Luis Domingo Valladares
“Hay que ser optimista”
De pequeño le dijeron que iba a ser difícil
que eligiera una profesión, pues era
buen estudiante en todas las materias, pero,
contra los pronósticos, eligió ser actor.
por julieta sandoval
Fotos: carlos sebastián

Al comenzar la entrevista, Luis Domingo Valladares Molina dice: “Venga, la voy a ambientar un poco en lo que ha sido mi vida”, por lo que hacemos un recorrido por diferentes salas de su casa de construcción colonial, pues fue de las primeras edificadas después del traslado de Antigua Guatemala. “Esta es la casa de las 100 puertas”, agrega. Al pasar a diferentes habitaciones donde fotografías cuelgan de las paredes, las cuales muestran pasajes de su vida y familia. Éstas se unen a cuadros de destacados artistas.
Las fotografías de
teatro destacan, por lo que es obligada la
pregunta: ¿por qué se hizo actor?
Siempre me gustó, pero fue a los 18 años que dije: quiero ser actor. Primero, quise ser pianista, por lo que tuve buenos maestros. Mas, en 1950, hice un viaje a Estados Unidos para dejar a mis hermanas en el colegio, entonces vi las obras de teatro y me encantó. Mis profesores de música casi me quitaron el habla porque dijeron que era un crimen lo que hacía. Empecé con el grupo de doña Sara Esteban con obras aficionadas para beneficencia hasta dejar mis estudios de Derecho.
Después fui a México, donde pude trabajar con varias figuras. Siempre en el papel protagónico. Me llamaron revelación artística del año. Pero el gobierno de Ydígoras Fuentes rompió relaciones con México cuando yo tenía un contrato para el cine, por lo que decidí esperar un poco, entonces me nombraron director de Bellas Artes, sin consultarme, y tenía 27 años. Siempre critiqué lo que hacían, por eso acepté el reto, por cuatro años. Eso cortó mi carrera de teatro, la última obra fue Las Monjas, en la Universidad Popular, en 1970.
Una anécdota
Con la obra Jesucristo, Dios y mártir tuve varias. Una fue que antes de aceptar el protagónico me hice tomar fotografías maquillado y vestido como Jesús, al verlas dije: “pues sí, la pego” y acepté.
La otra, es que por ella tengo un récord de cinco funciones en un día. Las temporadas eran en el Capitol, pero en una ocasión no dieron la sala, pues se presentaría la película Rey de reyes, y solo se podía el Jueves Santo. No íbamos a aceptar, pero comentaron que yo tenía miedo a la compañía española que se presentaba en el Palace. Entonces, dije “aunque sea un día”.
Pero no podía hacerse solo una función, pues era mucho trabajo —escenografía, actores, publicidad y muchas cosas más— por eso fueron varias: a las 10, 14.30, 16.45, 19.45 y 21 horas. Cuando yo “resucitaba”, se terminaba la función y ya estaban tocando la campanada para entrar a la otra. Ramiro Samayoa y Chepe Azmitia vieron la presentación de las 14.30 horas, después acudieron a la cuarta o quinta. Dijeron que era un gran actor, “porque parece que se está muriendo”, y sí, estaba sucediendo, por lo que buscaron a un médico, y me inyectaron para que pudiera continuar.

Luis Domingo Valladares con su madre y hermanos. María Rosario de Vittorietti, Luis Domingo, Acisclo Valladares, Rodrigo Valladares, Lucía de Sandoval.
Al centro, María Molina de Valladares.
En su familia ha sido tradición el ser
abogado.
Sí. Mis hermanos y mis sobrinos son abogados. He dicho que quiero un dentista o un médico. Mi papá y abuelos también lo eran. Yo iba a serlo, fui compañero de facultad de Manuel Colom Argueta, pero dejé Derecho por el teatro. En mi decisión influyó la tradición y la justicia, pero también fue culpable el cine —cuando miraba al jurado—, aunque me decían que yo miraba más la parte teatral. Para mi papá era la carrera más hermosa, pero en la práctica era otra cosa.
¿Qué reacción tuvieron sus padres cuando les dijo que cambiaba el Derecho por la actuación?
Ellos siempre fueron abiertos. Mi padre tuvo aflicción por mi futuro, como abogado tenía el nombre de la familia, pero como actor iba a morir de hambre. De mi madre recuerdo que en estos corredores caminaba cuando le manifesté mi decisión. Se lamentaba y se ponía las manos en la cabeza. Le contesté que dejara el drama porque la primera responsable había sido ella, por enseñarnos a ir al conservatorio, a clases de teatro y todo eso. Sin embargo, los dos me estimularon y ayudaron.
En una de las salas se encuentra un árbol genealógico. Su familia es de abolengo.
Mi papá es Valladares Aycinena, mi mamá Molina Rubio. También tenemos nuestra gotita indígena, eso sí, de la princesa de Xicontencatl. Aquí nadie tiene una sangre pura.
Yo me llamo Luis Domingo Ignacio Acisclo Manuel de Jesús Toribio de Mongrodejo Valladares Molina Aycinena Rubio Rubio Aguirre Arzú De las Asturias Izquierdo De Mendoza Arzú y no me acuerdo cuál es el último. Por supuesto, tuve que registrar el nombre para ser solo Luis Domingo. A mi papá le encantaba poner nombres y soy el que menos poseo, pues mi hermano Acisclo tiene 18 y Rodrigo, 11.
¿Cómo es vivir en la zona 1?
Toda la vida he vivido aquí, nací en otra casa, pero después me trasladé a esta que era de mis abuelos. No concibo estar fuera de la zona uno, pese a todos los problemas que existen.
Aunque todos los lugares que frecuentaba con mis amigos de teatro, en nuestras tertulias, ya no existen. Como el Fu-Lu- Sho, las Democracias, de la octava avenida eran lugares de reunión. Pero ahora estoy en la cosa tranquila, ya no en la farándula.
El Centro Histórico no es lo que era antes. Por ejemplo, desmantelaron el Palacio Nacional, todo país tiene un palacio de gobierno, para algo de cultura se hubiera buscado otro como el convento de Santo Domingo.
Comprendo que estaba saturado de ministerios, pero se hubieran quitado algunos. Eso daba vida al centro, por las refresquerías, restaurantes y otros. Lo que queda, como El Portalito, son cositas aisladas. Antes, el paseo por la Sexta Avenida, con almacenes como La Perla, era algo lindo.
Ahora quieren sacar al Congreso de la República, entonces qué quedará del gobierno en el centro. El hotel Ritz Continental no lo hubieran dejado perder.
Pero hay que ser optimista en la vida y esperemos que se rescate. Porque, como dice mi madre, que va a cumplir 99 años, lo importante es vivir; por eso, cuando nos miraba cansados después de una parranda, comentaba que para dormir uno tiene la eternidad.
¿Le ha gustado la política?
Toda mi vida he estado metido en la política, por mi papá y mis hermanos, pero de forma directa no me ha apasionado estar en un partido político.
Hablemos del programa Cuestión de Minutos.
Siempre estuve ligado a la radio cuando hice teatro, al igual que con la televisión, para la cual realicé algunas producciones como La vida del Hermano Pedro, y la telenovela Azul.
Al morir el fundador de Cuestión de Minutos, Willy Figueroa de la Vega, continuó Augusto Valle Rodríguez. Él me llamó para hacer la sección de cultura, en aquel tiempo eran 10 minutos al mediodía y por la noche. Yo ocupaba casi todo el espacio. Al irse me lo dejó, y cambiaron el horario a una hora todas las noches (de 0 a 1 de la mañana). Yo estoy sorprendido de la audiencia que tiene.
¿Y es rentable?
Se cubre, quitándome un sueldazo de Q50 mil, porque nunca ha sido mi intención hacer plata del periodismo.
En el programa me sale mi etapa de actor, productor y director de teatro, por lo que le doy mucho énfasis a la parte cultural, sin quitar lo político. Creo que ayudamos para que los demás le dieran un espacio a la cultura.
Antes se transmitía mucha noticia en Cuestión de Minutos, pero al surgir más noticieros no podíamos continuar repitiendo lo mismo, cuando lo mío ha sido la parte cultural. Casi no me gusta editar los eventos, porque quiero que el televidente se sienta como si hubiera asistido a los actos.
Llevo 24 años en ello. Es un trabajo apasionante; sobre todo, cuando uno quiere hacerlo todo en positivo.

|