Feminicidio
en Guatemala
La lucha de Norma Cruz contra la impunidad de los criminales que en dos años han matado a mil 200 empieza a dar frutos: 30 asesinos han sido condenados a largas penas de cárcel.
PorJOAQUIM IBARZ
N orma Cruz, una mujer menuda de 45 años, no solo reta al Estado guatemalteco a no encubrir a los delincuentes. Ante todo, desafía a los criminales que en los dos últimos años han matado a más de mil 200 mujeres, 591 en el 2007.
Los últimos cinco asesinatos ocurrieron el 29 y el 30 de diciembre pasados, entre los que destacan una mujer embarazada de 5 meses y una adolescente de 17 años. La campaña de Cruz contra la impunidad ya da frutos: el año pasado logró que 30 asesinos fueran condenados a largas penas.
Cruz lleva protección armada, indispensable, porque desde hace tiempo sabe que está en la mira de las mafias civiles y uniformadas, que varias veces han intentado matarla. Dice que a veces le cuesta superar el temor. Según informó el periódico La Vanguardia, el 80 por ciento de los casos de mujeres asesinadas —637 en el 2006; 591 en el 2007, de las cuales 45 eran niñas— están vinculados al crimen organizado, llámese narcotráfico, maras (pandillas juveniles), redes de trata de niños o de prostitución infantil.
A los 12 años, Cruz entró en el Ejército Guerrillero de los Pobres. En su adolescencia coincidió con Rigoberta Menchú “en algunas tareas de la revolución”. La violación de su hija por su novio de entonces —un ex jefe insurgente— determinó que dejara la lucha armada para combatir “una impunidad que favorece a asesinos y abusadores de mujeres”. Hace siete años creó Sobrevivientes, fundación que apoya a víctimas y familiares de mujeres asesinadas y violadas.
“Ante el horror de tantos asesinatos y violaciones de mujeres, decidimos crear el grupo de apoyo Sobrevivientes. Elegimos el nombre porque sobrevivimos al asesinato y a la impunidad. Atendemos a cientos de mujeres que buscan justicia y protección, les enseñamos a vencer el miedo a denunciar. La condena de asesinos es un primer paso. Sin Sobrevivientes, ningún criminal hubiera ido a la cárcel”.
Cruz dice que es posible acabar con la impunidad y meter en la cárcel a los asesinos y violadores. Les advierte que estén dónde estén los van a “agarrar y a llevar ante los tribunales”.
Sobrevivientes tiene un albergue de máxima seguridad cuya ubicación pocos conocen, para proteger la vida de las refugiadas. La casa cuenta con un dispositivo de vigilancia que incluye guardias armados, cámaras y alambre electrificado. En el interior, las paredes están pintadas de vivos colores, en especial la sala de juegos infantiles.
En Guatemala, cada día dos mujeres sufren una muerte violenta, a veces horripilante. Grupos de derechos humanos hablan de feminicidio para describir el asesinato, violación y mutilación de mujeres.
Hay muchas explicaciones sobre esta violencia contra las mujeres en Guatemala, pero no hay respuesta a quién mata a las mujeres y niñas. Según los archivos de Cruz, el 10 por ciento muere a manos de su esposo o compañero, otro tanto por rencillas familiares y vecinales, y el restante 80 por ciento se atribuye al crimen organizado: narcotraficantes y pandillas.
“En otros países, las maras —señala Cruz— protegen a las mujeres. Aquí son un trofeo. Violar y matar a una chica es parte del proceso de iniciación. Un joven que quiera entrar en una banda tiene que matar a una mujer. Es como un trofeo, cuanto más cruel es la muerte, mayor respeto gana en la pandilla. Los narcos asesinan por venganza, para marcar territorio o saldar cuentas pendientes”.
Cuando se habla de homicidios de mujeres, las miradas se vuelven a Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE. UU. Las 410 muertes registradas allí en el último decenio han motivado miles de artículos, libros, canciones y películas.
Cruz lamenta que las dos mil 909 féminas muertas violentamente en los últimos seis años en Guatemala apenas merecen atención.
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