Semanario de Prensa Libre • No. 212 • 27 de julio de 2008

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En primera persona

Un hombre de palabra
Maestro y carpintero del bello Quiché

Noble y fuerte, como la madera que sus manos han labrado durante casi 40 años, mi padre, Humberto Noriega Girón, huérfano desde los seis años, vivió su niñez al amparo de sus hermanos mayores Ángel y Antonio, en Zacualpa, Quiché. Carencias y luchas diarias forjaron en todos los integrantes de la familia Noriega Girón un espíritu inquebrantable de trabajo y superación.

Mi padre, quien desde su temprana juventud comenzó a trabajar como carpintero, formó un hogar con mi madre, Linda Reynoso, quien dejó su natal Suchitepéquez para vivir en tierra fría y cuidar de su familia.

Fue contratado como maestro en Joyabaj, Quiché, pueblo que lo acogió como a un hijo, en 1980, y puso su propio taller de carpintería.

Abuelo y padre de crianza de mi hijo mayor, ha entregadosu vida a su familia, dando un ejemplo de amor, honradez y responsabilidad, pues siempre ha considerado como grandes virtudes el trabajo digno y el buen nombre.

Respetado como maestro, y sobre todo como un hombre de palabra, mi padre, quien todos en el pueblo conocen como el profesor Humberto, forma parte de una generación con fuertes valores morales. Para él, la palabra empeñada y un apretón de manos bastan para cerrar un trato.

Quien tiene en su casa un mueble hecho por las manos de este hombre, tiene la certeza de que perdurará durante muchas generaciones, pues cada uno ha sido cuidadosamente preparado para ser, no solo hermoso, sino también duradero.
Hoy, a sus 65 años, sigue aportando para el sostén de sus hijos, sin esperar nada a cambio más que la continuidad de los valores inculcados.

El trabajo pesado y las secuelas de un atentado, que en 1981 casi le costó la vida, han hecho difícil su caminar; sin embargo, aún ejerce su profesión, así que quienes tienen la paciencia de esperar por su trabajo, son recompensados al recibir un mueble de excelente calidad.

Zoila Marina Noriega Reynoso

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