De paseo por Amati
Cerca de la ciudad de Guatemala y apto para tener un día tranquilo junto a la familia.
Por ROBERTO VILLALOBOS
Fotos: Viviana Ruiz
La espléndida época de Amatitlán (Amati, como se le conoce popularmente) se perdió durante algún tiempo, quizás por la grave contaminación del lago o debido a que el teleférico dejó de funcionar durante años.

Sin embargo, con las nuevas medidas para salvar las aguas del lago y con la reinauguración de funicular el 24 de febrero del 2006, la magnificencia de aquél municipio de Guatemala vuelve a tomar fuerza y su potencial turístico es enorme: balnearios, restaurantes, parques, ventas de artesanías y dulces típicos, paseos en bicitaxi, etc.
Sin duda, es un lugar para despejar la mente del quehacer diario y para pasarla en familia, a sólo 30 kilómetros de la capital del país.
Cálidas aguas

El lago se encuentra más limpio, luego de la ayuda de los ambientalistas. Por ello, en ciertos sectores es apto para nadar y practicar remo.
Asimismo, en sus orillas se encuentran lancheros que ofrecen viajes de unos 90 minutos. El precio es de Q15 por persona.
Tal vez durante su estadía obtenga inspiración como la de Pablo Neruda, cuando escribió, acerca del lago de Amatitlán: “… Aguas, aguas del cielo lo llenaron, aguas, aguas de estrellas se juntaron en la profundidad aterradora de su esmeralda oscura”. Por si acaso, resultaría conveniente llevar una libreta y un bolígrafo.
En el aire
El antiguo teleférico, inaugurado en 1978, dejó de prestar sus servicios en 1998, pues se decidió renovar todo el sistema para ofrecer más seguridad, a un costo de Q16 millones. Fue reinaugurado en el 2006. El emocionante trayecto une al parque Las Ninfas (Amatitlán) con El Filón (Villa Nueva). Durante el recorrido de 1.5 km se observa un bello paisaje, el cual cambia drásticamente según la hora en la que se suba; los niños se deleitan y gritan por la adrenalina que liberan, y los adultos disfrutan por subir 350 m en tan sólo 15 minutos.

En la parte alta se encuentran churrasqueras, juegos infantiles y amplios espacios para caminar y tomar una siesta. Es ideal para hacer un picnic.
De ahí para allá
En las afueras del funicular hay una gran cantidad de ventas, la mayoría del sector informal. Artesanías locales, roscas, dulces como el mazapán y otras delicias son parte de la oferta.
Por supuesto, en las orillas del lago diversos comedores ofrecen mojarras, que casi se han convertido en la comida típica de aquel destino.

Aparte de la comida, resulta interesante visitar el parque Las Ninfas (donde precisamente inicia el teleférico), cuya arquitectura neoclásica transporta al pasado guatemalteco, ya que fue construido durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera. Otro espacio público de interés es el Instituto de Recreación de los Trabajadores (Irtra). Asimismo, en las orillas de la playa hay balnearios privados como El Rocarena y el Santa Teresita.
Si alguno de esos lugares queda muy lejos de donde se encuentra, un bicitaxi, que es fácil de hallar en los alrededores, lo llevará hasta su destino en una aventura fuera de lo común.
Para caminar
En el kilómetro 21.5 del viejo camino hacia Amatitlán se encuentra el Parque Naciones Unidas (perteneciente a Villa Nueva). Ahí hay varios senderos que le llevarán a vivir de nuevo diferentes épocas del país, como la Precolombina y la Colonial. Réplicas de las ruinas de Zaculeu, las dos pirámides principales de Tikal o la Plaza Antigua Guatemala conforman el lugar.
Asimismo, los empedrados caminos son aptos para montar bicicleta. Y para los más atrevidos, se recomienda experimentar las alturas del canopy, uno de los deportes extremos más de moda.
Ahí también puede hacer un picnic o un churrasco bajo la sombra de cualquiera de los innumerables árboles. |