Semanario de Prensa Libre • No. 187 • 3 de febrero de 2008

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D frente

vida AMOR DE PAZ
Un viaje al Polo Norte
Vida Amor de Paz es conocida por su carrera como presentadora de televisión; hoy se mueve en el mundo de la ecología.

Por Íngrid Roldán Martínez

Comenzó su carrera en la televisión en 1979, como productora independiente.

Buena parte del trabajo de Vida Amor Nicol de Paz se centró en programas para niños y fue presentadora de otros como Cadena de las Américas, transmitido internacionalmente con motivo del quinto centenario del descubrimiento de América.

Desde hace algunos años, sus esfuerzos se han encaminado más al tema de la ecología.

En septiembre del año recién pasado, viajó al Polo Norte, donde se encontraba un barco con científicos que estudiaban los efectos del calentamiento global.

Solo se podía llega allí por avión, pero las condiciones para sobrevolar el área y aterrizar eran adversas, porque la capa de hielo permanecía muy delgada y no era suficiente para soportar el peso de un avión.

En esta entrevista, cuenta su experiencia de pasar del clima tropical guatemalteco al intenso frío del Polo Norte, donde permaneció una semana.

¿Cómo se dio la posibilidad de hacer este viaje?

A finales del 2006, vino a Guatemala el científico australiano John Kermond, quien era director de comunicaciones de la Oficina Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, en inglés), invitado por la Fundación del Bosque Tropical.

Su visita era para dictar conferencias sobre el calentamiento global, junto a otro científico, Ronald Woodman, peruano, director del Instituto Geofísico de Perú.

Los acompañé por Centroamérica al estreno de la película El gran calentamiento. Kermond, al ver mi interés en el tema, me invitó a participar en una expedición científica para observar cómo hacían, por primera vez en la historia, la medición de la estructura completa del Ártico, a través de un rompehielos atómico de origen ruso, con cien científicos a bordo.

Todo estaba listo para zarpar al centro del Polo Norte, cuando la política influyó en que el rompehielos no estuviera disponible en las fechas previstas; cancelaron la expedición a última hora. Entonces, el NOAA contrató una embarcación más pequeña solo para 30 científicos.

Kermond me recomendó que hiciera contacto con la embarcación Tara, que ya estaba a la deriva transpolar.

Era difícil lograr que el director y los tripulantes de la embarcación francesa aceptaran a alguien más a bordo. Después de explicarles la seriedad con la que yo tomaba el tema y la importancia de conocer más al respecto, para regresar a Latinoamérica con datos que nos pudieran servir, el director de logística de la expedición, Romain Troublé, aceptó mi participación, especialmente porque venía recomendada por la NOAA.

El siguiente paso era conseguir los fondos para llegar hasta los confines del mundo. Para ello conté con el patrocinio de instituciones privadas y públicas. Fui la primera y única latinoamericana a bordo de esta expedición científica.

La bandera de Guatemala fue plantada en el Polo Norte e izada en el barco, junto a las de seis potencias mundiales.

¿Qué tan caro resultó el viaje?

Creo que fueron US$45 mil en total.

¿Cuán difícil es llegar al Polo Norte?

No podía ir a una agencia de viajes a pedir un pasaje, así que comencé a investigar y descubrí lo difícil de llegar.

Es peligroso, el riesgo es del 99 por ciento que te matas al aterrizar en las plataformas.

Me dijeron que los directores de la expedición pensaban viajar en unas semanas, para dejar comestibles para los pasajeros de Tara (el barco) y realizar la rotación de científicos; si quería, me podía ir con ellos, pero me advirtieron que era una expedición de alto riesgo.

Ellos partirían de Longyearbyen, Noruega, y allí debía encontrarlos.

Llegar a ese país era costosísimo, sin contar la ropa especial para soportar el frío del Ártico.

Cuando finalmente llegué no había seguridad de que pudiera salir hacia el Polo Norte.

Surgieron cualquier cantidad de tropiezos. Tuvimos que esperar cuatro días casi sin dormir, porque los científicos medían el hielo cada hora, para verificar que el avión pudiera aterrizar y notificaban los datos por radio.

Otro riesgo es que comenzara la noche polar que estaba pronosticada para el 28 de septiembre.

¿Cuál es el perfil de la personas que se involucran en este tipo de expediciones?

Todos eran científicos y un cineasta de la televisión francesa. Tienen un perfil de aventura y físicamente están aptos para soportar este tipo de situaciones.

¿En que momento se concretó el viaje?

Despegamos. Si 15 minutos antes de aterrizar nos hubieran dicho que no había condiciones, teníamos que regresar. Llevábamos un tanque de gasolina dentro de la aeronave, para que los pilotos pudieran regresar.

¿Cómo hicieron para llegar del avión al barco?

En trineo y motos de hielo. Nos llegaron a traer, estábamos a media hora de allí.

¿Qué sintió al estar por fin en ese apartado lugar?

Ha sido una de las felicidades más grandes que he tenido en mi vida. Fue alucinante, surreal. Era como estar en la luna. Cuando las plataformas del hielo chocan, forman figuras exóticas.

El sol no se mira como aquí, sino que parece una bombilla al centro con dos pilares de luz que forman un aura; en lugar de salir de un lado y esconderse del otro va caminado alrededor tuyo durante todo el día, hasta que no lo ves más y comienzan los seis meses de la noche polar.

¿Cómo transcurrieron los días posteriores?

El sonido era aterrador. No soy una persona temerosa, pero hubo un momento en que escuché un ruido como de monos aulladores y pensé que eran los osos polares. Alguien me dijo que éstos no hacen ruido, sino que era el viento que chocaba contra el barco.

Cuando tratas de hablar es como cuando acabas de salir del dentista que tienes anestesiada la boca, cuesta articular por lo intenso del frío. Aun así, la temperatura era aceptable, había deshielo porque estaba haciendo calor en el Polo.

Se miraba que el calentamiento global está afectando las latitudes altas.

¿Qué hacían durante el día?

La temperatura dentro del barco es de 18 grados centígrados, pero la mayor parte del tiempo la pasas afuera por los experimentos, estudios y mediciones que hacen.

El proceso para vestirte y salir del barco dura entre 20 y 25 minutos porque hay que ponerse cuatro pares de pantalones, igual número de guantes, suéteres, gorras, calentadores adentro de los guantes y calcetines, más una chaqueta y un abrigo. Los científicos tenían unos trajes especiales. Todos los días salíamos a traer marquetas de hielo para descongelarlas o a buscar pozos, sacar el agua y llevarla al barco. Comíamos delicioso, porque una científica de 22 años de edad además era chef.

¿Qué motiva a estas personas a involucrarse en una expedición de ese tipo?

Están tratando que las informaciones de todos los experimentos se envíen vía satélite.

Estudian el clima, la atmósfera, el hielo, el deshielo, temperatura y densidad.

Usted ¿por qué lo hizo?

Por conocer y traer la información, porque todavía hay mucha gente escéptica que no cree que los osos polares se están muriendo, que no tienen qué comer y que se hunden en el camino porque no encuentran dónde pararse (por lo delgado de la capa de hielo).

Lo hice porque quería hablar con los científicos, porque cuando pedía información sobre los escenarios de Latinoamérica de cómo se va a afectar nuestra región con la subida en el nivel del mar cuando se descongelen Groenladia y el Ártico, no la obtenía.

Toda esa información, finalmente, la tengo. Valió la pena.

¿Cómo fue su transición de la televisión a la ecología?

Un amigo me dijo una vez: “¿Por qué no haces un programa para niños sobre ecología? Lo escuché como oír llover. Después, estuve como corresponsal para un medio estadounidense e hice un reportaje acerca de la Biosfera Maya y otro sobre cómo se estaba destruyendo el planeta.

Este último fue el que me impactó, por eso creo en los documentales, por medio de ellos se puede hacer conciencia.

Pensé que tenía que hacer algo más y grabé un programa para niños que tenían que ver con el medioambiente.

Finalmente creé la fundación del Bosque Tropical, en Guatemala y Tropical Rainforest Fundation en Estados Unidos. Las dos están conectadas, tenemos la misma visión, objetivos y proyectos.

¿Cuál de los programas que hizo antes le dejó un recuerdo particular?

Creo que Monitor. Tuvo un rating altísimo. Se transmitía dos veces por semana y teníamos datos de que lo miraban en todo el país. Siempre me dejó una gran satisfacción. Hasta la fecha, la gente me pregunta en la calle cuándo lo voy a repetir.

Tenemos la intención de regresar a la TV con un canal nuevo que se llama Planeta Verde. Tenemos ofertas en Panamá de lanzarlo desde allá. Además, tengo la productora Planeta Verde con la que grabo documentales.

 
   

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