Semanario de Prensa Libre • No. 187 • 3 de febrero de 2008

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Punto final

Autobuses asesinos en India

El embotellamiento es solo parte de un problema aún mayor en este país. La ingobernabilidad es el pan de cada día.

Por RAYMOND THIBODEAUX

Crecimiento poblacional desenfrenado. Expansión suburbana. Embotellamientos de tránsito. Y un aumento alarmante en la cantidad de accidentes viales y muertes.

¿Suena conocido?

Si usted cree que las calles donde vive son peligrosas, considere la congestionada Nueva Delhi, donde murieron cerca de mil 800 personas el año pasado en accidentes de tránsito. En el 2007, tan solo los autobuses urbanos atropellaron más de 300 personas y mataron al menos 116 e hirieron más de 200.

India tiene la segunda cantidad más elevada de decesos de tránsito del mundo, una estadística sombría que algunos expertos en seguridad dicen podría empeorar conforme son más y más indios los que se ponen detrás del volante en este país de rápido crecimiento con 1.1 mil millones de habitantes.

Alrededor de 90 mil personas mueren en las vialidades de India cada año, en su mayoría transeúntes. En comparación, Estados Unidos registra alrededor de 43 mil muertes al año. India tiene casi 17 decesos de tránsito al año por cada 10 mil vehículos, en comparación con el promedio mundial de 10, según el Instituto Central del Transporte Vial.

El caos en el tránsito de Nueva Delhi y otras grandes ciudades de India sólo es otro síntoma de un problema mayor: parece ser que el crecimiento urbano del país está sobrepasando la capacidad del Gobierno para controlarlo.

Junto con los embotellamientos, la mayoría de los habitantes de las grandes ciudades se ve obligada a soportar escasez de agua, apagones frecuentes, barriadas que surgen constantemente y aumento de la delincuencia.

“Medio millón de personas se muda cada año a Delhi, y eso sí que afecta nuestros recursos y crea un desafío grave. Sería lo mismo en cualquier ciudad”, explicó Sheila Dikshit, jefa de Gobierno en Nueva Delhi.

Un domingo en la tarde del año pasado, un extraño llamó al teléfono celular de Bharati Sharma para decirle que su esposo y sus dos hijos habían tenido un accidente de tránsito y que debía ir al hospital.

“Dijo que no era nada grave, pero que debería ir enseguida”, relata Sharma, de 36 años, reprimiendo las lágrimas.

En el hospital, su suegro le dio la mala noticia: su esposo y dos de sus hijos iban en una motoneta para llevar a su perrito a una clínica veterinaria cuando los golpeó un autobús urbano. El esposo y el hijo mayor salieron ilesos, salvo por heridas leves, pero Monty de 11 años, el segundo de los tres hijos, quedó aplastado y murió.

La muerte de Monty, en julio pasado, pareció ser la gota que derramó el vaso y encendió la indignación pública en toda la capital de India, dirigida al fracaso del Gobierno para controlar los conductores, notoriamente imprudentes, de los autobuses de la Línea Azul, un servicio urbano privado.

Nueva Delhi cuenta con cerca de 4 mil 200 autobuses privados y unos tres mil estatales. En contraste, los controlados por el Estado son más nuevos y seguros, según la percepción generalizada. El problema es que no son suficientes.

Apodados “Autobuses asesinos” por los medios informativos locales, los privados juegan carreras por toda la ciudad y compiten unos contra otros por los pasajeros y los pasajes. Es frecuente que los choferes apenas se detengan para recoger y bajar pasajeros. Cuando están llenos, las personas se cuelgan desesperadamente a los pasamanos de los escalones y rejillas de las ventanas mientras los autobuses se vuelven a meter en el tránsito.

Los intentos de los funcionarios municipales para tomar medidas enérgicas al respecto se han topado con resistencia de varias direcciones, incluida la de muchos de los seis millones de personas que dependen de una de las formas de transporte más baratas de la ciudad: cerca de US$0.25 por una corrida en un país donde la mayoría gana unos US$2 diarios.

En cierta forma, las vialidades de India están entre los puntos de reunión más claramente visibles de la democracia. Autos lujosos último modelo y vehículos deportivos carísimos comparten los caminos con carros tirados por hombres, carretas tiradas por camellos, mujeres descalzas que llevan leña o agua en la cabeza, y, claro está, el ganado vacuno que se considera santo entre la mayoría de los hindúes.

A principios de enero, con una operación encubierta, ciudadanos activistas capturaron en video grabado secretamente a 89 policías de Tránsito que pedían y recibían sobornos de choferes de los autobuses Línea Azul, a los que habían detenido por diversas infracciones de tránsito, incluido el exceso de velocidad.

Las cintas, de ser auténticas, proporcionan confirmación visual de lo que la mayoría de las personas en Nueva Delhi ya sospecha: policías de tránsito corruptos aceptan sobornos para pasar por alto la imprudencia temeraria de los conductores.

Cox News Service

   

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