Semanario de Prensa Libre • No. 185 • 20 de enero de 2008

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D viaje

Siria, la fascinación de Oriente Medio

Es llamado también el país de las ruinas, está lleno de ellas, grandes murallas, castillos y templos.

Por José Roldán Cobano

Es tan grande la riqueza histórica de Siria que se impone una selección de los lugares a visitar, ya que difícilmente se dispondrá de tiempo suficiente para conocer la totalidad de un patrimonio que abruma.

La Unesco sale en ayuda, gracias a la declaración de Patrimonio de la Humanidad de cuatro enclaves del país (en el 2006 se amplió la lista, y se incluyó en ella la villa de Crac de los Caballeros y la fortaleza de Saladino, quizás las mejores muestras del mundo de la arquitectura militar de la época de las Cruzadas).

La ciudad más antigua del mundo

Damasco se precia de ser la ciudad habitada de forma continua más antigua del mundo, y de su esplendoroso pasado dan fe los nombres legendarios de Alejandro Magno, el rey David, Nabucodonosor, Adriano o Saladino, asociados indisolublemente a sus diferentes avatares históricos.

Pero Damasco no es solo una ciudad del pasado, ya que su exuberancia y vitalidad han aprendido a convivir de forma modélica con los nuevos estilos de vida que imponen en todos los rincones del planeta, lo que lleva a Thubron a afirmar que Damasco conserva un carácter original (…) mucho más genuino que cualquier otra ciudad del Oriente Medio.

Si de sus innumerables atractivos hubiera que señalar tres, la elección recaería en la Mezquita de los Omeya, el Museo Nacional y las callejuelas de la Ciudad Vieja.

Si el museo de la ciudad permite comprender que las semillas de la civilización germinaron en estas tierras, la fastuosa Mezquita de los Omeya es el escenario ideal para apreciar la espiritualidad árabe, mientras que un paseo por las calles o los zocos de la Ciudad Vieja muestra la perfecta convivencia de todas las etnias y religiones que pueblan esta maravillosa metrópoli.

Alepo es la segunda metrópoli de Siria, y uno de sus elementos más destacados es la Ciudadela, una impresionante fortaleza inexpugnable que preside la urbe, en la que se refugiaba la población durante los frecuentes asedios que sufrió a lo largo de su historia.

El gran atractivo de Alepo, no obstante, es el zoco, el mayor de Oriente, que después de tantos siglos de existencia se mantiene vivo y vibrante. Se trata de un conjunto laberíntico de 12 km de callejas coronadas por bóvedas y cúpulas, e iluminado por pequeñas claraboyas que aportan una luz que invita a la ensoñación.

Un universo exuberante de sensaciones desborda al visitante que, ebrio de olores, aromas e imágenes, deambula por sus rincones deseando quedarse allí para siempre, convencido de que nunca se cansará de las miradas furtivas que nacen al otro lado de los velos.

Bosra y Palmira

Enclavada al sur de Damasco, en la región volcánica de Hauran, Bosra posee el teatro romano mejor conservado del mundo.

Construido en el siglo II, tenía capacidad para 15 mil espectadores y, durante las representaciones las gradas se cubrían con paños de seda para proteger a los espectadores del sol, mientras unos aspersores atomizaban agua perfumada para refrescarlos.

Al norte del teatro, y ocupando una extensión de un km cuadrado, se extiende la antigua ciudad romana, toda ella construida con basalto, en la que puede apreciarse una gran calzada, el mercado, los baños públicos, una mezquita y una catedral construida en el año 512, y que Justiniano tomó como modelo para construir la de Santa Sofía de Constantinopla.

La ciudad está solo parcialmente excavada, por lo que, en opinión de los arqueólogos, es previsible desenterrar muchos otros elementos que formaban parte de la importante ciudad romana.

Todos los años impares se celebra el Festival de Bosra, con un programa de conciertos y representaciones, gracias al cual el impresionante teatro recobra la función para la que fue concebido.

Otra maravilla para visitar en Siria es Palmira, uno de los enclaves arqueológicos más impresionantes del mundo.

Situado en el oasis de Palmira, la ciudad romana alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado de la mítica reina Zenobia, que llegó a desafiar al todopoderoso Imperio Romano.

El enorme poder de evocación que tiene Palmira hace que resulte muy fácil imaginar cómo sería en su época de mayor importancia, ya que nos parece estar percibiendo la agitación de la población que acude al gigantesco templo de Bel los días de sacrificio, o el ajetreo de las caravanas atravesando su calzada porticada, camino del ágora.
Cuando la tarde comienza a caer y el Valle de las Tumbas se puebla de inquietantes sombras alargadas, un manto de silencio se posa sobre las ruinas, y un halo de misterio se adueña de Palmira.

Un milagro que se repite todos los atardeceres en la legendaria ciudad del desierto.

Mezquitas fastuosas y espectaculares teatros romanos, zocos maravillosos y ruinas inigualables, todo ello nos ofrece Siria, y mucho más, pero, por encima de todo está la vitalidad de sus gentes, quienes elevan a su máxima expresión la tradicional hospitalidad árabe.

Modelo de sabiduría, tolerancia y vitalidad, tener la fortuna de conocer a las gentes de estas tierras resulta una experiencia difícil de olvidar.


   

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