Tras las huellas de
un pionero
Hace 40 años falleció
el doctor Franz Termer, un incansable investigador y enamorado de Guatemala.

Por Sébastien Perrot-Minnot
“Termer fue geógrafo en primer lugar, vulcanólogo en segundo, arqueólogo en tercer lugar y, en cuarto, tal vez, quinto, etnólogo.” Así trata de definir el arqueólogo alemán Wolfgang Haberland los campos de investigación de su compatriota en un artículo publicado en la revista Mesoamérica, en diciembre de 1995, Recuerdos de un maestro: Karl Ferdinand Franz Termer (1894-1968).
Podríamos agregar “historiador” a la lista. En realidad, es difícil seguir a Termer en los meandros de sus estudios. Tan difícil, tal vez, como haberlo seguido en sus largos recorridos a pie y sus innumerables ascensos a volcanes. En una época donde se especializaban cada vez más los científicos, el incansable investigador alemán tenía la ecléctica curiosidad intelectual de los exploradores y naturalistas del siglo XVIII y principios del XIX. Pero ello no debilitó el valor de sus trabajos, al contrario, desarrolló de manera temprana la “pluridisciplinaridad”, poniendo la geografía y la vulcanología al servicio de la arqueología, ésta al servicio de la historia, la etnología al servicio de la arqueología y la historia, etc.
La carrera de Termer explica esta multifacética actividad científica. En su ciudad natal, Berlín, estudió bajo la influencia del gran profesor Eduard Seler (1849-1922) quien dirigía el Museo Real Etnográfico (donde ya se podían admirar varias esculturas precolombinas de la región de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla).
De 1929 a 1935, Franz Termer fungió como profesor de geografía en Würzburg, antes de ocupar, de 1936 hasta 1962, el cargo de director del Museo Etnográfico de Hamburgo y la cátedra de etnología de la Universidad de esta ciudad del norte de Alemania.
Realizó investigaciones en México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, pero su destino predilecto era, sin duda, Guatemala. Recuerda Haberland que para Termer, “Guatemala representaba algo así como una segunda patria. ¡No había otro país —probablemente ni siquiera Alemania— que le llegara a la suela del zapato a Guatemala!”. Esta pasión por el “país del eterna primavera” se originó, en particular, en la profunda influencia del geógrafo y etnólogo germano Karl Sapper (1866-1945), a quien Termer había seguido a la Universidad de Würzburg, después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
El doctor Termer efectuó un considerable trabajo pionero relacionado con la arqueología mesoamericana. En Guatemala, donde emprendió varios viajes entre 1925 y 1961, concentró sus esfuerzos en la costa del Pacífico, explorando sitios como Palo Gordo y Chocolá, en Suchitepéquez; El Baúl y San Andrés Osuna, en Escuintla; Ixpaco, en Santa Rosa, y La Nueva, en Jutiapa.
Tuvo una relación particular con Palo Gordo. En 1938-39, realizó algunos trabajos de campo en este centro de la cultura de Cotzumalguapa (Clásico Tardío, 600-900 d. C.) y planeó conducir excavaciones allí en 1940. Lamentablemente, el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) lo obligó a aplazar este proyecto, que finalmente fue llevado a cabo en 1960.
Los antiguos alumnos y colegas de Termer recuerdan sus interminables marchas por los caminos más difíciles y en medio de todo tipo de peligros. De hecho, como solían recordarlo mis profesores de la Sorbona, una investigación arqueológica siempre termina a pie (y también puede empezar a pie). La inclinación de Termer por el viaje pedestre no significa, entonces, un rechazo de la tecnología moderna. Al contrario, el científico alemán no perdía una oportunidad para usar herramientas nuevas. Desde su primer viaje en Guatemala, por ejemplo, usó una cámara de cine; como lo recalca Haberland: “En esta área Termer fue un pionero, al menos en Guatemala”.
Cabe insistir en otros aspectos importantes de la obra de Termer: su imponente documentación, la minucia de las descripciones, el rigor de los levantamientos y un espíritu deductivo que recuerda el de un Sherlock
Holmes o un Hercule Poirot. En cuanto a la personalidad del profesor germano, se caracterizaba por cierta timidez, una inagotable paciencia y una gran generosidad y amabilidad con gente de todas condiciones sociales. Los que fueron estudiantes de Termer recuerdan con emoción las constantes atenciones y la ayuda del maestro. Éste vivió momentos difíciles durante la cruel y despiadada dictadura de Adolfo Hitler (1933 y 1945). Todos los testimonios concuerdan en que Franz Termer solo sentía aversión por la ideología totalitaria y racista de los seguidores de Hitler y nunca fue miembro del partido nazi.
La labor de Termer le valió muchos honores, entre ellos, la Orden del Quetzal en 1963. El recorrido del investigador alemán por los caminos de este mundo finalizó el lunes de Pascua de 1968. En Guatemala, el doctor Francis Gall, entonces presidente de la Sociedad de Geografía e Historia (de la cual Termer era socio honorario), pronunció en 1969 un vibrante elogio al que los campesinos llamaban con afecto “don Pancho”.
Wolfgang Haberland concluye así el artículo sobre su antiguo maestro: “Con el pasar de las generaciones, su recuerdo habrá de desvanecerse, pero esperamos que algunos de sus aportes perduren y continúen recordándose, en especial, en su amada Guatemala”.

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