Los aprietos del amor
El Día del Cariño no es solamente cariño: también es estrés, angustia y agudización de los problemas económicos.

Por Francisco Mauricio Martínez
Llegó el 14 de febrero y, a la par, una retahíla de angustias. ¿Qué regalo? ¿Cuánto costará? ¿Y... si no le gusta?, son algunas de las congojas que durante estos días estresan a las personas. A estas aflicciones hay que agregar la cantidad de amigos queridos que surgen para este día, y por si fuera poco, hay que participar en el infaltable juego del “amigo secreto”, para no “hacer clavo”.
Uno de lo soliloquios más recurrentes en estos días, aunque quizá con distintas palabras es: “(Ella o él) es buena persona... la quiero mucho, ¿qué le regalo? Me gustaría que fuera algo muy original, pero que no cueste mucho, porque no me alcanza. No quisiera que fuera una cursilería, como chocolates, tarjetas, peluches o flores como lo hacen todos. Y ojalá y le guste”.
El Día del Cariño, de los enamorados o del amor, como comercialmente se le ha acuñado, no es esperado con la misma ansia por todos, como podría suponerse, debido al estrés que genera. Un sondeo virtual efectuado por Revista D, permitió recopilar algunas de las tensiones más frecuentes. Aprietos económicos, escasez de tiempo para comprar regalitos, adivinar qué podría gustarle, son algunos de los dilemas de estos días.
Tiempo y dinero
Cuando la celebración es entre compañeros de trabajo, la primera pregunta que se hace en coro es: ¿de cuánto debe ser el regalo? Todos esperan que el monto no supere los Q50, porque si no ya les amargaron el día, debido a que estos gastos hacen tambalear el presupuesto personal.
El siguiente paso es investigar quién es el amigo desconocido y tratar de adivinar qué le podría gustar. Después de darle muchas vueltas al asunto, la mejor solución es ir a un centro comercial y ahí buscar qué podría comprarle. “La idea es que sea bueno, bonito y barato”.
Si se está enamorado, el rito a cumplir es mayor. En la billetera se debe contar con varios billetes de Q100 o una tarjeta de crédito solvente para una cena romántica y enviar un ramo de flores. De no ser así, se puede quedar muy mal parado, ya que, a veces, estos detalles se pueden convertir en un reclamo eterno o el final de una relación. “¿Habrá en estos tiempos alguien que pueda cocinar y preparar una cena de este tipo en casa?”, se pregunta una participante.
Ocupar una mesa se convierte en una travesía, si no se ha reservado (lo cual cuesta un ojo) debido a que todo mundo quiere comer en pareja ese día.
Desde mucho tiempo antes de las horas acostumbradas (desayuno, almuerzo y cena), los restaurantes se ven atosigados de comensales, lo cual obliga hacer fila para esperar que desocupen una mesa. “Sólo de pensar en esas colas no dan ganas de celebrar; hasta se va el hambre”, señala otra.
Otro de los momentos apremiantes a los cuales muchos le huyen, ya sea hombres o mujeres, es cuando a alguno de la pareja se le ocurre llevar a su enamorado a una reunión de amigos. Este momento se siente eterno cuando el grupo es afín a sólo uno de los miembros. El extraño se siente como “pollo recién comprado” y el aburrimiento lo invade. “Se siente uno tonto”.
Las parejas de adultos tienen su propio desbarajuste cuando se acerca esta celebración. Esto sucede cuando la maestra decide repartir los papelitos para asignarle a cada estudiante su amigo o amiga secreta. En estos casos, aparte del dinero, es ponerse de acuerdo con el hijo para elegir el regalo y en qué momento se puede comprar en una sociedad donde papá y mamá trabajan. Y lo peor es la visión del hijo sobre que, mientras más bonito y más caro, es mejor.
Cada uno de los géneros tiene su propio sufrimiento durante estas celebraciones. La mayor contrariedad para los hombres se registra en el momento de elegir el regalo, sobre todo si se trata de una amiga. “Somos malos para satisfacer gustos”. Por aparte, las mujeres tienen su mayor desgaste en la planificación y ejecución, porque, casi siempre, son ellas las que organizan con entusiasmo las fiestas.
El final de estas celebraciones siempre es el mismo: “Nunca se queda bien con nadie. Tampoco es raro que el día se pase en soledad”.
¿Ternura o comercio?
Algunos aseguran que todo tiene precio
El día más romántico para algunos es el día de mayor comercio para otros.
Empieza febrero y toda la publicidad se dirige a estimular el deseo de regalarle algo a alguien para conmemorar esta fecha en la que también entran otros grupos, porque no se trata de una fiesta para los enamorados, sino se extiende al ámbito de los amigos y la familia.
Para Alberto Aragón, de la firma Aragón y Asociados, el consumidor guatemalteco, al igual que el del resto del mundo, se deja llevar por el inconsciente y, por lo general, sucumbe ante la presión de la industria y la publicidad.
Por eso, explica Aragón, los bombones, flores o cenas románticas con velas son algunos de los regalos más populares en el Día de San Valentín, porque los publicistas se encargan de recordarle al consumidor cómo celebrar el cumpleaños oficial del amor.
Si esta teoría es correcta, los chapines deberían comprar algunos de estos productos. Según las estadísticas de Wal-Mart en Guatemala y sus tiendas (Paiz, Hiper Paiz, Maxi Bodega, Despensa Familiar y Tarjetas etc.), durante febrero, satisfacen a sus clientes con los siguientes artículos: el primer lugar se lo llevan los chocolates en sus diferentes presentaciones (arreglos en tazas o cajas especiales, estuchería, etc.); el segundo, los globos y arreglos de éstos con diseños románticos.
La tercera casilla la ocupan los peluches, en especial aquellos que tienen mensajes de amor y los de personajes (Garfield, Pooh y sus amigos, etc.); en la cuarta posición están las tarjetas con formato tipo póster; en la quinta, los vinos y licores, y en la sexta, las flores, especialmente rosas rojas.
Aunque estas ventas no pueden tomarse como una afirmación del comportamiento del consumidor en el país, por lo menos arrojan un buen parámetro.
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