Semanario de Prensa Libre • No. 190 • 24 de febrero de 2008

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D frente

Sandra Muralles
Tengo espíritu de voluntariado

Por Julieta Sandoval
Fotos: Carlos Sebastián

La vida de Sandra Muralles tiene dos intereses que han sido paralelos: el turismo y el voluntariado en el área de seguridad y justicia. Al hablar de estos temas lo hace con gran conocimiento, convicción y visión positiva. Aunque asegura que hay avances; pero aún falta mucho por hacer, como el trabajar en la modificación a la Ley Orgánica del Instituto Guatemalteco de Turismo, y la instalación del sistema nacional de seguridad, para que sea un cuerpo articulado, en donde las instituciones estén vinculadas entre sí.

A sus 50 años, los cuales han sido felices, “porque en cada año se pueden hacer cosas mejores, vivo con mucha satisfacción las actividades que llevo a cabo y estoy muy a gusto, por eso sigo adelante”, comenta.

El turismo es su profesión

Más que una profesión ha sido un concepto que disfruto cada día, porque me ha permitido conocer otra Guatemala, con personas interesantes de los distintos grupos culturales del país y las bellezas naturales. Sé que es la forma como Guatemala puede salir adelante; por eso más que un trabajo es una vocación.

¿Cómo empezó en esta vocación?

Estudié Antropología en México, en el área de Etnología. Una vocación por interés afectivo. En la prensa salió una convocatoria para quien tuviera predilección antropológica y cultural, para participar en la delegación de turismo en aquel país; fue en la administración de Claudia Arenas, en el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), durante el gobierno de Vinicio Cerezo).

Me llamó la atención y llené la papelería, en ese momento era la jefa del departamento de difusión cultural de la Escuela Nacional de Antropología e Historia; pasó casi un año y de pronto me llamaron para decirme que era la delegada de turismo, desde entonces ya no me desprendí de esto. También trabajé en el Inguat. Con unos amigos buscamos participar en la parte empresarial de turismo; voy a cumplir 10 años con mi oficina.

La antropología es su pasión, ¿por que?

Creo que lo más interesante que tiene este mundo es la cultura; meterse en ella es abrir la posibilidad para ver más allá del horizonte. La etnología es una disciplina que se encarga de trabajar las diferencias de las personas, los grupos minoritarios. Ese contraste entre uno y otro siempre abre las mentes y los corazones, permite tener una visión más incluyente y con una perspectiva de sumar. Yo fui educada en esa lógica, en la del diálogo, la participación, de sumar en positivo, y mantener una actitud abierta a los demás.

La gente de Guatemala tiene algo de particular que la hace especial.

En términos afectivos somos abiertos, cariñosos y muy hospitalarios. Pese a la timidez que a veces nos hace difícil la comunicación, cuando la vencemos somos muy francos. Un pueblo con coraje y valentía, con gran visión de futuro. Tenemos una herencia cultural que nos viene de la gran civilización maya. Elementos fundamentales de ese misticismo y heroísmo es lo que nos da la posibilidad de cambiar las cosas, las recibimos de esa sangre, que nos hace distintos a nivel mundial.

¿De dónde surge su inclinación por el voluntariado social?

De mi familia. Mis padres y abuelas nos educaron dentro de una lógica de que los cambios siempre se hacen con la participación de cada uno. No es saludable esperar que el otro efectúe lo que uno no hace; siempre debemos dar el primer paso o sumarnos a los demás pasos que implican cambios para el país. Mi familia ha sido muy participativa, comprometida con Guatemala. El ámbito en el que hemos estado involucrados en los últimos 12 ó 13 años es la seguridad.

¿Por qué eligió la seguridad?

Nos tocó vivir los resabios del conflicto armado, como a muchas familias guatemaltecas. Esa violencia heredada empezó a golpear a los hogares con el tema de secuestros y extorsiones. Obtuvimos mucha información de quienes estaban sufriendo esto. Esa situación nos estaba poniendo de rodillas, nos angustiaba y nos cortaba la posibilidad de seguir adelante. Por eso decidimos con mi hermana Eleonora sumarnos a un grupo de familias y amigos, de ahí el nombre de Fads (Asociación de Familiares y Amigos contra la Delincuencia y el Secuestro).

Se creó una red de solidaridad para acompañar a aquellos que eran golpeados, además de comprometernos en la lucha por un estado de Derecho, combate a la impunidad y búsqueda de una justicia pronta y cumplida.

En ese caminar, nos hemos hermanado con Madres Angustiadas y la Fundación Myrna Mack; de ahí surge la Instancia de Monitoreo, para ayudar a las familias que sufrieron algún secuestro o extorsión, para que le dieran seguimiento a los casos. Se llevó a proceso a las bandas capturadas; eso sucedió en el período de la presidencia de Álvaro Arzú.

Fuimos participes directos de los primeros juicios orales, que fueron exitosos, pues hubo varias condenas. Las familias sintieron la fuerza que da el acompañamiento y la solidaridad. Ese ha sido el caminar hasta hoy, el cual continuamos.

¿Se ha horrorizado de los problemas que ha visto en el tema de seguridad?

Creo que los problemas que afronta Guatemala se están dando en todo el mundo. Hemos avanzado mucho en relación con temas de seguridad y justicia, aunque no lo parezca; mas nos queda mucho por caminar.

El reto es que la ciudadanía se convenza de que la seguridad y la justicia es un compromiso de todos; sentirse parte activa para lograr los cambios.

¿Ha pensado retirarse, alguna vez, de ese voluntariado?

No. Mi vida está marcada con el espíritu de voluntariado con el que fui educada. Y es importante sumar voluntarios para fiscalización y hacer auditoria social, así como acompañamiento de procesos. Sería bueno que la sociedad siguiera los cambios que Guatemala necesita.

Los guatemaltecos están dispuestos a ese voluntariado.

Creo que si se tocan puertas éstas se abren. Lo que a veces complica es el tiempo, porque todos tenemos que trabajar, atender familia y otros compromisos; eso limita donar al voluntariado. Cada uno debe dar lo que le sea posible, una o tres horas a la semana o quizá al mes; no importa la cantidad, siempre será muy bien invertido.

¿Cómo distribuye usted su tiempo entre trabajo, familia y voluntariado?

Con mucha disciplina. Mi día empieza a las 5:30 de la mañana. Para comunicaciones o instrucciones, en mi oficina, me apoyo mucho en el teléfono y la computadora. Programo bien las reuniones de toda la semana. Mi jornada la termino a las 22:30 ó 23 horas. En ese horario hay espacio para divertirme, atender a la familia, amistades, trabajar y encargarme de mis responsabilidades en los temas de seguridad, como el participar en el Consejo Asesor de Seguridad (CAS).

¿Por qué cree que la mujer ha destacado más en estos acompañamientos o luchas por la transformación?

La sociedad educa a la mujer para pensar en el otro. Lo cual es bueno y malo. Bueno, porque nos ha permitido generar un voluntariado natural, que nos sale del corazón. Malo, porque el hombre no se involucra lo suficiente por la falta de esa educación.

En la enseñanza que se da a la mujer para ser madre, es lógico que te debas sacrificar, ceder tu espacio y tiempo para tu esposo e hijos. Esa participación es tan grande que debes hacer renuncias personales para cumplir con los compromisos —familiares, laborales, sociales y personales—. Creo que la sociedad arma una estructura que nos hace fácil transitar a la acción social del voluntariado, por eso en los últimos años se ve que las mujeres han destacado en las luchas y compromisos sociales, y actualmente en la política.

Usted ha ido más allá del tema de turismo y seguridad, también ha incursionado en la lucha política.

Una cosa lleva a la otra. La participación social es una suma de uno y otro; la gente participa porque se siente parte de esa cadena.

El Frente Cívico por la Democracia nace a partir de la pérdida de gobernabilidad y abusos cometidos por el FRG (Frente Republicano Guatemalteco) y el riesgo de que gobernara cuatro años más: ese fue el punto de unión. Hay momentos en los que la lucha política es fundamental desde la sociedad civil.

¿Qué le falta por hacer?

Muchas cosas. Me falta conocer toda Centroamérica, porque tengo la ilusión de crear un turismo temático en la región; por ejemplo, de cultura, gastronomía, parques, fincas y otros. Profundizar la oferta turística comunitaria y rural, para elevar la calidad de vida. Tengo muchos planes en el futuro inmediato que me hacen tener mucha ilusión.

Al finalizar, Sandra Muralles asegura estar convencida de que, como ciudadanos, debemos acompañar los cambios y tener una actitud comprometida. “Los avances no se han dado solos, no han sido por complacencia de los gobiernos, sino empujados por la sociedad”, dice.

Algo más

La Asociación de Familiares y Amigos contra la Delincuencia y el Secuestro (Fads) fue creada para apoyar a las personas víctimas de secuestro o extorsión, en donde Sandra Muralles ha trabajado activamente.

Como integrante de la coalición de la sociedad civil pro justicia, fue elegida por el ex presidente de la República Óscar Berger, en el 2004, como integrante del Consejo Asesor de Seguridad (CAS). El grupo fue establecido en el Acuerdo sobre Fortalecimiento del Poder Civil y Función del Ejército, para lograr seguridad integral, entre autoridades y sociedad civil.

Por cuatro años estuvo al frente de la dirección de la Cámara de Turismo, cargo que dejó en el 2007.

Participó en el Frente Cívico por la Democracia, que trabajó en las elecciones del 2003, para que el FRG no continuara en el gobierno.

 
   

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