Semanario de Prensa Libre • No. 185 • 20 de enero de 2008

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D fondo

Guardián de la memoria escrita
Documentos de distintas épocas son testigos de la historia de Guatemala, preservada en el Archivo General de Centro América.

Por Ingrid Roldán Martínez
Fotos: Eddy Recinos
Fotoarte: Víctor Mansilla

A principios de la década de 1990 llegó al Archivo General de Centro América un señor de 80 años. El octogenario buscaba un documento de los años 1930, cuando trabajó en una dependencia gubernamental del gobierno de Jorge Ubico. Necesitaba un comprobante del inicio de su vida laboral para solicitar una pensión. Afortunadamente para su nombre figuraba en un documento y obtuvo la constancia que deseaba.

Contrario a lo que algunas personas creen, los archivos no son letra muerta, sino que están vinculados con el paso de generaciones de ciudadanos por estas tierras. Una partida de nacimiento, una certificación de estudios o una constancia de trabajo pueden ayudar a desenmarañar la madeja de la historia familiar de un personaje o de una comunidad. Es por esto que los archivos municipales son tan importantes.

Cuando uno de ellos se pierde, se deteriora o destruye, se muere parte de la historia. Un caso reciente fue el incendio ocurrido el pasado 14 de enero en Flores Costa Cuca, Quetzaltenango, donde las llamas consumieron el edificio municipal y toda la papelería, incluidas las partidas de nacimiento.

El fondo documental del Archivo General de Centro América es el más importante de la región. En él se conservan documentos que datan de la época colonial, cuando las repúblicas centroamericanas formaban parte de la Capitanía General de Guatemala, el periodo de la independencia, el republicano y el siglo XX. No por gusto los miles de expedientes se custodian con cuidado en los nueve pisos del edificio. En ellos, las interminables estanterías se suceden con legajos ordenados en cajas especiales o envueltos en papel y cartón para resguardarlos del polvo y la luz.

Kilómetros de documentación

Aunque el inmueble es grande, el espacio resulta insuficiente para el elevado número de papeles. Según la página en Internet del Ministerio de Cultura y Deportes, son 22 kilómetros lineales de documentos.

Muchos fueron clasificados por José Joaquín Pardo Gallardo (1905-1964) durante sus casi 30 años de director en mero en los de la época colonial. El resultado de su trabajo se guarda en 23 archivos, de 45 gavetas cada uno.

El edificio fue construido en 1956, en la misma época que se construyó el de la Biblioteca Nacional. Fue diseñado para resguardar este patrimonio.

Después de la muerte de Pardo, los sucesivos directores continuaron con la labor de clasificación. Hasta mediados de la década de 1990, estos funcionarios residían dentro del edificio, en un apartamento construido para ese propósito, pero dejó de hacerse a raíz de un escándalo en el que se vieron involucrados el director, Julio Roberto Gil Aguilar, y su esposa, María Elisa Rohrmoser. Ella fue capturada, en junio de 1995, en Estados Unidos, cuando intentaba vender manuscritos antiguos que había sustraído del Archivo.

La noticia publicada en The New York Times

http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html) compara la importancia del Archivo General de Centro América con el Archivo Nacional de Washington. Después de un proceso legal, los documentos fueron repatriados, según comenta Anna Carla Ericastilla, actual directora.

Los años han pasado y buena parte de la documentación ha sido clasificada, pero aún quedan miles de papeles que no han pasado por este proceso.

En los primeros pisos se conservan protocolos de la época colonial y expedientes de las provincias que formaban la Capitanía General de Guatemala.

En el cuarto piso permanece papelería de entre 1952 y 1959, del Ministerio de Trabajo, que fue creado durante el gobierno de Juan José Arévalo. El quinto piso alberga correspondencia de la jefatura política de Sacatepéquez, de 1822 a 1946. En diferentes partes del edificio se conserva lo relacionado con otros departamentos. En éste también permanecen expedientes del Departamento de Asuntos Alemanes, de 1939, y las expropiaciones a ciudadanos de ese país.

En el piso siete se guardan los documentos de tribunales de justicia hasta 1968. En el piso ocho, algunos del Decreto 900, que pertenecían al Departamento Agrario Nacional y que tratan sobre la reforma agraria, los cuales fueron resguardados por el Instituto Nacional de Transformación Agraria (Inta) hasta que la institución desapareció.

En unos anaqueles cercanos permanecen documentos del Comité de Reconstrucción Nacional, creado en 1976. El noveno piso contiene papelería de instituciones de gobierno de ese año. En el espacio accesible al público se pueden visitar la hemeroteca y la biblioteca de la institución, así como el área de certificaciones, con partidas de nacimiento de 1914 a 1976.

La sala de lectura tiene 24 escritorios equipados con lámparas especiales y lentes de aumento para estudiar los documentos.

Muchos papeles, pocas manos

A pesar de la importancia de esta institución para la memoria histórica del país, cuenta con poco presupuesto, escaso personal y equipo limitado. Allí laboran 21 personas, algunas en las áreas de atención al público, a donde recurren investigadores y estudiantes. De ellos, sólo dos se dedican a la clasificación de documentos.

El presupuesto del año 2007, según Ericastilla, fue de Q500 mil, sin contar lo que se invierte en salarios. Recibieron una donación de máquinas de microfilme, pero no disponen de los químicos y la película para hacer el trabajo.

Respecto de la labor de la institución, afirma que no se trata de pensar en los documentos antiguos con una visión romántica, sino de situarlos en su valor histórico. “Si no conservamos los documentos administrativos de hoy, no se va a conservar la historia para el mañana”, expresa.

Habla de la necesidad de crear el Sistema Nacional de Archivos, la unificación de criterios en cuanto a archivística nacional y la capacitación que se debe brindar a las personas encargadas de una labor tan específica como ésta.

 

Historia del Archivo
Cientos de años guardados en papeles

Todavía estaba reciente la Independencia de Centroamérica cuando se fundó el Archivo General del Gobierno, el 20 de octubre de 1846. En mayo de 1884, el Diario de Centro América publicó una nota acerca del traslado de los documentos de la Sociedad de Artesanos a la Casa de Moneda.

En 1920, el archivo colonial pasó a ser dependencia de la Escribanía de Gobierno.
Durante esos años, varias personas ocuparon el puesto de director, pero en 1935 asumió José Joaquín Pardo Gallardo (1905-1964), quien fue determinante en la conservación y catalogación del extenso fondo del Archivo General del Gobierno. En esa misma época, por orden del presidente Jorge Ubico, fueron trasladados a la capital los archivos de los departamentos.

Desde el momento en que tomó posesión, Pardo comenzó a editar el Boletín del Archivo General del Gobierno, en el que divulgó el hallazgo de documentos históricos allí depositados. Dejó de publicarlo en 1946. Otro de sus aportes fue haber fichado gran parte de los documentos, según el sistema diseñado por él. En 1948 editó los datos en forma de libro.

Durante su gestión administrativa se construyó el edificio que aún hoy resguarda tan importantes documentos. Antes de esta edificación, permanecían en condiciones inadecuadas en un espacio de la Casa de Moneda, comenta el historiador Julio Galicia.
En 1968, la institución recibió el nombre de Archivo General de Centro América, debido a una iniciativa surgida en una reunión de archiveros de la región.

Esta dependencia formaba parte del Ministerio de Educación hasta que en 1985 se convirtió en una dependencia del Ministerio de Cultura y Deportes.


   

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