Semanario de Prensa Libre • No. 184 • 13 de enero de 2008

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Punto final

Tribunales nicas, espectáculos políticos

Por MARC LACEY

Alguien violó y estranguló a Doris Jiménez en su pequeña boutique de ropa hace 14 meses. Desde entonces, el sistema judicial de Nicaragua ha estado en juicio.

El caso se ha convertido tanto en una disputa internacional como en un espectáculo político. Y no ha probado quién mató a Jiménez, sino que la justicia nicaragüense es un concepto nebuloso, subjetivo al punto de la abstracción.

El presidente de Nicaragua intervino en el caso Jiménez, al igual que el Departamento de Estado estadounidense. La Suprema Corte de Nicaragua se ha entrampado en el tema. Y una jueza que emitió su fallo al respecto se cuida las espaldas por temor a que podrían matarla también.

En febrero pasado, una jueza encontró culpable a Eric Volz, un estadounidense que ahora tiene 28 años, de asesinar a Jiménez, de 25 años, una nicaragüense con quien había salido algunas veces. Volz, originario de Nashville, que vendía bienes raíces y dirigía una revista en Managua, la capital, insistió en que tenía una coartada sólida y que no tenía nada en contra de ella. Sin embargo, después de un juicio de tres días, la jueza Ivette Toruno dijo estar convencida de que él y otro hombre son culpables.

No obstante, nunca quedó claro si Volz realmente es el responsable. Presentó evidencia de que estaba en Managua el 21 de noviembre cuando alguien entró en la boutique de Jiménez, cerca de Rivas, a unas 55 millas al sur, y la estranguló.

Amistades y conocidos respaldaron su relato. Al igual que registros del teléfono celular que lo ubican en la capital alrededor de la hora en que se cree que Jiménez fue asesinada, así como datos de computadora que muestran que se estaba comunicando por medio de mensajes instantáneos en ese momento. Nada de eso persuadió a la jueza o a la comunidad.

Aun cuando ninguna evidencia física vincula a Volz con el asesinato, un testigo lo hizo, Nelson López, un surfista local. Se detuvo inicialmente a López en el caso, pero después se le concedió inmunidad a cambio de su declaración, en la que señala al estadounidense. Y la población local percibe con claridad a Volz como el asesino.

Cuando lo transferían del tribunal de Rivas durante el juicio, la Policía tuvo que contener a los habitantes furiosos que parecían listos para atacarlo.

Volz recibió una sentencia de 30 años, y empezó a cumplirla mientras su abogado apelaba la resolución. Desde su celda, Volz dijo a quien quisiera escucharlo que los tribunales tienen al hombre equivocado.

En Estados Unidos, su familia y amistades iniciaron una campaña para obtener su liberación vendiendo camisetas con la leyenda: Liberen a Eric Volz, y brazaletes, para integrar un fondo para la defensa jurídica y establecer un sitio en la Red (www.friendsofericvolz.com) para propagar lo que denominaron un fallo de culpabilidad injusto.

Después, el 17 de diciembre, un tribunal de Apelaciones en Granada, una ciudad al sureste de Managua, falló que Volz y sus partidarios estaban en lo correcto.
Dos miembros de un panel de tres jueces decidieron que probablemente no era el asesino y que las pasiones locales probablemente habían influido en la decisión de culpabilidad. Ordenaron su liberación.

El tercer juez, Norman Miranda, un miembro del gobernante partido sandinista, encontró deficiencias en el caso que ameritaban un juicio nuevo, pero no ordenó la liberación de Volz.

Los tres jueces estuvieron de acuerdo en que el coacusado nicaragüense en el caso, Julio Martín Chamorro, debería permanecer en la cárcel.

Entre tanto, los fiscales apelaron la orden de liberación y buscaron mantener a Volz tras las rejas. Sin embargo, de alguna forma lo liberaron y Volz abandonó el país, lo cual impactó a Julio Centeno, el procurador general. “Cómo salió, no lo sé”, dijo Centeno en una entrevista el 27 de diciembre, cuatro días después de que se fue Volz.

Llevado a toda prisa por las calles de Managua con demasiada seguridad, Volz entró en el aeropuerto por un acceso privado y se metió en un avión. Funcionarios gubernamentales sellaron su pasaporte y lo sacaron. “No estamos celebrando”, expresó Volz en entrevista telefónica. “Siguen con mi juicio”.

Rodríguez, el juez que falló en favor de Volz, dijo que sabía que su decisión sería polémica. Sin embargo, incluso él se sorprendió por el alboroto que siguió.

Nicaragüenses de todas las esferas condenaron el fallo increpando a Rodríguez y su colega Alejandro Estrada Sequeira. En los ojos de muchos nicaragüenses, se liberó un estadounidense rico debido a su influencia, y se dejó detrás a un nicaragüense pobre para sufrir.

   

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