“Para ser buen médico hay que involucrarse”
Lourdes Santiso
ha creado la única
clínica en Guatemala dedicada a quemaduras.
Muy pronto en el país se contará con una unidad especializada que se ubicará en el Hospital Roosevelt.
por ana Martínez de zárate
fotos: carlos sebastián

Se nota que Lourdes Santiso ama lo que hace. A pesar de que podría estar ganando mucho dinero en una clínica de estética, prefirió dedicarse a curar quemaduras, en el único país de Centroamérica que no cuenta con una unidad especializada. Pero poco a poco ha ido consiguiendo lo que quiere: ya tiene una clínica y una fundación, y ha impulsado la construcción de la primera unidad de quemados en el Hospital Roosevelt.
¿Desde cuándo comenzó su interés por ser médica y por tratar a los quemados?
Desde pequeña quise ser médica. Influyó que mi padre era médico. Hice cirugía general, primero en el San Juan de Dios, y luego me especialicé en cirugía plástica en Río de Janeiro. Allí, en las prácticas, había que pasar cierto tiempo en un servicio de quemados. Estuve cerca de tres meses y me gustó mucho. Vine con la idea de que teníamos que mejorar las condiciones de manejo aquí. Pero lo decisivo fue que me di cuenta de las carencias y necesidades que habían, ya que me dediqué, en los hospitales públicos en los que trabajé, a practicar cirugía plástica pediátrica, y la mayoría de pacientes que tuve había sufrido quemaduras.
Guatemala, por ahora, es el único país de Centroamérica sin unidad de quemados. ¿Es el país más atrasado en este tema?
Sí. Además es el único que no tiene un hospital pediátrico. Los más atrasados en este tema somos Guatemala y El Salvador, porque a las quemaduras no se les ha dado la importancia que tienen, pues, por ejemplo, en los estudios que se hacen desde el ministerio sobre cuáles son las principales causas de atención en los hospitales, en Guatemala los resultados son: diarrea, desnutrición e infecciones respiratorias.
Y evidentemente muchos de los esfuerzos se van a esos tres padecimientos, que son los que causan más mortalidad infantil. Eso también pasa en Nicaragua, por supuesto, pero allí la diferencia la aporta la Asociación Aproquen, que apoya este tema desde hace 15 años. El edificio nuevo que se está creando en el país para la unidad de quemados lo están financiando empresas privadas y organizaciones no gubernamentales; el Gobierno no pone nada. El compromiso de los gobernantes es pagar los suministros y al personal.
¿Cuál es el modelo que se está siguiendo para la construcción de la unidad de quemados?
He viajado a hospitales de EE. UU. que, como cualquier país desarrollado, está muy avanzado, y tiene hospitales dedicados solo a quemaduras, pero el patrón que hemos seguido es el de Nicaragua. Logramos que los mismos patrocinadores que ellos tienen vinieran a Guatemala y confiaran en nosotros. Luego buscamos apoyo local y construimos este primer programa, que es el de Rehabilitación de Quemaduras.
El segundo paso es construir la unidad, que está en proceso y que se prevé que se concluya en septiembre, aunque luego hay que equiparla, y eso nos va a llevar un poco más de tiempo. Hemos seguido este patrón porque las quemaduras deben tratarse de forma integral con un hospital, rehabilitación y programas de prevención.
¿Qué instituciones han colaborado en la creación de la clínica de quemados?
Participan el Patronato del Hospital Roosevelt, la Fundación Pantaleón y otra estadounidense, que es la que nos da la materia prima y la capacitación. Y nos dedicamos a atender a personas de escasos recursos económicos que ya han salido del hospital.
¿Qué es lo que más le gusta de su profesión?
Me encanta trabajar con niños. Me enseñan mucho. El manejo de las quemaduras generalmente provoca mucho problema emocional, porque el manejo del dolor es muy difícil, y hay muchos médicos y paramédicos que rechazan este tipo de pacientes porque el tratamiento es largo y doloroso, pero a mí me gusta trabajar con ellos y darles la oportunidad de que se reintegren.
¿Y lo que menos?
A veces el ayudar es difícil porque surgen ciertos problemas que lo obstaculizan; hay muchos “peros” que surgen en el camino.
¿Se pone una coraza para que no le afecte de forma emocional un caso que esté llevando?
No, eso no debe ser así. Si uno se pone una coraza se convierte en un técnico. Uno tiene que involucrarse con el paciente y con la familia. Y es cierto, eso es complicado. De hecho, las personas que manejan niños quemados y tienen mucho contacto, ellos mismos necesitarían sus propias terapias.
Es un dolor constante y, si no lo sabes manejar bien, hay períodos de depresión. Yo el mes pasado estuve deprimida porque se me murieron dos niños. Pero si el médico pone esa barrera, no va a ser un buen médico. Hay que saber cuál es la necesidad emocional del paciente. Hoy los médicos tenemos que tener nociones de psicología.
La medicina va cambiando con el tiempo, y en la actualidad se está volviendo más holística, que quiere decir que no solo se trata el cuerpo. Tener lazos con el médico hace que el paciente se recupere antes. Nosotros tratamos de hacer eso. Lo que pasa es que las condiciones de los hospitales públicos son muy precarias, y contratar gente que proporcione todas esas terapias no es posible, y, finalmente lo tiene que hacer el médico. Pero debería haber gente solo para apoyar al paciente y también a su familia, sobre todo en el caso de quemaduras, ya que producen un trauma que hace que cambie todo el esquema de vida familiar.
¿Cuentan con psicólogos?
De fijo no, porque no tenemos dinero suficiente para pagar los honorarios, pero tenemos voluntarias. Una es psicóloga, y otra, orientadora familiar. Desde que empezaron a venir nos han ayudado mucho en lo que es la terapia de apoyo a pacientes.
En la clínica, en total, somos solo seis trabajadores. Nos gustaría tener más, porque no damos abasto, a pesar de que no hay encamamiento. Por ejemplo, para hacer cirugías reparadoras, como estamos desbordados, lo que hacemos es escoger una semana al año en la que nos dedicamos todos los días a hacer operaciones de este tipo, y vienen otros médicos a ayudarnos; por ejemplo, este año vino uno de Nicaragua, un estadounidense… En la futura unidad se van a necesitar por lo menos unas 20 personas.
¿Cómo surgió la idea de crear una fundación?
El año pasado se creó una fundación específica para gestionar los donativos; tuve la suerte de encontrar a gente muy comprometida con esto. Nuestros objetivos son crear la unidad de quemados, que ya se está construyendo, y educación para informar, ya que el 80 por ciento de las quemaduras se producen por accidentes que pueden ser prevenidos. La fundación ocupa un espacio que nadie antes lo había tomado.
Se hace mucha campaña a finales de año, por los cohetes, pero las quemaduras producidas por estos artefactos representan solo el 8 por ciento del total. La mayoría de las veces se producen en la cocina, por despistes. Los niños mayores se queman por fuego, manipulan gasolina, queman basura. Ahora se están dando muchas quemaduras por electricidad, ya que los niños se suben a los tejados de las casas, y los cables no están protegidos y están a baja altura. Este año ha venido el doble por este tipo de quemaduras que el año pasado. Además este tipo es de vida o muerte, y casi siempre sufren la pérdida de un miembro.
¿Cómo es la rehabilitación?
En las quemaduras extensas y profundas la cicatriz tiende a ponerse gruesa, roja y pica mucho, para evitar todo esto, luego de que terminan de sanar, se ponen un traje, que es como de licra, y tienen que llevarlo diferente tiempo, según los casos. Algunos hasta un año. Tratamos de minimizar las consecuencias de una quemadura, que no son solamente estéticas. Antes, las articulaciones se deformaban completamente, y eso es ya invalidez.
Luego tienen que hacer algunos ejercicios, que comenzamos incluso estando ingresados en el hospital, y en algunos casos es necesaria la cirugía reconstructiva o reparadora.
¿Se suelen recuperar física y psicológicamente?
La verdad es que cuesta. En niños tenemos el problema de la baja autoestima. Hay bastantes que no han regresado a la escuela, porque se burlan de ellos. En otros países hay programas de reinserción social, aquí no, y lo que hacemos es hablar con los padres, incluso hemos ido a las escuelas para hablar con los directores.
¿Compatibiliza este trabajo con una clínica privada?
Sí, porque nosotros no podemos vivir de lo que nos paga el ministerio. Yo tengo una de cirugía estética, y lo hago porque es como mi complemento, pero si yo quisiera hacer dinero, solo haría eso. En realidad a mí me gustaría dedicar todo mi tiempo a los quemados, si fuera económicamente factible. En cirugía estética hay cosas que dan satisfacción, pero no es lo mismo.
¿En qué consiste la campaña de Esso “Ayúdanos a ayudar”?
En que durante dos meses (julio y agosto) lo que se compre en las tiendas Esso será donado a la fundación y a la clínica. Estos fondos recaudados van a ser muy importantes para nosotros, porque lo más difícil es equipar y mantener la futura unidad de quemados, por lo que los vamos a utilizar en equipamiento y quizás para comenzar el segundo nivel del edificio de la unidad de quemados, porque el primero es solo para aquellas que no son críticas, pero cada vez nos llegan más graves.
¿Es optimista respecto del futuro?
Sí, la asociación Aproquen nos está ayudando mucho; tenemos empresas privadas que también nos apoyan, organizaciones no gubernamentales, Pantaleón... Ya no solo dependemos de lo que nos ofrezca el Gobierno, porque la sociedad y las empresas se empiezan a involucrar. |