Oro
negro en la
verde selva
Guatemala tiene reservas de crudo que podrían ser de beneficio económico con una legislación bien sustentada.

por roberto villalobos
fotos: carlos sebastián
En medio de la selva petenera, incluso durante la noche, se escucha la estruendosa maquinaria de una enorme torre de perforación; es seguro que debajo del suelo hay petróleo.
La labor de cientos de trabajadores es ardua: apilan pesados tubos de acero, vigilan los sistemas de cómputo, hacen cálculos o giran órdenes, entre otras tantas funciones; mientras tanto, otros duermen —inexplicablemente— en los remolques localizados a las orillas de la estructura.
Tras una baja en el precio internacional del hidrocarburo en 1999 —debido a una temporal crisis asiática—, aquél se ha incrementado en forma exponencial luego de la invasión de Estados Unidos a Irak, principalmente en el año en curso, en el que el barril del petróleo ha alcanzado la cifra récord de US$147. Esta tendencia, aunque negativa para el consumidor final, es favorable para las compañías petroleras que operan en Guatemala, ya que su producto adquiere más valor.
“Entre más alto es el precio en el mercado, más rentable se vuelve el área de explotación”, dice Douglas Rosales, ejecutivo de Perenco Guatemala Limited, empresa que extrae el oro negro al norte del país. Por lo tanto, de mantenerse las condiciones actuales, el Estado guatemalteco obtendría más regalías. El problema es la seguidilla de escándalos de corrupción que ocurren en las entidades estatales, por lo que queda la duda de si la fiscalización de la Contraloría General de Cuentas de la Nación es adecuada, y de la labor que ejecuta el Ministerio de Finanzas Públicas con los fondos captados.
Mientras se resuelve esa interrogante, las comunidades cercanas a los sitios de exploración y explotación petrolera solo saben que “por allí hay fábricas”, pero no palpan beneficio alguno: es la misma pobreza y falta de oportunidades para crecer económicamente.
En el corazón del tigre
Cerca de la frontera mexicana se localiza el área Xan, en Petén. Los yacimientos petroleros se ubican debajo de la vasta selva conformada por montañas, ríos, pantanos, lagunas, lagos, y gobernada por exóticos animales, como tigres, venados, monos, aves, lagartos o serpientes.
Es allí, próximo a la Laguna del Tigre, donde se produce cerca del 93 por ciento del crudo guatemalteco: unos 13 mil 670 barriles diarios. Tal situación es una oportunidad para que los habitantes de la zona dispongan de mejores condiciones de vida, pues con los ingresos percibidos por el Gobierno —US$65 millones en impuestos por la producción registrada hasta mayo del 2008, y que se proyecta que se incremente a US$140 millones para finales de este año—, bien podrían construirse centros de salud, escuelas, estructura vial, áreas recreativas o incentivar el desarrollo económico.
Sin embargo, la oportunidad podría desaparecer en algún tiempo: aunque la producción petrolera se ha mantenido relativamente estable desde 1996, la extracción ha decaído poco a poco desde el 2004. “Las reservas existentes en los yacimientos que operamos durarán entre 15 y 20 años”, calcula Rosales.
ñ Según expertos petroleros, en los últimos años, el Gobierno no ha incentivado la exploración de más áreas con grandes probabilidades de tener petróleo, en especial en la cuenca de Petén. Tal actitud se debe al temor del Gobierno a fracasar en una licitación, a la falta de visión a futuro y a la presión de grupos ambientalistas. “Guatemala solo agota reservas, y eso se refleja en la caída de la producción”, expresa Alejandro Contreras, ingeniero petrolero independiente y ex ministro de Energía y Minas, entre 1983 y 1986.
Vistazo al pasado
La exploración petrolera guatemalteca se inició a finales de la década de 1930, cuando se efectuó un programa fotogeológico en las regiones de La Libertad, Chinajá y en el río La Pasión. En 1944 empezaron estudios geológicos hasta que, en 1958, se perforó el primer pozo en Morales (Izabal), bautizado como Castillo Armas-1; el resultado: no había nada. Ese fue el primero de 10 pozos exploratorios que se trabajaron hasta 1962.
Dos años más tarde se hicieron más pruebas, esta vez en la cuenca del Pacífico, en donde se hallaron buenos indicios de gas. En 1972 se perforó el pozo Petrel-1, que tuvo resultados negativos.
Un decreto gubernamental, firmado en 1967, permitió la exploración en los parques nacionales guatemaltecos. Rubelsanto, al sur de Petén, fue el primer sitio elegido para trabajar. En búsqueda de azufre, la estructura llamada Tortugas encontró petróleo. Ese sería el comienzo de la etapa contemporánea de la exploración del crudo del país.
En 1976 se formó la Comisión Nacional Petrolera y, a la vez, empezaron las labores de exploración los grupos multinacionales Centram y Shenandoah, este último conformado por Shenandoah, Saga y Basic.
Fue en 1978 cuando se empezó con la construcción del oleoducto que conectaría Rubelsanto con el puerto de Santo Tomás de Castilla, el cual empezó operaciones en 1980.
La exploración y producción de oro negro fueron vistas con buenos ojos por la cúpula gubernamental de entonces, por lo que, a mediados de 1983, se promulgó la nueva Ley de Hidrocarburos y su reglamento, el cual continúa vigente hasta ahora.
Deficiencias
Un problema al que se enfrentaban las compañías petroleras era la incursión de las guerrillas en los campos de exploración y producción. Tiempo más tarde —y aún ahora— los petroleros se ven asediados por la inseguridad, pues el narcotráfico ha invadido territorios con el apoyo de pobladores al servicio de ese grupo. Asimismo, corren peligro al verse rodeados por campesinos que llegan a invadir la zona de forma ilegal. Es un tema del que nadie se atreve a hablar, pero que es evidente.
“Incluso, por aquí pasan indocumentados cargando sus mochilas; aquí nadie los ve, pues no hay presencia policial. Esa gente, entre centroamericanos y sudamericanos, se dirigen hacia México, en su travesía hacia Estados Unidos”, cuenta un encargado de Perenco.
Este escenario se torna desfavorable para que el país atraiga nuevas inversiones de riesgo, como la industria petrolera. El asunto es que llegará el momento en que se agote el recurso, y el Estado deje de captar las regalías que se producen.
En la actualidad, está por discutirse la iniciativa de ley que crea el Fondo del Petróleo (Fonpetrol). El factor positivo es que se pretende distribuir las regalías por la extracción del crudo, y brindar el 5 por ciento a los consejos departamentales de Desarrollo, 20 por ciento más que se repartiría entre los consejos departamentales de Desarrollo en las áreas de operación petrolera, y 3 por ciento a instituciones de vigilancia o encargadas de recuperar las áreas protegidas. No obstante, se esconde en el fondo un aspecto dudoso, como autorizar prórrogas automáticas de los contratos petroleros vigentes, hasta por 25 años.
Los cabildeos del ministro de Energía y Minas, Carlos Meany, con los congresistas parecen haber rendido frutos, pues la iniciativa toma fuerza, al punto de que la Unidad Nacional de la Esperanza estaría dispuesta a apoyarla, a pesar de su inicial oposición. Nineth Montenegro, diputada de Encuentro por Guatemala, indica que a su bancada “le parece muy bien la iniciativa de ley, pues parte de las regalías iría directo a las comunidades en donde se explota el petróleo”, aunque recalca que el problema está en la mencionada renovación inmediata de los contratos existentes hasta ahora, lo cual, a su juicio, no debería haberse incluido. Además, de aprobarse esta medida, podría notarse un éxodo de poblaciones hacia los sitios de explotación, lo cual podría ser contraproducente ante la posibilidad de invasión de territorios por parte de ciertos grupos y la destrucción del patrimonio nacional.
Para el experto petrolero Alejandro Contreras, el Estado debería renegociar y brindar oportunidad a otras compañías extranjeras con más experiencia y capital para hacer inversiones de riesgo.
Ciudad petróleo
A pesar de que la economía de Guatemala no depende de la producción de crudo, las empresas que aquí operan han invertido millones de dólares para maximizar sus operaciones, tanto en la capacitación de personal como en infraestructura.
En los campos petroleros hay ingenieros que han diseñado complejos mapas digitales del área o encargados de seguridad industrial, en donde todos deben cumplir una serie de pasos, para evitar cualquier tipo de accidente que atente contra ellos mismos o un desastre medioambiental.
Dentro de las salas de cómputo se muestra información en tiempo real de todos los pozos de extracción, estaciones de bombeo u oleoducto, por ejemplo. Con esos datos, los administradores del sistema pueden supervisar el consumo de energía eléctrica, funcionamiento de los pozos, niveles de producción o detectar fugas.
En el pasado, las autoridades de Gobierno apenas le ponían atención al medioambiente, menciona Contreras. Ahora, proteger el entorno es uno de los pilares tanto de las compañías explotadoras como del Ministerio de Energía y Minas.
El cuidado ambiental, asimismo, es supervisado por el Ministerio de Ambiente y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).
En tanto, grupos ambientalistas se muestran en contra de toda actividad petrolera en el país, pues sus actividades son “sinónimo de muerte”, según dicen. Óscar Conde, coordinador del colectivo Madre Selva, argumenta que “la industria petrolera ha causado grandes derrames en la historia, que han causado daños irreversibles a la flora y fauna”. Sin embargo, los petroleros argumentan que mantienen en buenas condiciones el equipo, pues así se disminuye la cantidad de desperdicios y, además, “resulta más barato tener bien la maquinaria que limpiar algún desastre”, apunta Hugo Cáceres, gerente de campo de Perenco. La pugna entre ambos grupos parece algo normal. “Los problemas ambientales existen, pero puede llegarse a un acuerdo, en donde el Gobierno supervise. Considero que una actividad no riñe con la otra; los problemas empiezan cuando hay pensamientos de fanatismo”, expresa Contreras.
Fin de una era
Es indudable que la civilización actual depende del petróleo. Sin embargo, éste es un recurso natural que tarde o temprano se terminará y que, además, continuará una gradual subida de precios por los efectos de la guerra, de la especulación, de la caída del dólar y de la presión que ejercen países como Venezuela, Nigeria, Irán o Estados Unidos sobre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), para tener el poder sobre el manejo y precios del crudo.
Guatemala tiene reservas, aunque éstas no son suficientes para abastecer el propio mercado, ni tienen la calidad adecuada para producir combustible.
Aunque los ingresos por la producción de oro negro es una posibilidad y una entrada extra para las arcas del Estado, también se deben supervisar las políticas con las que se manejan, para que todos ganen en igualdad de condiciones.
Muchos hablan de lo bueno o de lo malo de adherirse a Petrocaribe, otros que sería mejor con la mexicana Pemex (una opción inviable, pues los yacimientos aztecas se acaban y pronto podría haber una reducción en su producción que no podría aguantar con la demanda de México). Lo cierto es que los guatemaltecos deben aceptar una dura realidad: llegó el fin de la era del petróleo barato.
Calidad
del crudo
El petróleo que se extrae de Xan, al norte de Petén, es muy pesado, con alto contenido de azufre, con el cual solo se puede producir asfalto y fuel oil. Es por esa razón que su valor en el mercado es inferior en comparación a los crudos de países como México o Belice (el precio actual se cotiza en unos US$85 por barril). El 97 por ciento se exporta a Estados Unidos, en donde se mezcla con otros tipos de crudo para hacer combustible en sofisticadas refinerías. Guatemala tiene una mini-refinería en La Libertad, Petén, pero no cuenta con la tecnología ni capacidad necesarias.
Según el ingeniero petrolero Alejandro Contreras, es muy probable que en la biosfera maya exista petróleo liviano con el que se puedan producir combustibles (gasolina, diésel). Sin embargo, de llegarse a explorar ahí, se corre el riesgo de acabar con los bosques y dañar las ancestrales estructuras mayas que, incluso, puede que no se hayan descubierto aún. En tanto, Rodolfo Sosa, ex presidente de la petrolera Basic (que vendió su participación en la explotación de petróleo a Perenco), indica que “el Ministerio de Energía y Minas posee información muy completa acerca de los campos peteneros”, que podrían dar indicios acerca de las posibles reservas que ahí existen. “Esa información, por alguna razón, no la divulgan”, menciona.
De hecho, al sur de Petén, el crudo es más liviano, pero se han encontrado pequeñas reservas.
Para Contreras, la solución para no acabar con el petróleo existente es explorar más territorio, de manera equilibrada y con la supervisión de entes estatales y de los grupos que apoyan al medio ambiente.
Cuadro estadístico
- Comparativo de las repúblicas hispanoamericanas, en 1930, por Alfredo Schlesinger.
- Según los datos recopilados, para ese año Guatemala tenía unos dos millones de habitantes.
- Fueron enviados y recibidos un millón 672 mil 451 mensajes telegráficos.
Contaba con 385 oficinas postales
- Había tres mil 145 aparatos telefónicos
- Cantidad de vehículos: tres mil 94 (2 mil 101 autos, 791 camiones y 202 autobuses).
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