Arte en metal
Javier Lucas aprovecha para hacer otro tipo de creación en su taller de vehículos.

por ana martínez
de zárate
fotos: carlos sebastián
Todo el mundo tiene la necesidad de expresarse. Algunos escogen la escritura, el cine, la fotografía, la cocina, la música, la pintura o la escultura, entre otras muchas formas.
Javier Lucas tuvo esa necesidad, desde muy pequeño, y eligió la escultura. Al principio, cuando apenas sabía escribir, esculpía en barro, pero a escondidas porque “lo veían shuco”. Todavía era un niño cuando comenzó a trabajar en una fábrica de camas de metal. Fue allí donde descubrió su “material preferido”: es con el que hace la mayor parte de sus esculturas. Su deseo siempre fue “darle calidez y movimiento a este material que tiene fama de ser rígido y frío”.
Sin embargo, tenía tanta vergüenza y pensaba que lo que creaba no valía nada, que todo lo tiraba a la basura. Hasta que un compañero de labores le descubrió una y le gustó tanto la pieza que le pidió que se la regalara.
Lucas accedió y a partir de ese momento empezó a darse cuenta de que las obras que hacía, en las horas muertas en su taller de enderezado y pintura de vehículos, podían gustar y hasta emocionar. “Entonces, decidí salir del clóset”, bromea.
Ahora, su taller (ubicado en la 7a. avenida 6-45, zona 12), parece más de escuturas que de automóviles.
Sus obras, caracterizadas por sus formas sencillas, se exponen en estanterías y mesas muy bien colocadas, a la espera de que sean compradas, aunque el mayor deseo de Lucas no es ese, sino que provoque algo. “La mayor satisfacción de un artista es que su obra despierte alguna sensación en el espectador, ya sea buena o mala”. Porque ahora no le importa lo más mínimo las críticas, “han llegado a decirme: cómo voy a pagar por unos cuantos hierros viejos”.
Desde luego, este tipo de opiniones son una escasa minoría, porque, poco a poco, Lucas ha visto cómo, por sorpresa, llamaba el éxito a las puertas de su taller, adonde cada vez llega más gente interesada en su arte que en su oficio. Le han pedido que decore sitios como, por ejemplo, una peluquería; le han propuesto exposiciones que, si todo marcha bien, la primera será en septiembre, en la zona 1, e incluso le llevan otras obras en metal para que las repare.
Todo esto ha hecho que a sus casi 60 años se plantee dedicarse, el resto de su vida, a vivir de sus esculturas. “Todavía me quedan algunos años”, bromea; además, “sé que me va a ir bien”, asegura.
Y tiene mucho mérito, porque en un mundo donde todo está estudiado y medido, Lucas usa una técnica que le nace de dentro, porque no ha tenido ningún tipo de formación.
Solo durante un año, hace un par o tres, asistió a la Escuela de Escultura de la Municipalidad donde volvió a sus orígenes: al barro. En la exposición de fin de curso provocó una gran polémica por su obra La Vergüenza, una cara tapada con una mano, realizada con un terminado un tanto rústico. Los responsables del curso no aprobaban su exhibición; sin embargo, se mostró al público y obtuvo excelentes críticas.
El gran tema de su inspiración es el amor y la familia, a pesar de hacer muchas esculturas de otro tipo, como un Quijote, tecolotes o incluso dragones, tras superar un trauma oculto con este animal al que relacionaba con el diablo.

Perfil
- Javier Lucas, de 59 años, siempre sintió la necesidad de expresarse por medio de la escultura.
- La primera en metal que hizo fue hace 48 años, cuando apenas tenía 11.
- La primera que vendió fue hace 37 años.
- En la madurez de su vida, tiene el firme deseo de poder dedicarse de lleno a este arte.
- En su familia hay muchos artistas. Sus hermanos trabajaron la madera. Uno de sus hijos, Boris, que además lo acompaña en el taller de automóviles, es músico.
- En la actualidad, trabaja en una escultura contra el machismo.
- Su favorita es una mujer con un niño, inspirada en su nuera y su nieto.
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