque con la música la gratificación es inmediata; me refiero al aplauso y al reconocimiento que el público hace de la manifestación artística. No sucede así con el diseño gráfico; aquí los resultados son a mediano plazo. La apreciación de la imagen impresa lleva otro proceso. Claro que dicha elaboración también tiene su creatividad y su estética, pero con la música la satisfacción que siento es instantánea, máxime si es una presentación en vivo, la pantalla de la computadora es más fría e impersonal.

¿Has evolucionado o te quedaste trabado con el rock clásico?

Yo siempre he tenido la idea que el rock clásico es el tipo de música en donde un buen guitarrista puede lucir su habilidad con solos que impresionen al público. Por otra parte, he seguido cultivando la guitarra acústica. Si bien es cierto que sigo tocando temas de hace 30 años, también he dado recitales como solista.

No todos los guitarristas, ya sean de rock o de jazz, se atreven a prescindir de músicos acompañantes y de dar un recital teniendo como único instrumento de apoyo una guitarra valenciana o —en todo caso— una guitarra electroacústica, y yo lo he hecho. De tal suerte que puedo afirmar, con mucha convicción, que no me he quedado estancado; en mí sí ha habido evolución.

¿Cambiarías el escenario roquero por la sala de concierto, como solista?

Sí, lo cambiaría, pero momentáneamente no creo poder hacerlo en forma definitiva, porque yo en esencia soy un roquero empedernido; el rock es parte de mi vida. Pero si se da el caso, puedo alternar ambos aspectos… ¿por qué no?

Dicen que sos el guitarrista de rock más “grueso” de Guatemala…

¿es cierto?

Qué más quisiera uno, que ser reconocido como el mejor en su disciplina, pero es el público en general el que debe de contestar a esta pregunta. Ellos son los que tienen la última palabra.


   

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