En tren por Argentina
Máquinas de antaño se abren paso entre bellos paisajes.

Por Almudena Calatrava
Los parajes más sobrecogedores de Argentina pueden recorrerse en pintorescos trenes, rescatados del paso del tiempo, que se abren paso entre valles, estepas patagónicas, selvas y sierras multicolores. Algunos de estos ferrocarriles acondicionados para excursiones de varias horas son el Tren del Fin del Mundo, el Tren a vapor de Bariloche, la Trochita, el Ferrocarril de Villa Elisa, el Tren Ecológico y el de Las Nubes.
El Tren del Fin del Mundo o Ferrocarril Austral Fueguino inicia su recorrido en las afueras de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, para después adentrarse en el Parque Nacional Tierra del Fuego. Atraviesa el Cañadón del Toro y cruza el río Pipo sobre el Puente Quemado. En la Estación Cascada de la Macarena hay una reconstrucción de un asentamiento de los antiguos indígenas de la zona.
Después, el ferrocarril ingresa en el bosque subantártico, uno de los pocos existentes en el mundo, para llegar a la estación Parque Nacional. El tren tiene coches clase turista, de primera clase y un vagón presidencial, todos con calefacción para hacer placentero el viaje durante el crudo invierno.
Del peligro
hacia el turismo
El ferrocarril se empleaba en el siglo XX para el traslado de los materiales utilizados en la edificación de un penal de Ushuaia, en el cual estaban confinados los presos más peligrosos de Argentina.
La formación se adentraba en zonas boscosas donde –bajo la nieve y un frío inclemente- los presos talaban los árboles. En 1947, el penal fue cerrado y, pocos años después, el “Tren de los Presos” dejó de circular, pero a mitad de los años noventa el viejo ferrocarril retomó su recorrido, esa vez para fines más agradables y turísticos.
En tanto, el Tren a vapor de Bariloche parte de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro (sur de Argentina), y llega a la estación Laguna de los Juncos, a 25 kilómetros, después de parar en distintas estaciones desde las que se puede admirar el paisaje patagónico, salpicado de grandes lagos y bosques.
La formación es de 1912. Tiene una locomotora escocesa a vapor que arrastra varios vagones, uno de los cuales tiene sala de estar, bañera y estufa a leña. La formación recorre el entorno del lago Nahuel Huapi, y luego ingresa en la estepa patagónica. Durante el trayecto se aprecian los imponentes cerros Catedral, Tronador y Capilla, de la Cordillera de los Andes.
Este ferrocarril fue rescatado por los admiradores del Ferroclub Argentino del parque de trenes abandonados de Argentina. Aún guarda huellas de la historia, como una antigua inscripción tallada a navaja que dice “Viva Yrigoyen”, en referencia con el dos veces presidente argentino Hipólito Yrigoyen.
También, en el sur argentino, se puede viajar en La Trochita o el Viejo Expreso Patagónico, que parte de la estación de Esquel, en Chubut, y transita durante más de dos horas por la estepa patagónica hasta la colonia Nahuel Pan, asentamiento de descendientes de aborígenes mapuches. Otro trayecto es el que cubre El Maitén-Esquel, para grupos numerosos.

El Viejo Expreso Patagónico recorre el sur.
Paisaje patagónico
Este es uno de los pocos trenes a vapor originales que circulan en el mundo y es único por la escasa separación entre sus rieles, de tan solo 75 centímetros. Las locomotoras Heschel y Baldwin, unas verdaderas reliquias, tiran de los pequeños vagones de madera con estufa a leña, mientras se abren paso a través de parajes de carácter patagónico.
Al este de Argentina, en la provincia de Entre Ríos, el Ferrocarril de Villa Elisa conecta las localidades de Villa Elisa y Caseros, distantes a 36 kilómetros.
Tiene una locomotora que data de 1928 y que funcionaba a vapor. Ahora es movida con un motor diésel, mientras que los dos vagones fueron reconstruidos para conservar el estilo de la época. El recorrido se realiza por un campo llano con pequeñas y pujantes poblaciones, escenario en el siglo XIX de batallas que comandaban los caudillos de la región.
Más al norte, en la zona limítrofe con Brasil y Paraguay, El Tren Ecológico o Tren de las Cataratas cubre un recorrido de siete kilómetros dentro del Parque Nacional Iguazú.
El tren tiene una locomotora a gas que arrastra vagones con asientos de madera y grandes ventanales que permiten gozar del paisaje selvático.
Por último, en la provincia de Salta, en el noroeste argentino, está previsto que en julio funcione de nuevo el Tren de las Nubes. Arranca de la ciudad de Salta y transita 219 kilómetros con vistas impresionantes a cerros multicolores de la Cordillera de los Andes, hasta arribar al viaducto La Polvorilla, cuando queda “suspendido” a 70 metros de altura y 4.200 metros sobre el nivel del mar.
EFE |