Semanario de Prensa Libre • No. 187 • 3 de febrero de 2008

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D viaje

Las islas del Ron

En las paradisíacas islas de las Antillas Menores, el ron
es más que un simple licor.

Texto y Fotos: Sébastien Perrot-Minnot

Desde el cielo, las Antillas Menores aparecen como un collar de esmeraldas y oro. Sus nombres (Santa Lucía, Saint Kitts, la Guadalupe, la Martinica, Barbados, San Vicente, Granada, Dominica… entre otras) evocan idílicas playas, exuberantes reservas, coloridas tradiciones e interminables historias de conquistadores y piratas, ilustradas por numerosos fuertes.

Los visitantes pueden apreciar también los remanentes de antiguas civilizaciones precolombinas, entre los cuales destacan las misteriosas rocas grabadas.
Pero otro aspecto aparece como inevitable para cualquier turista que desee descubrir estas tierras. Me refiero a un producto que nació en esta parte del mundo y sigue impregnando la vida y la cultura de los habitantes: el ron.

El famoso licor representa, para el Caribe, lo mismo que el vino para Francia, el whisky para Escocia o la cerveza para Bélgica y Alemania… El ron está presente en todas las tiendas de recuerdos, y un turista difícilmente podría evitar llevarse alguna botella.
Se pueden apreciar, en los mercados los variantes colores de la bebida que, depende de la edad, parecen reproducir las declinaciones de la arena de las playas, de los tonos claros hasta los más oscuros. Una guía elaborada por las autoridades de Saint Kitts explica que “los mejores rones son a la vez picantes y suaves, y dejan el paladar con una mezcla de sabores tropicales madurados en barriles de madera”.

Acogedor como las poblaciones caribeñas, el ron se mezcla muy bien con frutas (mango, frambuesa, coco…) y especies. Se puede tomar puro, con agua o en cocteles, tales como el Cuba libre, el daiquiri o el ti’punch. Si no conoce esta última especialidad, vasos decorados de las Antillas francesas le indicarán la receta que incluye limón y jarabe de caña. El ron interviene también en la cocina, donde deja su sabor en numerosos platos típicos, por ejemplo la omelett flameada.

A diferencia del néctar de la mitología griega, nos es permitido conocer los secretos del ron, gracias a varios museos y numerosas destilerías abiertas al público. Podemos, así, seguir el paciente proceso que empieza con el corte de la caña de azúcar y concluye en el vaso del consumidor, pasando por la extracción de la melaza, la fermentación, la destilación (doble, en el caso de los mejores productos) el añejamiento (en barriles de roble) y la mezcla.

En Barbados, al norte de Bridgetown (la capital) y a dos pasos de la playa, podemos recorrer parte de las instalaciones de la empresa Mount Gay que elabora el “ron más antiguo del mundo”.

La visita guiada de las áreas de añejamiento, embotellamiento y almacenamiento, los barriles quemados de adentro, los ilustrados rótulos, las antigüedades industriales, un documental y la degustación para apreciar mejor este excepcional producto, que está contribuyendo al poder de atracción de la isla (y según informó recientemente el periódico local Daily Nation, el 2007 fue un año récord en cuanto a afluencia turística).

La historia del ron empezó en esta antigua colonia inglesa, en la primera mitad del siglo XVII. Los comienzos de la bebida fueron difíciles… Hace tres siglos, el padre dominicano francés Jean-Baptiste Labat calificó el licor de “fuerte, violento, barato, rudo y desagradable”; pero el perseverante religioso inventaría una técnica de destilación que mejoraría considerablemente el producto.

La palabra ron podría venir del término inglés rumbullion, que hace referencia a un “gran tumulto”. El licor sirvió de fiel aliado a muchos intrépidos corsarios, exploradores y filibusteros. En las Islas Vírgenes Británicas, recuerdan orgullosamente que durante tres siglos, hasta 1970, los marineros de Su Majestad recibían una ración diaria de Pusser’s.

Pero ninguna isla se glorifica del paso del siniestro pirata Edward Teach (1680?–1718), más conocido con el nombre de Barba Negra. Seguro que además de sangre y devastación, Teach dejaba detrás de él un característico aliento… Los hombres del mar llevaron también su bebida favorita a la literatura. No habría empezado la intriga de la Isla del Tesoro sin cierta botella servida en la posada del Almirante Benbow.

El ron empezaría a cobrar una notable popularidad en América del Norte y Europa a partir del siglo XVIII. Entre sus promotores más destacados cabe mencionar a George Washington, que vivió un tiempo en Barbados (donde todavía se puede visitar su casa) y ofreció el apreciado líquido a las personas invitadas en ocasión de su toma de posesión como primer presidente de los Estados Unidos, en 1789.

Esta historia dejó una profunda huella en las culturas caribeñas y varios eventos celebran cada año el ron. Desde el 2006 se organiza en Santa Lucía el Festival de la comida y del ron, un evento internacional en el cual participan chefs, críticos gastronómicos, productores y expertos del ron…

Mientras que en Barbados tiene lugar, cada año, una Fiesta del Ron, durante la cual compiten las grandes marcas del mundo. Otro tipo de competencia constituye, cada cuatro años desde 1978, la “Ruta del Ron”, una regata que recorre las tres mil 510 millas que separan las ciudades portuarias francesas de Saint-Malo (región de la Bretaña) y Pointe-à-Pitre (Guadalupe).

En las Antillas Menores, sin duda, el ron ha superado su condición de simple licor, para adquirir la condición de un arte y un patrimonio.


   

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