Fracasa estrategia
antiinmigrante
El votante estadounidense no piensa en el tema de inmigración.
Por Sergio Muñoz
Mi mamá, creo yo, lo habría interpretado como un gesto de la divina providencia. Menos creyente que ella, yo espero haberle encontrado una explicación menos espiritual, aunque igual de regocijante, a lo que hasta ahora es la mayor revelación de las elecciones primarias del 2008 en Estados Unidos: contrario a la percepción dominante en los últimos años, la inmigración, legal o ilegal, no ha sido el tema central en la mente de los votantes.
En extraordinario ejemplo de darwinismo o depuración natural de los más débiles, los candidatos que adoptaron las posiciones más extremas contra los indocumentados —Tom Tancredo, Duncan Hunter y Fred Thompson— han tenido que abandonar la contienda, al no encontrar respaldo público a sus plataformas.
De los contendientes a la nominación republicana, solo quedan dos viables, y de ellos sólo uno, Mitt Romney, se opone a ofrecerles a los 12 millones de trabajadores indocumentados, que viven y trabajan en el país, una vía para legalizarse; sugiere que habría que deportarlos, y ha dicho que castigaría a las ciudades que les ofrezcan santuario.
Curiosamente, una encuesta realizada a boca de urna hecha por la cadena de televisión CNN, durante la primaria republicana en Florida el pasado 29 de enero, muestra que el 46 por ciento de quienes votaron por John McCain favorecen ofrecer a los ilegales una vía a la ciudadanía, el 37 por ciento apoya la creación de un programa de trabajadores huéspedes y sólo un 26 por ciento estaría a favor de su deportación.
Del otro lado, el 38 por ciento de quienes votaron por Romney exigen su deportación.
En el panoramanacional, la situación es más clara todavía. Los tres candidatos que mayor moderación han mostrado al referirse al tema de la inmigración siguen en la contienda.
Entre los republicanos, John McCain, el senador por Arizona que lleva por lo menos seis años abogando por una reforma a la ley de inmigración, que permita la legalización de los indocumentados y un programa de trabajadores huésped, se perfila como el candidato que contenderá por la Presidencia en noviembre.
En el partido demócrata, la lucha por la nominación se ha reducido a dos candidatos, Hillary Clinton y Barack Obama, cuyas propuestas son favorables a los indocumentados y muy semejantes. Una diferencia sería que Obama ha sido muy claro en su apoyo a que los indocumentados tengan la oportunidad de solicitar licencias para conducir automóviles. Los tres, sin embargo, votaron a favor de la construcción del muro en la frontera sur y los tres proponen sanciones contra los empleadores que contraten indocumentados.
La evolución positiva de la carrera hacia la nominación presidencial no debería, sin embargo, dejar la falsa impresión de que el tema de la inmigración ilegal ha dejado de ser un tema controvertido e importante en la agenda nacional.
Aun para quienes entienden que quienes emigran a Estados Unidos por razones económicas no representan un peligro de seguridad nacional, el hecho de que más de 12 millones de personas vivan en el país sin los documentos migratorios pertinentes es altamente preocupante.
Más aún, sería una necedad sostener que el arribo masivo de inmigrantes a una determinada localidad no presenta problemas, y ni Clinton ni Obama ni McCain minimizan el asunto.
La diferencia entre ellos y el resto de los candidatos es que los primeros quieren resolver el asunto de manera racional. Los otros, se equivocaron en su apuesta y, como diría mi mamá, en el pecado llevaron la penitencia.
A partir de este momento, y considerando el giro que ha dado la campaña presidencial hacia el centro del espectro político, todo indica que la guerra en Irak, la reactivación de la economía, la reforma integral al sistema del cuidado de la salud, la protección del medio ambiente y la procuración de nuevas fuentes de energía serán los temas centrales de la recta final. Temas todos importantes pero que, al igual que con la inmigración, por sí solos ninguno será factor decisivo.
Respecto de la escogencia del presidente, las opciones para el 2008 me parecen tan fascinantes como impredecibles en tanto que los candidatos podrían ser una mujer, un afroamericano o un hombre blanco que, a los 72 años de edad, sería el presidente de más edad en la historia del país.
Una vez contabilizado el predecible voto partidario (los republicanos votarán por el candidato de su partido y los demócratas por el suyo), estoy convencido de que la decisión final recaerá en los indecisos, y éstos votarán por el individuo de su preferencia independientemente de su raza, género o edad. |