Semanario de Prensa Libre • No. 189 • 17 de febrero de 2008

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D farándula

Chica, chica, Chica Bond
Las mujeres del agente 007 han puesto de cabeza a más de un simple mortal.

Por Redacción Revista D

Fueron síntoma de belleza, glamour y erotismo en su época; la saga de James Bond así lo atestiguó con sus apariciones en cada una de sus películas y el apelativo que las describiría para el mundo.

Aún en la actualidad puede sugerir cierto machismo el hecho de que el mayor atractivo de las películas de James Bond —el agente 007— sea el resultado de un combinado que integra mujeres, autos y acción a partes iguales. Pero esta saga —inspirada en las novelas policíacas de Ian Fleming— siempre ha servido de escaparate de las tendencias contemporáneas y, como la revista Playboy en su ámbito, es única en ello.

Tanto Sean Connery como Roger Moore, Timothy Dalton o Pierce Brosnan han podido ejercer de galanes ante chicas que —por su beldad— en más de una ocasión les han superado, otras les han brindado un contrapunto memorable y en muchas situaciones, simplemente han quedado relegadas al olvido.

Si comenzáramos por el primer apartado; Ursula Andress, Jacqueline Bisset, Jane Seymour, Carole Bouquet, Kim Bassinger, Bárbara Carrera, Carey Lowell, Sophie Marceu, Rosamund Pike o Halle Berry sobrepasaron con creces las expectativas y en algunos casos, como el de la suiza Ursula Andress repetiría experiencia en pantalla.

Las más bellas

Andress tuvo la suerte de ser la primera y dejar impronta en la memoria colectiva con su espléndida figura en Agente 007 contra el Doctor No (Dr. No, Terence Young). La cinta —de 1962— desafiaba las normas del recato de la época, que mostraba a la actriz con un sugerente bikini en la piel de Honey Rider —nombre de sugerencias eróticas— y le brindaría la posibilidad de repetir con la comedia Casino Royale (1967) en torno al mismo personaje.

No obstante, las rotundas formas de la francófona nada pudieron hacer con la mirada cristalina y enigmática de Jacqueline Bisset, participante de la citada película y con el cómico Peter Sellers en un papel protagónico. De hecho, este filme sirvió para lucir un gran reparto que incluía a otras divas como Carole Bouquet, una reinventada Deborah Kerr o las guapas Joanna Pettet, Linda Christian o Daliah Lavi.

A la altura de Bisset y su personaje sólo pudo estar Carole Bouquet. La actriz gala daba vida a Melina Havelock, de aspecto cándido y aliada de Bond, para Sólo para sus ojos (For Your Eyes Only, 1981). Roger Moore ejercía del temido agente a las órdenes de su majestad y a su aspecto refinado contribuía la elección de Bouquet como compañera.

Años antes, la reducida estatura de la británica Jane Seymour no fue problema para que encabezara los créditos de Vive y deja morir (Live And Let Die, 1973). Al lado de Roger Moore y bajo el apodo de Solitaire, se desenvolvía con soltura en esta secuela con asesinatos de agentes y recorridos por Nueva York o Nueva Orleáns. La belleza exótica de Gloria Hendry no pasó tampoco inadvertida para nadie.

Las mujeres orientales y de color tuvieron su espacio en esta serie antes que en otras, funcionando así como un remanente en plena lucha por los derechos civiles de las minorías en la década de los setenta.

Instinto latino

Aunque la gran sorpresa llegaría 10 años más tarde de la mano de una joven Kim Bassinger y una estupenda Bárbara Carrera. La estadounidense no tuvo aquí su papel más celebrado a pesar de tener como comparsa a Sean Connery.

En cambio, Bárbara Carrera se convirtió en símbolo latino con entidad propia en una cinta del agente. Amén de protagonizar —más tarde— memorables fotografías para Playboy o papeles que llegaron a raíz de esta interpretación.

Esta nicaragüense había despuntado con su tez y rasgos morenos en comedias de éxito pero mala acogida crítica (Condorman, 1981) o en series televisivas históricas de la talla de Masada (1981). Sin embargo y ante el alto contenido erótico de la saga de Bond, había protagonizado algunas de las secuencias más tórridas filmadas para el momento. El título: Never Say, Never Again (1983).

Carey Lowell, Sophie Marceu, Rosamund Pike y Halle Berry son las otras actrices que podrían incluirse en este apartado. Lowell —actual pareja del actor Richard Gere— daba réplica a un recién estrenado Timothy Dalton en 007: Licencia para matar (Licence To Kill, 1987).

La francesa Sophie Marceu prestaba sus rasgos y gestos aniñados con un instinto perverso en El mundo nunca es suficiente (The World Is Not Enough, 1999) —ya con Pierce Brosnan en la piel del agente británico—. Y la impresionante Rosamund Pike obtenía lugar por derecho propio junto a Halle Berry en Muere otro día (Die Another Day, 2002).

A Berry, que interpretó con maestría y elevadas dosis de seducción, le ofrecieron la posibilidad de realizar un ‘spin off’ (serie extraída de otra), dado el atractivo con el que dotara a la agente de la CIA Jinx. Por momentos, la mejor pareja de acción y riesgo del agente 007.

Compañeras y rivales


Como ocurriera recientemente con la estadounidense Halle Berry, James Bond ha tenido compañeras de película —malas y buenas— que han destacado por su carisma.
Ya con el mítico e inspirador apodo de Pussy Galore, Honore Blackman figuraba en James Bond contra Goldfinger (Goldfinger, 1964). La actriz, de similitudes con otras veteranas de la talla de Ann Margret, consiguió que el espectador varón se olvidara de la exuberante Margaret Nolan o de la ‘desgraciada’ Shirley Eaton, que acababa cubierta de oro para su infortunio.

Diana Rigg brindó un curioso contrapunto a 007 al servicio secreto de su majestad (On Her Majesty´s Secret Service, 1969). Ya que ni su rostro, familiarizado a través de la citada serie, pudo aupar a un James Bond pobre en relación con lo ofrecido por Connery.

Jill St. John —esposa del actor Richard Wagner— regaló una memorable actuación en la cinta Diamantes para la eternidad (Diamonds Are Forever, 1971), donde como Tiffanny Case se mezcla en una trama de diamantes desaparecidos y alta tecnología para elaborar un fantástico aparato de rayos destructores.

Grace Jones, cantante, modelo y diva de los ochenta, no tuvo reparos en ofrecer sus gestos histriónicos en Panorama para matar (A View To Kill, 1985) y a punto estuvo de matar a James Bond aunque no de cantar La Vie en Rose, un tema más conocido gracias a su voz.


   

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