Enjuiciamiento
por genocidio
El presidente de Sudán se encuentra en la mira de organismos a favor de los derechos humanos.
Por NICHOLAS D. KRISTOF
Muchos diplomáticos y trabajadores de ayuda sufrieron un ataque de pánico cuando el fiscal en jefe del Tribunal Penal Internacional buscó una orden de detención hace dos semanas para el presidente de Sudán, Omar Hassan al-Bashir, por cometer genocidio. Ellos temían que Bashir tomaría represalias mediante ataques dirigidos a pacificadores y trabajadores humanitarios.
Pero, en lugar de preocuparse, deberían estar aplaudiendo. La persecución jurídica por genocidio es una medida histórica que también crea una oportunidad en Sudán, particularmente si China ahora puede ser inducida y avergonzada, al punto que suspenda la transferencia de armas empleadas para masacrar a civiles en Darfur.
Si China continúa —es el principal proveedor de armas que se usan en ese genocidio— entonces podría estar violando la Convención sobre Genocidio de 1948. El artículo tres de esa convención declara que uno de los crímenes que se puede castigar es la “complicidad en el genocidio”; este es el crimen que China pudiera estar cometiendo si continúa suministrando armas empleadas para este fin, incluso después que el Tribunal Penal Internacional haya dado comienzo a procedimientos legales en contra del comprador de dichas armas.
Todo parece indicar que Pekín se muestra inmutable. De manera increíble, China y Rusia están actuando como los abogados de Bashir, exhortando discretamente al Consejo de Seguridad a que intervenga para demorar los procedimientos penales en su contra. Este tipo de retraso es desaconsejable, a menos que Bashir acceda a exiliarse.
De cualquier forma, a China sí le interesa su imagen. Si bien Pekín suministró armas al régimen genocida de Pol Pot en Camboya, se distanció del Jemer Rojo más tarde, conforme fueron en aumento las críticas en el ámbito internacional. De manera similar, China apoyó a Slobodan Milosevic hasta que fue acusado formalmente, pero, en ese momento, lo abandonó de inmediato.
Una de las pruebas de las actitudes de China estará en saber si Bashir es bienvenido o no en la ceremonia inaugural de las Olimpiadas el mes entrante. (Si el presidente Bush no tiene cuidado podría terminar sentado en la ceremonia entre Bashir y Robert Mugabe).
Si Pekín reacciona a Bashir de la misma forma que lo hizo con sus otros amigos criminales de guerra y suspende las transferencias de armas, entonces, existiría una verdadera esperanza para Sudán. Si Bashir temiera perder sus armas y refacciones, él estaría dispuesto a hacer concesiones considerables que volverían más probable un acuerdo de paz; y a final de cuentas, un acuerdo de paz que se pueda hacer valer es la única forma en que Darfur podría recuperarse.
Con base en datos de Naciones Unidas, 88 por ciento de las importaciones de armas pequeñas en Sudán vienen de China; al tiempo que estas ventas chinas de esas armas aumentaron 137 veces entre el 2001 y el 2006. China también ha vendido aeronaves militares a Sudán, y la BBC de Londres informó esta semana que dos aeronaves de combate A-5 Fantan, de fabricación china, fueron vistas en una pista de Darfur el mes pasado. La BBC también informó que China está entrenando a pilotos militares de nacionalidad sudanesa en esa misma región.
De manera similar, el grupo Human Rights First (Primero Derechos Humanos) en un informe sobre ventas de armas chinas a Sudán, asienta que ingenieros chinos supervisan la producción de armas en el complejo industrial de Gaid, en las afueras de Jartum. Empresas militares de China también han establecido armerías en las inmediaciones de Jartum en Kalakla, Chojeri y Bageer.
En vez de emitir una dura crítica en reacción a la perspectiva de una orden de aprehensión, Bashir pudiera verse obligado a adoptar la táctica opuesta: quizá se vuelva más cooperativo.
Al principio, Bashir empleó métodos brutales —milicias y una invasión mediante agentes de un país vecino— en su larga guerra en contra del sur de Sudán. Éste no pagó un alto precio, así que adoptó la misma política de tierra quemada en las Montañas Nuba. Cuando, una vez más, salió impune, de manera racional adoptó las mismas medidas para suprimir la insurgencia en Darfur.
Ahora, tenemos una amenaza de castigo que tiene alarmado a Bashir, y eso nos da un apoyo.
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