Las disqueras ante el futuro
Nuevos medios electrónicos y difusión de la música por Internet han hecho cambiar el viejo concepto de estas empresas.
Por Íngrid Roldán Martínez
La manera de grabar y difundir la música ha variado de forma notable en los años recientes. Hoy, la producción y la difusión de estos materiales se rige por nuevas reglas no necesariamente impuestas por los grandes sellos discográficos. La piratería y la Internet han influido en cómo se difunden los materiales musicales. Además, se ha extendido la idea de que producciones de calidad también pueden surgir de pequeños estudios que constituyen medios alternativos, pues los recursos tecnológicos están más a la mano. Una diferencia entre tales estudios y las grandes empresas lo constituye la distribución.

En un tiempo las disqueras guatemaltecas tuvieron mucho auge, pero en la actualidad su situación es incierta.
El compositor Óscar Conde, quien trabajó en Discos de Centroamérica (Dideca) a finales de los años ochenta y principios de los noventa, recuerda que en ese período esta empresa grabó la producción de conocidas marimbas como Melgar, Chapinlandia y marimbas orquesta; grupos de merengue como Rana, FM de Zacapa y la Gran Familia, y rock en español, con Alux Nahual. Esto debía ir acompañado de la difusión por distintos medios, en su mayoría por la radio. Los popur
ís y recopilaciones “bailables” de fin de año tenían muy buena aceptación.
Pero de un tiempo para acá, la situación ha cambiado. El ritmo de actividad de Dideca decayó. La empresa hizo su última grabación en el 2003. Los directivos no quieren hablar de su situación actual ni de su historia, aun cuando su archivo musical se remonta a la década de los años sesenta.

Del LP al CD
Las compañías discográficas, sellos o disqueras incluyen dentro de su actividad la grabación, comercialización y distribución de discos.
En Guatemala, a mediados del siglo pasado, eran reconocidas las firmas como Avelar y Tikal, que difundieron música popular con grupos como la marimba orquesta Gallito. Sus grabaciones eran en discos de acetato.
En las décadas posteriores surgieron nuevas empresas, como Fonica (Fono Industrias de Centroamérica), Dila (Discos Latinoamericanos) y Vypro. También se establecieron en el país representantes de Industria de Discos de Centroamérica (Indica, de Costa Rica) y Discos Centroamericanos S.A. (Dicesa, de El Salvador). Trabajaron distintos géneros musicales, incluyeron nuevos artistas y promociones en radio. Algunas también produjeron videoclips y se sumaron a la dinámica del disco compacto.
Pero las corrientes que llegaron de grandes mercados, como el mexicano y el estadounidense, privaron sobre las demandas locales. Indica pasó a formar parte de la transnacional Sony.
Paulo Alvarado, compositor y productor musical, comenta que este tipo de compañías fueron concesionarias de otras más grandes en el mercado internacional, su producción local se redujo a grabaciones de grupos de marimba y algunos artistas en otros géneros como el rock en español. Conde coincide con él. Comenta que, a pesar de que se grabó el trabajo de varios grupos, el apoyo a los artistas guatemaltecos fue limitado y las radios difundían poco su trabajo. Además, al cambiar de formato del LP al CD, las grandes corporaciones fijaron muy alto el precio de cada ejemplar. La piratería encontró un campo fértil al reproducir el material a un precio muy bajo y sin afrontar los costos de producción, difusión, pago de derechos de autor, etcétera. Si bien la piratería comenzó con el casete, el efecto de éste no fue tan drástico, porque la calidad de los materiales era inferior a la del LP. Con el CD ocurrió lo contrario.
A esto se sumó la posibilidad de descargar la música directamente de Internet, y las innovaciones alcanzadas con el iPod, el pequeño aparato electrónico que cabe en la palma de la mano y en el cual se pueden almacenar miles de canciones.
Jorge Estrada, quien fundó el estudio de grabación Audio Track, en 1988, opina que lo que está ocurriendo en Guatemala es un fenómeno que sucede en la industria del disco a nivel internacional. Recuerda que reconocidos grupos vendían en el mercado nacional 50 mil ó 60 mil copias a finales de la década del ochenta, y hoy probablemente venden dos mil. “Muchas disqueras han tenido que cambiar de estrategia”, comenta, “algunas apelan al mercado nostálgico, y venden esta música a los centroamericanos en Estados Unidos”. Otro sector muy activo es el de la música religiosa.
En Guatemala tales cambios han afectado a las disqueras porque es muy reducido el mercado del arte, agrega Estrada. Menciona también el caso de Estados Unidos, donde muchos artistas establecen sus estudios de grabación en casa y buscan estudios más grandes sólo para darle los “toques finales” a la obra. Además, los programas se pueden bajar de Internet, y la música se edita en la computadora.
Alvarado expresa que el disco va de salida; las compañías han ido desapareciendo para dar paso a otro tipo de estudios. El CD quedará como un objeto apreciado por un selecto grupo.
En opinión de Conde, el concepto que antes se tenía de las disqueras es caduco; el “cazatalentos” pasó a la historia. Sin embargo, “el futuro de la música depende de la creatividad, y no sólo de la tecnología; viene la etapa donde va a sobrevivir solo el verdadero arte”, afirma. Si bien el mercado se está saturando, es la calidad artística la que hará que algo perdure o no. “Me parece que el cambio es bueno, porque democratiza las producciones”, concluye. |