Semanario de Prensa Libre • No. 188 • 10 de febrero de 2008

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D cultura

Sea como fuere, las revistas se mueven:
Rafael Gutiérrez

Conversación en torno a Revista Usac, de respetable presencia y estatura latinoamericana.

Por Juan Carlos Lemus
Foto: Carlos Sebastián

Revista Universidad de San Carlos de Guatemala se inscribe dentro de los esfuerzos editoriales que actualmente impulsa esa Casa de estudios.

En su actual época es, dentro del circuito de las publicaciones culturales, un ejemplo de rigor y creatividad. Un hecho innegable es que esta publicación se ha ido afianzando paulatinamente dentro de una exigente comunidad de lectores, tanto universitarios como no universitarios.

Su peso adquirido en los últimos años la coloca como una de las revistas más prestigiosas de la cultura centroamericana y, por qué no, de respetable estatura a nivel latinoamericano. El poeta y escritor Rafael Gutiérrez, principal responsable de su dirección y edición, conversa sobre la situación actual de dicha publicación y las revistas en un país.

¿Cuál es la situación editorial de las revistas en una nación como Guatemala?

Bueno, la verdad, dudo que la nación, incluso la aldea, el cantón o el caserío se enteren debidamente de la existencia de una revista.

No obstante, creo que las minorías artísticas e intelectuales, eso que el malogrado Ángel Rama llamó la ciudad letrada, incorporan y configuran un sentido de pertenencia, un signo que, aunque casi rupestre en culturas como la nuestra, les dota de una marca identitaria.

Allí, en las páginas de una revista, late el pulso cultural de un país y es allí, también, donde generalmente se dan cita aquellas plumas todavía noveles y que luego, las más tozudas y esclarecidas, tendrán un peso decisivo en la orientación espiritual del país.

Personalmente creo que la solidez de un país, independientemente de la atrofia y adulteración del “producto” creada por el mercado, se mide por la abundancia de sus revistas culturales, sean éstas de rock, literatura, fotografía y demás y aun hasta de esas que las buenas conciencias llaman para “adultos con criterio”.

Donde todo quepa y se publique, incluso hasta una revista oficial del Congreso de la República, esa sí “para adultos sin criterio”. Ahora bien, hablando en términos crudamente terrenales, la situación de la edición está, la verdad, Juan Carlos, casi en un estado terminal. Hablar de la edición de revistas en Guatemala es, casi, como hablar de la nada.

Además de Revista de la Universidad de San Carlos, sobrevive una que otra. Una dedicada más a la autopromoción individual, resabios dinosáuricos del culto a la personalidad, gráfica y textualmente muy anoréxica.

Sale cada vez que su director ha amasado ya un puñado de textos dedicados, cómo no, a su obra. Y luego otras, respondiendo más atenta y complacientemente a lo que ordene la coyuntura política, electoral o del mercado, un modo amañado creo, de editar una revista para quedar bien con todos y con nadie.

Entonces, ¿en dónde está la importancia de las publicaciones?

Lo que interesa, a la postre, es asomarse a ver qué viene ocurriendo con el fenómeno de las revistas en Guatemala, que es ése —dixit Serrat— el rollo del mal rollo. Pues bien, ni la iniciativa privada, el Estado o los esfuerzos han permitido la creación incipiente de un circuito de revistas que permitan canalizar las potencialidades creativas que, sabemos, gravitan dentro de los sectores artísticos e intelectuales. Hay, desde luego, otros esfuerzos editoriales, acaso los habrás visto por allí: es el caso de revistas de carácter empresarial, suntuosas y variopintas, como esas revistas españolas del jet set, que aquí responden más a una lógica del mercado, como un pasatiempo de ociosos, bohemios e idealistas.

¿Qué opina de las revistas electrónicas?

Son una presencia indispensable en la mediación cultural en nuestra lengua. Notable en este páramo desolador fue la revista literaria Rusticatio, dirigida por el poeta Alan Mills.

¿Qué factores culturales agravan o enriquecen la difusión del material que da cuerpo a una revista?

Bueno, en el plano de los hechos reales, casi todo agrava y confabula contra ese contenido que, como vos decís, da cuerpo, es la razón primordial de la existencia de una revista. En primer lugar, está el hecho de armar pacientemente un sólido circuito de colaboradores. Allí comienza la historia, que tiene más de épica que de esfuerzo editorial, que tiene más de sobrenatural que del agreste mundo de los mortales.

Nosotros, para empezar, hemos comenzado por romper de tajo con esa cultura de “regalado”. Es decir, que no se puede editar una revista sin profesionalizar, sin dignificar las relaciones culturales y sociales, desde luego, que rigen la transacción entre el que edita o dirige una revista y el que escribe para ella.

De ahí que hemos empezado por pagar las colaboraciones. Ya basta de creer que el artista o el escritor vive y se nutre de sueños. El escritor nace, vive, escribe y también cobra, y sigue viviendo.

Ciertamente, hay gente, en su mayor parte malintencionada y fea, que ningunea esta necesidad básica en cualquier país moderadamente desarrollado.

Por fortuna, las autoridades universitarias han dicho que sí, y ahí vamos. Luego, otra vez, la ausencia de hábitos de lectura, la propensión diversionista y alienada de un sector de la población guatemalteca cuyas preocupaciones son otras, y claro está, la condición pétrea en la que quedan aquellos que, no obstante haber cursado una carrera universitaria, y a veces hasta un doctorado, no leen y no leen, y se mantienen en un estado de cimarronería e incultura escalofriantes. Y otros factores que tanto vos como yo conocemos de sobra. Sea como fuere, las revistas se mueven. Y se leen.

¿Cuáles son los orígenes y tropiezos de Revista USAC?

Bueno, Revista Universidad de San Carlos se remonta a 1921 y funcionaba integrada por un director, un administrador y cuatro representantes-redactores de las, en ese momento, cuatro facultades existentes. Su recorrido, irregular, es rastreable hasta 1960 y reaparece luego hasta 1987 y se edita hasta la fecha.

Actualmente, hablamos de una revista cuya política editorial es la de registrar una multiplicidad de voces y expresiones, tanto intra como extramuros de la universidad, procedentes del ámbito de las ciencias sociales, las humanidades, el arte y la literatura. Contamos, y hay que decirlo, con una total libertad y autonomía editorial.

Apostamos preferencialmente por las expresiones locales, conjuntado con lo mejor de la producción no necesariamente guatemalteca. Si no, ¿qué sentido tendría “bajarnos” todo de internet, hábito por cierto cada vez más frecuentado por holgazanes, impunes y plagiarios?

¿Por qué no es muy conocida (o acaso sí)? En todo caso, creo que merece, como dirían los mercadólogos, un mejor “posicionamiento”.

La revista es conocida en la medida en que es conocida una revista en los enrarecidos aires culturales del subdesarrollo. Mi percepción es siempre la misma: el signo congénito con que el que nace y finalmente muere una revista guatemalteca es su no afianzamiento efectivo de un proceso de distribución y difusión. En términos generales, ocurre así con todas las manifestaciones culturales del país. No obstante Revista de la Universidad de San Carlos se distribuye, difunde y lee.

Me consta. A nuestra redacción llegan periódicamente cartas de intelectuales muy exigentes de diversos países del mundo apuntalándonos el ánimo.

¿Cómo arriban hasta allá, hasta las otras orillas, esos ejemplares como botellas lanzadas al proceloso mar de la cultura?

Por manos generosas, por gente que cree en nuestro proyecto y nos tiende una ayudadita en el camino. Pero, además, tenés razón: hoy cualquier expresión, esté o no esté inscrita en los circuitos del mercado, debe hacer un uso ingenioso de sus diversos mecanismos de promoción. Para ello debemos “invertir”, y usar los términos del mercadólogo en este rubro. Es indispensable un área de apoyo específicamente abocada a afianzar la difusión del “producto cultural”.

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