alejandro VILLAVICENCIO
El Tiger chapín
“Nació para destacar; practica el golf desde
los seis años de edad.
Por Francisco Mauricio Martínez
El golf es, quizá, uno de los deportes más exclusivos y, a la vez, menos difundidos en el país. Sin embargo, sus practicantes han alcanzado triunfos que han trascendido las fronteras.

El objetivo ideal de cualquier golfista sería ganarle a Woods,
pero solo el hecho de participar en un torneo donde
esté él significa que uno ya está al más alto nivel.
Uno de estos deportistas es Alejandro Villavicencio (28), quien desde que tenía 6 años practica esta disciplina. Su tenacidad por destacar en este juego le ha permitido recorrer varios países y a la vez participar en torneos de élite mundial, como el European Challenge Tour, “que es como participar en la segunda división del golf a nivel mundial.
El nivel más alto sería el Tour Europeo o el PGA de EE. UU.”, dice el golfista profesional. Revista D conversó con Villavicencio en el club San Isidro.
¿Qué tan lejos está de codearse con las estrellas del golf mundial?
En estos momentos estoy a un paso abajo de eso, pero en el golf es difícil llegar a este último nivel, tanto en los torneos de EE. UU. como en los de Europa, pues cada año hay 125 jugadores que tienen tarjeta para jugar todos los torneos.
En otros deportes, como el futbol americano o en la MLS participan miles; en cambio en el golf, es complicado porque cada vez hay más jugadores y solo son 125 plazas y, a la vez, pocos se retiran, entonces cada vez es más competitivo y difícil de entrar.
¿Ha estado cerca de Eldrick Tiger Woods?
A nivel profesional no he estado cerca, pero como aficionado jugamos el mismo torneo juvenil en San Diego. El objetivo ideal de cualquier golfista sería ganarle a Woods, pero solo el hecho de participar en un torneo donde esté él significa que uno ya está al más alto nivel.
¿Qué cualidades encuentra en Woods?
El poder mental que tiene es impresionante. A la gente que no juega golf le es difícil comprender lo que él ha logrado, porque ha mantenido su nivel. Casi nunca tiene una mala semana y si tiene una se ubica entre los primeros 15, lo cual para cualquiera es una muy buena semana. La confianza que se tiene es impresionante, nunca duda de lo que puede hacer.
¿Qué tanto tiempo pasa afuera por este deporte?
Este año estuve, aproximadamente, 35 semanas afuera. Me tocó estar cuatro meses en Barcelona, debido a que tenía una categoría mala en el Challen Tour, por lo cual no ingresaba directo a los torneos, sino que me avisaban el lunes o martes si entraba o no y me tocaba jugar jueves, lo cual me obligaba a permanecer allá, porque si me venía a Guatemala ya no regresaba a tiempo y me hubiera salido carísimo.
¿Cuántos torneos ha jugado?
El año pasado entre 25 y 30 en Latinoamérica y 12, en Europa como por ejemplo en España y Rusia.
¿Este deporte le ha permitido ganar dinero?
El año pasado salí perdiendo dinero, porque me salió muy cara la estadía en Europa y en los torneos que jugué no me fue muy bien. El año antepasado, en cambio, gané, porque conté con el patrocinio de Claro y del Club Campestre San Isidro, y logré costear los primeros siete torneos del ciclo, después con lo que fui ganando en los torneos. A veces, mi papá me echa la mano, pero siempre es difícil.
Mucha gente cree que estos torneos alguien me los paga o la federación, lo cual no es cierto, porque hay que cancelar todo, desde boletos, hasta hotel y caddie.
Dependiendo el tipo de torneo, pero en promedio cada uno sale entre US$1 mil 500 y US$2 mil, para recuperar esa inversión hay que quedar entre los primeros 10 ó 20, dependiendo de la bolsa de esa semana, y en cada torneo participan aproximadamente 150 jugadores. Si uno entra en una racha mala hay presión, y algunos jugadores principian a endeudarse.
En estos eventos, ¿cuánto puede ganar un jugador?
Este año jugué el abierto de Rusia del Tour Europeo y ahí el primer lugar se llevaba 200 mil euros (el de mayor nivel) y el que triunfa en el Challen Tour gana entre 25 y 30 mil euros. El cheque más grande que he ganado fue como de US$6 mil.
¿En qué momento le nació el interés por este deporte?
Empecé desde los 6 años junto a mi papá, hermano, tío y primo en el Guatemala Country Club en donde jugábamos los sábados. A los 9 años empecé a jugar en serio en torneos más competitivos, a nivel internacional hasta los 15; entre los 15 y 19 dejé de jugar porque empecé a competir en carreras de motos de agua, las cuales dejaron de organizar, por lo que regresé al golf. Cuando estaba en la universidad (Francisco Marroquín) decidí que me iba a hacer profesional, pero antes terminé mi carrera en Administración de Empresas.
¿Qué cosas ha dejado de hacer por este deporte?
Durante el tiempo que uno pasa fuera del país se desconecta de los amigos y se pierde bodas, cumpleaños y fiestas.
La gente cree que uno hace turismo, lo cual no es cierto, porque solamente conocemos el aeropuerto, el hotel, el club o algún restaurante que quede a una cuadra del hotel, porque no queda chance, ya que tenemos que jugar, entrenar o viajar al día siguiente.
Al final, esta vida es muy cansada, porque todo el tiempo se está ocupado, pero lo más difícil es separarse de la familia y la gente que uno quiere.
¿Qué tan caro es practicar golf?
En Guatemala se le cataloga como un deporte caro, debido a que solo hay clubes privados para practicarlo, por eso la gente que quiere jugarlo se tiene que hacer miembro de uno de estos lugares. En mi caso, lo que sale caro son tantos viajes, debido a que hay que pagar pasajes y hotel.
A un torneo de clasificación que no pude ir, por ejemplo, y que se realizó en EE. UU. había que pagar US$5 mil para poder jugar y en Europa, se debe cancelar como US$2 mil 500, y si uno no cuenta con el patrocinio adecuado es muy difícil tomar el riesgo de asistir, ya que son pocos los jugadores que económicamente salen ganando.
¿Qué es lo que más le ha llenado de sus participaciones?
Haber ido a la etapa final de la escuela de clasificación de Europa. Logré pasar las dos primeras etapas, que no es nada fácil, y ya estando allí pude ver que sí contaba con las condiciones para participar al más alto nivel del golf mundial. Eso fue entre octubre y noviembre del 2006.
Para su vida personal, ¿qué le ha dejado viajar por el mundo?
Las amistades que he hecho con colombianos, españoles, argentinos mexicanos y de otros países. Siempre es emocionante compartir con personas de otras culturas. A veces, a uno se le van pegando cosas de ellos y, a la vez, se logra aportar algo a la cultura de ellos. Estas personas se van volviendo como la familia de uno, porque los encuentra en distintos lugares.
A su criterio, ¿cuáles son las mayores diferencias entre los latinos y los europeos?
El europeo es mucho más frío y distante, no bromea tanto y a la hora de jugar golf es más mecánico y mucho más analítico. El jugador latino es de más sentimientos y sensaciones.
¿Qué es lo que más extraña de Guatemala?
La comida y el clima. Cuando estuve en Europa, de los 11 torneos que jugué, posiblemente, llovió en ocho y hacía un frío horrible, y jugábamos con lluvia y viento. Estando en el extranjero uno se da cuenta del excelente clima de acá; no he encontrado un clima parecido al que tenemos aquí todo el año. A mí me mata no comer frijoles en el desayuno.
¿Es religioso?
De pequeño era católico, pero poco a poco me fui alejando de la religión, llevo como cinco años de no asistir a la iglesia. |