Del buzón al correo electrónico
La evolución de la comunicación no ha provocado que desaparezca un sistema tan antiguo como vigente:
el correo.

por ana martínez de zárate
fotos: carlos sebastián
Con la aparición del Internet y del correo electrónico, se pensaba que la correspondencia tradicional dejaría de existir. De hecho, la mayoría de los jóvenes han perdido el hábito de sentarse con un lapicero frente a un folio en blanco para escribir a sus seres queridos. Según los últimos estudios de la Universidad de Barcelona, esta correspondencia de cartas domésticas ya representa solamente el 3 por ciento mundial.
Sin embargo, el efecto ha sido relativo, ya que la mayoría de entidades comerciales y bancarias siguen utilizando como vínculo con sus clientes el correo postal. Siempre se ha creído que la aparición de un nuevo medio de comunicación provocaría la desaparición de los anteriores, pero la historia nos demuestra lo contrario, ya que el teléfono no hizo desaparecer al telégrafo, ni la radio pudo con la Prensa, ni la televisión anuló la radio. Y el correo postal sigue existiendo con gran demanda, por ahora. De hecho, en Guatemala El Correo, empresa canadiense a la que se le concedió el servicio público de la correspondencia hace 10 años, en el 2007 recibió 50 millones de piezas, mientras que antes de que entraran ellos a operar, solo recibían 5 millones.
El correo es uno de los medios de comunicación más antiguos de la Historia. Se remonta a los tiempos del imperio medio egipcio, aunque fue el emperador romano Augusto quien estructuró el servicio postal tal y como lo concebimos en la actualidad.
Durante la Edad Media sus poseedores fueron las organizaciones religiosas, los reyes y los grandes señores feudales. Este sistema llegó a América a partir de 1580, fecha en la que se dictó la Real Ordenanza para la correspondencia entre España y las Indias. En Guatemala se hizo nacional a partir de 1836 en época de la Unión Centroamericana por orden de Francisco Morazán.
Telégrafo
Durante más de cien años el servicio postal convivió con el telégrafo. Este aparato, inventado por Samuel Finiley Morse en 1844, se inauguró en Guatemala de forma oficial en 1873 con el siguiente mensaje: “Hoy mando su galápago al hotel. Amistad. Recójalo. Felicidades. A. Bertholín”. Tiempo antes, se había intentado instalar una línea telegráfica en 1867 entre Amatitlán y la capital. Sin embargo, se tuvo que cerrar debido a la baja demanda.
Se convirtió, desde el principio, en el medio de comunicación de los políticos y personas adineradas debido a su rapidez, ya que algunos de sus mejores telegrafistas llegaban a transmitir casi una palabra por segundo y con la práctica educaron su oído tanto que podían simplemente con el sonido traducir el mensaje sin necesidad de leerlo en la cinta. Según José Antolín González, actual secretario de la Junta Directiva de la Asociación de Antiguos Telegrafistas de Guatemala, este aparato se convirtió en un elemento clave para “la unión de la nación” y de importancia vital no solo para la política, sino también para la industria, el comercio, la banca y las necesidades cotidianas de los pueblos y familias.
Trabajo duro
Ser telegrafista implicaba estar al servicio público 24 horas al día. En los pueblos, no podían abandonar su puesto ni de día, ni de noche. “Dormíamos ahí, con el receptor pegado al oído y ni siquiera descansábamos el Día del Telegrafista que se celebraba, y se sigue celebrando, todos los 27 de abril”, señala Carlos Monterroso Castellanos, antiguo telegrafista y miembro de la Asociación. La importancia del telégrafo era tanta que en las revueltas políticas uno de los principales objetivos era suprimir su servicio, ya que dejaba incomunicados al pueblo y a las autoridades locales. Otras veces las muertes eran provocadas por causas de la naturaleza. Por ejemplo, cada año había que cambiar de telegrafista en Quetzaltenango, debido a las corrientes eléctricas producidas por los rayos en días de tormenta. “‘Ahí te quedas enterrado’, les decíamos a los que les tocaba ir a allí”, recuerda Carlos Monterroso.
Privatización
La desaparición del telégrafo fue dramática y ocurrió cuando tras los Acuerdos de Paz se decidió privatizar el correo y el telégrafo, entre otras instituciones que hasta entonces eran públicas. Era el año 1998 cuando la empresa El Correo se hacía cargo de este servicio y decidía prescindir del telégrafo e imponía nuevas innovaciones para convertirse en uno de los servicios “más eficientes a nivel mundial”, destaca orgulloso Javier Lobo, gerente general de El Correo. Por ejemplo ya no está tan centralizado como cuando se distribuía desde un único sitio, ahora tienen nueve centros distribuidores.
Una de las mayores novedades que han incorporado al sistema es el llamado “correo híbrido”, en el que se combina el electrónico con las cartas postales físicas. Además existe la posibilidad de que se escanee el resguardo de entrega y se ponga a disposición del cliente en la página web.
Sin embargo, algunas cosas no han cambiado tanto. Y es que en algunas aldeas todavía existe la ayuda de los alcaldes auxiliares, quienes recogen la correspondencia para llevarla ellos mismos a sus destinatarios.
Fuentes: Dirección General de Correos y Telégrafos, El Correo, Asociación de Antiguos Telegrafistas y Universidad de Barcelona.
Historia
- Quince años después de la Independencia, en 1836, se nacionaliza el servicio de Correos.
- En 1866 se autoriza la creación de las estampillas postales. Se encomienda su fabricación a la Casa de la Moneda de París, y empieza a circular el 1 de marzo de 1871.
- El primer buzón se colocó en 1860 junto a la Administración General de Correos. Había un centinela las 24 horas de cada día para cuidarlo.
- En 1867 se instaló la primera línea telegráfica entre la capital y Amatitlán, pero por la poca importancia de sus relaciones se abandonó hasta que se reinauguró, otra vez, en 1873.
- En 1939, por orden del general Jorge Ubico, se fusionó el correo con el telégrafo.
- Se privatiza este servicio en 1998, que cae en manos de El Correo, empresa canadiense que decide prescindir del telégrafo.
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