A propósito
Todo queda
en familia
Un hombre se casó con su sobrina, y de esta historia surgió una canción que dice, entre otras cosas, “Apenas fue mi señora/ tenía que armarse el lío:/ yo era el marido y el tío;/ mi sobrina, mi mujer;/ y mi hermano, sin querer,/ pasaba a ser suegro mío”. Y termina: “...y al fin, de mi parentela,/ yo no sé qué vengo a ser:/ si el hijo de mi mujer,/ o si mi mujer es mi abuela”.
Este texto parece cómico o sacado de un guión de telenovela barata, pero lo cierto es que en el mundo existen casos en los que, con o sin conocimiento de los lazos de sangre que une a la pareja, se produce matrimonios endogámicos (una unión con parientes cercanos), y con esto se aumenta la posibilidad de que alguno de los descendientes nazca con algún problema genético, por lo general, retardo mental o epilepsia.
La endogamia es una práctica normal en ciertas sociedades. Se tiene la falsa idea de que se practica en culturas primitivas, pero lo cierto es que también se da en grupos muy evolucionados (como el sistema de castas de la India), con la forma de endogamia de clase o también en la civilización occidental (uniones entre miembros de la realeza, como medio para conservar el patrimonio en familia, por ejemplo).
Sobre este tema versa el reportaje Dfondo de esta edición, investigado por Francisco Mauricio Martínez, y para el cual contó con la colaboración de los genetistas Gabriel Silva y Jorge Ortiz.
Viviana Ruiz
Editora
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