Semanario de Prensa Libre • No. 205 • 08 de junio de 2008

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D fondo

Calidad para los pies
Guatemala es líder en producción de zapatos en Centroamérica


Industria Hola de Centroamérica fabrica dos mil pares diarios.

por ana martínez de zárate
fotos: carlos sebastián

Apartir de la invasión de los productos del calzado chino, que aumentó a principios del presente siglo, la industria nacional de este producto sufrió una grave crisis. En la actualidad, se está recuperando gracias, en gran parte, a la explotación de sus puntos fuertes: calidad e innovación.

Gran habilidad

Se dice que este país tiene mucha tradición en el calzaldo. Incluso, aunque no esté claro el origen de la palabra chapín, la mayoría la reconoce como un tipo de zapato. “Todavía es una cuestión oscura, pero se cree que desde España en el siglo XVIII y XIX llegaba a la capital un tipo de zapato de cuero y con chapas que luego era repartido por todo el país y al resto de Centroamérica”, explica el antropólogo Carlos René García Escobar. Esta es la razón por la que “los centroamericanos (salvadoreños y hondureños sobre todo) comenzaron a llamarnos chapines”.

Tal tradición fue uno de los factores predominantes para que el español Luis Amorós Gil, dueño de Industria Hola de Centroamérica, hace 15 años se decidiera a venir de Alicante (España) hasta aquí para instalar una fábrica de este producto. “Estoy muy contento con la elección de Guatemala.

Primero, nos enamoró el lugar, pero es que en este país existía una base muy sólida de esta industria. Los mejores zapatos de Centroamérica están hechos aquí. La mano de obra es especializada y los trabajadores están tan preparados como un europeo”. De hecho, en 1932, el Comité para el Fomento de la Industria, instaurado por Ubico, informó que la industria del calzado había alcanzado un grado de perfección muy satisfactorio.

Rohen Ernesto Franco, gerente general del grupo Cobán, la empresa guatemalteca de zapatos más grande del país, fundada en 1914, destaca que el grupo intenta consolidarse en Europa, donde está “gracias a nuestra habilidad con las manos”. Además, añade que sus clientes le han llegado a decir: “si tú tienes una ventaja es que tu gente sabe coser, sabe pegar, sabe cuidar del producto”.

Y una de las razones, según Franco, es la tradición de las familias guatemaltecas por la costura. “Recuerdo a mi abuela y a mi madre —dice— siempre con la máquina de coser e incluso en las escuelas nos enseñaban a todos a realizar esta tarea y eso a la larga promueve la habilidad”. Y es que, a pesar de la llegada de maquinarias altamente tecnológicas que facilitan todo el proceso de fabricar zapatos, todavía se requiere la habilidad de la mano de obra. Sin embargo, los zapateros tradicionales, aquellos que en los mercados hacían los caites, calzado utilizado por los indígenas, “está en proceso de extinción desde la penetración del calzado moderno”, dice García Escobar.

Otra ventaja que destaca Amorós es que “los guatemaltecos son los más trabajadores de toda Centroamérica”. Pero, lo más importante, según Noel Prado, presidente de la Gremial, es que Guatemala es el país de esta zona con mayor capacidad de producción; por ello, la mayor parte de las exportaciones se realizan a Centroamérica. Según datos del estudio “El mercado del calzado en Guatemala”, realizado en el 2007 por la Oficina Económica y Comercial de la Embajada Española, en el 2006 el 74 por ciento de las exportaciones acabaron en América Central con El Salvador a la cabeza con 37 por ciento; Costa Rica, con 16 por ciento; Nicaragua, 13 por ciento y Honduras, 8 por ciento.

Maduración

Todavía, algunos guatemaltecos piensan que “si es de fuera, es mejor” o “si es importado, es bueno”, incluso existe la costumbre, muy típica de las clases altas, de ir a EE. UU. a comprar calzado, pero, según Amorós, esta mentalidad debe cambiar porque “ya tenemos aquí unas opciones suficientemente buenas de calidad y diseño como para no tener que ir a otros lugares a comprar estos productos”.

Además, según él, el público se ha dado cuenta de la mala calidad del calzado asiático, caracterizado por usar materiales sintéticos, pues después de haberlos consumido la gente ha sido consciente de que “es más económico, pero tiene la contraprestación de que dura muy poco y de que provoca problemas de transpiración y de salud”. En la actualidad, para él, los consumidores “buscan confort, salud y un elemento diferenciador”.

Por ello, Hola tiene en cuenta todos los estudios que se realizan en Europa e invierten en tecnología para aumentar la comodidad en los pies. Por ejemplo, hace apenas un mes presentaron un nuevo diseño innovador en zapatos de mujer, llamado “línea extensible”, en donde apuestan claramente por el confort. El tacón es de dos centímetros, la altura ideal según diversos estudios europeos, con tecnología aplicada al cuero para que éste ceda alrededor de seis y nueve milímetros y después vuelva a su posición original ya que “al levantarnos después de dormir, el pie aumenta entre dos y tres milímetros, por lo que el de una persona que camina mucho llega a crecer hasta nueve milímetros”, explica Amorós.

Por otra parte, las suelas pueden girar 60 grados y todas las plantillas que usan, denominadas de “ultraconfort”, tienen pequeñas perforaciones para que haya una correcta ventilación y están construidas de “carbono activado”, que ayuda al pie a liberarse de las bacterias, producidas por el sudor y que provocan el mal olor.

La potencia china

Hay que tener en cuenta que mientras “la producción mundial de calzado es de 1.5 trillones de pares al año, China produce 1.125 trillones”, recalca Franco. Ese país se ha convertido en la fábrica del mundo debido a los bajos costes de producción y la mano de obra barata, lo cual ha afectado al mercado mundial de todos los sectores, no solo al de calzado.

Pero, las explicaciones de este enorme crecimiento, a veces, son difíciles de encontrar. Por ejemplo, Roberto Posadas, fundador de la fábrica Candy, se pregunta cómo pueden dar créditos de hasta seis meses “cuando lo normal aquí es darlo de treinta días”.

En el grupo Cobán pueden permitirse ir a China a observar cómo trabajan las industrias de calzado. “Cuando vas y ves las fábricas y los trabajadores, empiezas a entender por qué los precios son tan baratos”.

Sin duda, una de las razones de este éxito se debe a los escasos derechos que poseen los empleados chinos que llegan a trabajar más de 60 horas semanales y, en algunos casos, más de 14 horas diarias, sin derecho a queja. “Se rigen por otras reglas”, resume Franco, “que son impensables que puedan darse aquí”. Además, añade, “nosotros nos caracterizamos por el buen trato que damos a nuestros trabajadores”.


Las tenerías dependen un 80 por ciento del calzado.

De esta experiencia en China, Franco resalta que le sorprendió que también se haga calzado de mucha calidad y cuenta que en ocasiones “sacas pecho, porque nosotros hacemos algo mejor, pero otras veces te preguntas ¿cómo no se me ha ocurrido a mí esto?”. Entre las aportaciones positivas de China han aprendido “a ahorrar pasos en la producción, a mejorar los materiales y el uso de maquinaria y a cómo desperdiciar menos”. Pero destaca: “somos mucho mejores en el trabajo manual de nuestros operarios”.

Cuero

Una de las claves de que Zapatería Candy no cerrara, como les ocurrió a otras muchas pequeñas y medianas empresas, como consecuencia de la crisis motivada por la llegada de estos artículos chinos fue, según Posadas, gracias a “mantener el uso del cuero”. De hecho, en el Estudio de la Embajada Española se resalta que “el mercado de calzado de este país se está especializando en el cuero”.

Sin embargo y paradójicamente, este material sigue siendo mayoritariamente importado de otros países. Según Óscar Andisures, dueño de tenería Pielsa, esto es debido al mal cuidado de los animales por parte de los ganaderos. En la actualidad, en esta compañía lo compran a Nicaragua y Panamá porque “el de Guatemala lo cortan aún a cuchillo, ya que la industria no está todavía mecanizada, y además, la piel viene muy dañada por otros factores como los parásitos, las heridas causadas por las púas de las vallas y por las marcas descriptivas que los ganaderos les ponen”.

Para Amorós es ilógico que en un país ganadero como Guatemala con las buenas condiciones meteorológicas y con pasto natural, a diferencia de Europa donde no hay agua y el pasto hay que abonarlo, se tenga que importar el cuero debido a que el nacional “tiene una calidad pésima” porque, en palabras de Prado, “no hay pasión por desarrollar un cuero perfecto”. Hola, en concreto, lo trae de Europa y Colombia, aunque Amorós sueña con que, algún día, el cuero que use su fábrica sea guatemalteco.

Andisures ve con optimismo el futuro de la industria del cuero, porque a partir de que los precios de este material subieron, los ganaderos empezaron a preocuparse “un poquito” y, por lo menos, ya no se tira a la basura, aunque reconoce que todavía tienen que luchar para que “quiten de las alambradas las púas y las marcas identificativas sean más pequeñas o se las hagan en las orejas, como hacen en otros países”.

Otros problemas que afectan al sector de los zapatos son los altos números de empresas informales de calzado, la existencia de contrabando y las falsificaciones. Además, para Prado, una de las mayores carencias de este sector es la “escasa tecnificación de la industria” y, por ello, la Gremial intenta enseñar “cómo invertir en tecnología y cómo administrar los sistemas de calidad”.

Especialización

“La invasión china ha forzado a buscar nichos donde se pueda competir en igualdad de condiciones y ser más creativos. Además, obliga a que seamos más eficientes y entreguemos más rápido”, explica Franco.

Una de las claves del éxito de la industria Hola, al igual que de Cobán, ha sido ofrecer un “producto diferenciador”. Mientras Amorós se ha centrado en un público de clase media que busca confort, Cobán tiene como objetivo el mercado ocupacional y el de hombres, también de este mismo grupo social. Candy, por su parte, vende, sobre todo, calzado escolar.

Estilo

El público de Guatemala se caracteriza por ser uno de los más conservadores de América. Sin embargo, Amorós resalta que sus “zapatos se pueden ver, perfectamente, en una vitrina de Europa, ya que tienen el mismo estilo y look”.

Aunque reconoce que, en cuanto a colores, el “negro sigue siendo el rey”, mientras que en Europa ha desaparecido y se usan otros colores. Esto es algo que desespera a la joven Diana Rosales, dueña, junto con sus padres, de la pequeña fábrica de zapatos Allan Ross, pues le gustaría poder innovar más con otros matices que no fueran los típicos.

Andisures se queja de que aunque tienen capacidad de hacer más de 30 colores, al final, el cuero que acababan vendiendo es siempre de los mismos tonos: negro y café. “Nosotros no somos conservadores.

Podríamos hacer los productos de moda que se hacen en Europa, pero al nacional o no le interesa o no lo sabe utilizar”, señala.

Por eso, para poder vender colores y estilos diferentes a los frecuentes, lo que hacen en Pielsa es que compran zapatos en el extranjero y se los muestran al cliente para que “se haga una idea” y entonces, poco a poco, gracias a esta “técnica” empiezan a tener más aceptación otros estilos o colores de piel. Sin embargo, todavía hay mucho conservadurismo y, por ejemplo “si alguien lleva zapatos blancos en Guatemala es porque es médico o de la marina”, bromea Franco. Incluso “los de dama de moda son muy sobrios”, añade.

A pesar de la excepción de Amorós, los demás fabricantes de zapatos resaltan que las diferencias con el calzado europeo son muy evidentes. “Allí se utiliza un zapato muy fino y estilizado, mientras que el nuestro usa un cuero mucho más duro y tieso”, recalca Prado. Franco —quien exporta a países europeos como España, Inglaterra, Alemania y Portugal— reconoce que tanto Cobán como la propia sociedad guatemalteca “está muy americanizada” (influenciada por EE. UU.) y es por ello que no se aceptan tanto los zapatos europeos.

Dinamismo

Una de las industrias más dinámicas del país es la del calzado, porque hay más de 300 empresas dedicadas a este negocio, generando alrededor de 31,500 empleos directos e indirectos. Según datos de la Gremial, se producen al año 24 millones de pares de zapatos, lo que sería el equivalente a US$144 millones.

Una de las lecciones aprendidas por los productores de calzado tras la crisis es que saben que no se pueden quedar estancados, porque para mantenerse en este sector deben innovar una y otra vez. “Antes, aquí cambiaban las modas cada dos años, ahora esto es impensable”, recalca Prado.

Futuro

Para Prado, el futuro es prometedor solo para aquellas empresas que se sepan adaptar a los tiempos modernos e inviertan en calidad, innovación y tecnología.

Desde la Gremial se intenta paliar los efectos de la crisis económica por medio del aumento de las exportaciones hacia otros países, por ejemplo México, país “caracterizado por ser muy cerrado y que a partir del Tratado de Libre Comercio empieza abrirse poco a poco”. Además, quieren aprovechar el mercado de EE. UU. La Feria de Calzado que organiza la Gremial, y que dado su creciente importancia es conocida con el nombre de Feria de América Central, resalta que este año en la próxima edición, que será la 18 y comenzará en agosto, van a venir, por primera vez, clientes de EE. UU.”.

Emilio Méndez

Empresario y propietario de la cadena de tiendas de moda y calzado Saúl E. Méndez.

¿Por qué en sus tiendas prefiere vender calzado importado, en vez de
nacional?

Primero por tendencia, ya que cada vez cambian más rápido las modas, los chinos las copian en seguida, y lo que buscamos es conseguir lo último en moda antes que nadie, por eso lo importamos.

Por otra parte, nuestro público objetivo es de clase alta que se caracteriza por ser muy exigente y que quiere un zapato, a parte de alta calidad, con un elemento de exclusividad, que no se venda en otras tiendas. Traemos el calzado de Italia,
Colombia y Argentina. De Italia porque son los “reyes” de la moda. Lo que pasa es que, en estos momentos, importar de Europa sale muy caro, por lo que hemos buscado otros mercados como Colombia, donde hay también mucha calidad y Argentina, con una tradición importante gracias a la emigración italiana.

¿Todavía se piensa que lo importado es mejor?

En la actualidad, ha mejorado mucho la percepción de lo guatemalteco. Es un fenómeno reciente, pero falta que haya una buena promoción. Se debe hacer hincapié en la buena calidad y en la importancia del calzado, en general.

Para mí, es la prenda más importante del vestuario. Te dice mucho de la persona.

¿Le gustaría poder vender en sus tiendas calzado hecho en Guatemala?

Sí. De hecho, entre mis proyectos a medio plazo está la de sacar una línea experimental de calzado para jóvenes, como de 21 años, en la que se mezclaría lo artesanal con una inyección de diseño.


   

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