Semanario de Prensa Libre • No. 184 • 13 de enero de 2008

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D fondo

Los traumas, una bomba de tiempo
Se debe evitar que un daño recibido durante la infancia se convierta en un grave perjuicio a futuro.

Por Julieta Sandoval
Ilustración: Ángel García

Un trauma es un choque emocional que puede producir un daño duradero en el inconsciente. Cuando niños, los seres humanos vivimos expuestos a recibir experiencias adversas tales como sobresaltos muy fuertes, violencia intrafamiliar, agresividad social y otros que podrían quedarse memorizados de tal manera que, en la adultez, pueden ser causa de conductas anormales tales como la paranoia. Además, pueden derivar de un trauma prácticas como el tabaquismo, el alcoholismo o la drogadicción.

Se cree que en el mundo de los niños cualquier cosa es pasajera, mas en su interior suceden cosas que pueden marcar su futuro. Carlos Ortiz, psicólogo de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, explica que “de los 0 a los 5 años, el individuo desarrolla su personalidad.

De los 7 a los 12 años se manifiestan los patrones de crianza que se han adquirido”. A partir de entonces, son más notorios los problemas emocionales. La ayuda profesional en estos infantes ayudaría para cambiar de actitudes y mejorar el futuro de la población.

Una ansiedad puede convertirse en fobia escolar, algo que es más severo. Por lo general se presenta entre los 9 y 11 años. El menor lo manifiesta cuando llora y tiene pensamientos angustiantes de que a sus padres les sucederá algo, como morir, y él no estará allí, por eso se resiste a ir a estudiar. Es algo que llega a incapacitar al infante, porque le causa taquicardia y, en algunos casos, vómitos. Para la psicóloga Suzzette del Valle, del Instituto de Psicología Aplicada (Ipsa), severos problemas se pueden originar en un niño debido a un mal aprendizaje de las personas que lo cuidan, quienes son miedosas o depresivas, y cuando ha sido muy protegido.

“Los temores y debilidades de los adultos son transmitidos a los niños”, comenta. La recomendación aquí es que el padre acompañe al hijo al centro escolar por ciertos períodos, hasta que se acostumbre a estar solo. Al niño debe inculcársele hábitos de autonomía desde temprana edad.

El ambiente escolar añade más rasgos a su personalidad y se revelan aspectos a su conducta. Aquí es cuando los maestros juegan un papel importante, “pues si éstos no tienen cuidado, pueden lastimar al niño y provocar problemas graves”, advierte la psicóloga Neicy Bailey. Lo mejor en un tratamiento para un niño es donde se involucren padres, maestros y psicólogo.

María del Rosario Ramírez, de la Procuraduría de Derechos Humanos, PDH, afirma: “Es fácil calificar al niño de tonto, en vez de preguntarle qué le sucede. La sociedad guatemalteca aún está acostumbrada a arreglar todo con golpes, el castigo debe cambiarse por el diálogo y la comprensión”. La institución que representa proporciona los servicios de psicólogos para las personas de bajos recursos económicos que requieran el servicio de un profesional. En la unidad de Atención a la Víctima de la PDH, se presenta todo tipo de casos, desde problemas de aprendizaje hasta los más críticos como violaciones y similares.

Tratar a tiempo

En la actualidad, es más frecuente la consulta a un psicólogo cuando se dan problemas con los infantes, pero algunos progenitores aún dejan pasar comportamientos que no son normales, como excesivos berrinches. Estos pueden ser trastornos específicos del comportamiento de la infancia, comenta Del Valle. “El problema podrá ser transitorio, si se trata a tiempo; de lo contrario, más tarde, se convertirá en un patrón de conducta que ocasionará problemas a la sociedad. No debe confundirse con una simple rabieta”, agrega.

Entre los problemas más frecuentes en la psicología infantil que necesitan ayuda profesional para ser corregidos está el trastorno de desafío y oposición. El comportamiento es hostil. Discuten de forma excesiva con los adultos, se niegan a cumplir órdenes y reglas, culpan a otros por cualquier cosa que les pasa.

El pequeño empieza con esa actitud en casa, en donde prueba hasta dónde puede llegar; si se le permite, después será una persona intratable. Debe encontrarse la razón por la cual actúa así, que puede ser genérica o de ambiente.

Otro trastorno de ansiedad infantil, frecuente, es el de separación. Común en los primeros meses del año, cuando el pequeño ingresa en la escuela, se aleja de sus vínculos de afecto. Lo normal es que llore por dos o tres meses, el tiempo que tarda un ser humano en acoplarse a una nueva situación. No es normal cuando la ansiedad continúa en casa, al no poder dormir solo o mostrar demasiado miedo a cosas irreales. Hay que hacerle saber que lo que cree sus temores son imaginarios y que sus padres estarán allí cuando salga del colegio, explica Del Valle.

Otros problemas

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad infantil caracterizado por la incapacidad del niño a hablar con personas con las que no se sienten seguros. Comprenden el lenguaje y platican con normalidad en ámbitos donde se sienten cómodos. Éste no es causado por un trastorno como el tartamudeo o algún mental. Debe ponerse atención cuando el pequeño se queda paralizado, no puede expresarse. No se le debe obligar o presionar para que converse, y se le debe hacer saber que entienden la situación y lo ayudarán.

Trastornos específicos en el aprendizaje. Niños con déficit de atención, les es difícil seguir instrucciones. Por lo general, son infantes desordenados, desatentos, que piensan en otras cosas.

Según Del Valle, un problema común en la infancia y que no se le da importancia es la rivalidad fraterna. Los celos en los pequeños casi siempre son potenciados por los adultos. Por lo general, los papás tienden a resaltar las cualidades del hijo que complace más. “Tuve un caso que el papá negociaba con un hijo sobre cuánto le cobraría por pintar la casa.

El hermano de éste llegó y preguntó. Al saber el asunto, se ofreció para pintar el sitio sin ninguna retribución monetaria, pues ese era su hogar. El progenitor lo puso como ejemplo ante el otro, a quien hizo sentir mal. Se fomentó el odio. Lo aconsejable es que el progenitor debió seguir el negocio, y si el otro lo quería hacer algo gratis era su asunto”.

Un problema que se observa en estos tiempos es el del aislamiento, se da por la falta de contacto humano, el cual ha sido sustituido por la tecnología. La poca interacción familiar es reemplazada por los juegos electrónicos o la televisión.

Bailey agrega que esto también ocasiona que el niño tenga dificultades ante ciertas situaciones, pues no es capaz de procesar toda la información que obtiene, en especial los temas sexuales. Es necesario el acompañamiento del adulto.

Muchas personas adultas suelen decir que los números no son sus mejores amigos, ya que desde pequeños tuvieron problemas en multiplicar, dividir y realizar otras operaciones.

Crecieron apartándose de todo aquello que tenía que ver con el tema, al punto de elegir carreras universitarias que no incluyeran esa materia y si lo hacían que fuera al mínimo. Esta dificultad pudo haber sido superada, si hubiera tenido ayuda de un profesional, si los padres no lo hubieran tomado como algo irrelevante.

Según Bailey, se tiene la creencia de que en las últimas décadas han aparecido una multitud de trastornos que afectan a los pequeños. “Sin embargo, éstos siempre han estado allí, la diferencia es que ahora se sabe de ellos y se les puede tratar”, afirma.
Según los profesionales, en el país es más frecuente la consulta al psicólogo.

Sin embargo, aún es baja con relación a otras partes. “Estamos atrasados en unos 15 años”, explica Carlos Ortiz. “Aquí, si el niño tiene una diarrea acuden a un médico, no así por un problema de conducta”.

En Guatemala, no existe una política de salud mental ni un plan actualizado, aunque se realizan acciones por parte del Programa Nacional de Salud Mental (PNSM) del Ministerio de Salud, revela el Informe sobre los Sistemas de Salud Mental en Nicaragua, El Salvador y Guatemala de la Organización Mundial para la Salud.

Hay que recordar que la infancia es un momento vital del ser humano.

Otros problemas

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad infantil caracterizado por la incapacidad del niño a hablar con personas con las que no se sienten seguros. Comprenden el lenguaje y platican con normalidad en ámbitos donde se sienten cómodos. Éste no es causado por un trastorno como el tartamudeo o algún mental. Debe ponerse atención cuando el pequeño se queda paralizado, no puede expresarse. No se le debe obligar o presionar para que converse, y se le debe hacer saber que entienden la situación y lo ayudarán.
Trastornos específicos en el aprendizaje. Niños con déficit de atención, les es difícil seguir instrucciones. Por lo general, son infantes desordenados, desatentos, que piensan en otras cosas.

Según Del Valle, un problema común en la infancia y que no se le da importancia es la rivalidad fraterna. Los celos en los pequeños casi siempre son potenciados por los adultos. Por lo general, los papás tienden a resaltar las cualidades del hijo que complace más. “Tuve un caso que el papá negociaba con un hijo sobre cuánto le cobraría por pintar la casa. El hermano de éste llegó y preguntó. Al saber el asunto, se ofreció para pintar el sitio sin ninguna retribución monetaria, pues ese era su hogar. El progenitor lo puso como ejemplo ante el otro, a quien hizo sentir mal. Se fomentó el odio. Lo aconsejable es que el progenitor debió seguir el negocio, y si el otro lo quería hacer algo gratis era su asunto”.

Un problema que se observa en estos tiempos es el del aislamiento, se da por la falta de contacto humano, el cual ha sido sustituido por la tecnología. La poca interacción familiar es reemplazada por los juegos electrónicos o la televisión. Bailey agrega que esto también ocasiona que el niño tenga dificultades ante ciertas situaciones, pues no es capaz de procesar toda la información que obtiene, en especial los temas sexuales. Es necesario el acompañamiento del adulto.

Muchas personas adultas suelen decir que los números no son sus mejores amigos, ya que desde pequeños tuvieron problemas en multiplicar, dividir y realizar otras operaciones. Crecieron apartándose de todo aquello que tenía que ver con el tema, al punto de elegir carreras universitarias que no incluyeran esa materia y si lo hacían que fuera al mínimo.

Esta dificultad pudo haber sido superada, si hubiera tenido ayuda de un profesional, si los padres no lo hubieran tomado como algo irrelevante.

Según Bailey, se tiene la creencia de que en las últimas décadas han aparecido una multitud de trastornos que afectan a los pequeños. “Sin embargo, éstos siempre han estado allí, la diferencia es que ahora se sabe de ellos y se les puede tratar”, afirma.
Según los profesionales, en el país es más frecuente la consulta al psicólogo. Sin embargo, aún es baja con relación a otras partes.

“Estamos atrasados en unos 15 años”, explica Carlos Ortiz. “Aquí, si el niño tiene una diarrea acuden a un médico, no así por un problema de conducta”.

En Guatemala, no existe una política de salud mental ni un plan actualizado, aunque se realizan acciones por parte del Programa Nacional de Salud Mental (PNSM) del Ministerio de Salud, revela el Informe sobre los Sistemas de Salud Mental en Nicaragua, El Salvador y Guatemala de la Organización Mundial para la Salud.

Hay que recordar que la infancia es un momento vital del ser humano.


   

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