Kenia, un ejemplo de vida
Con voluntad, esfuerzo y amor se logran las metas.

En Zacapa, el 29 de junio de 1986, llegó a nuestras vidas un regalo de Dios. Una niña bella, tierna y que nos vino a llenar con su luz. Mi tía la esperó con mucha ilusión y fue recibida con mucho amor: todo era felicidad. No recuerdo cuándo fue que nos enteramos, pero la noticia fue que Kenia no podría oír nunca, tenía 0 por ciento de audición y por lo mismo no podría hablar.
Vinieron las penas para mi tía y mi tío, con dos años tuvieron que dejarla ir a la escuela para niños sordos en la capital, la dejaban cada lunes con un dolor inmenso, pero la llegaban a recoger cada viernes con felicidad, esbozando una sonrisa.
Recuerdo que mi prima estaba deseosa de aprender. Cuando tenía que empezar a estudiar primaria, mi tía tenía que tomar una decisión: que ella siguiera en la escuela para niños sordos o inscribirla en una escuela normal. Decidió lo segundo. La inscribió en el Colegio Bilingüe Montessori, en el cual, desde el primer día, fue recibida por maestros y alumnos con amor, y fue tratada con respeto, pero lo más importante: con igualdad. Así hizo grandes amigas.
Aprendió a leer, a escribir, a sumar, a restar; inclusive participaba en obras de teatro, en coreografías y gimnasia.
Quienes sabíamos que no escuchaba era como si por arte de magia lo pudiera hacer todo y la gente que no lo sabía no se percataba.
Terminó la primaria sin perder un grado, igual en la secundaria y hace dos años se graduó de perito contador, con muchas noches de desvelo y esfuerzo.
Fue una de las mejores de su promoción. Sabe computación y cursa el tercer semestre de arquitectura en la extensión de la Universidad Mariano Gálvez en Zacapa. Ah... se me olvidaba: pinta y dibuja precioso.
Por todo lo que ella representa, hoy decidí que sepan de Kenia. Es una niña que día a día lucha por su futuro, por salir adelante y por ser una buena persona que cree en Dios y que sabe que, aunque le toque esforzarse el doble que los demás, un día no muy lejano verá sus sueños, sus metas, hechas realidad: graduarse de arquitecta, ser madre y vivir de manera plena con servir de ejemplo a quienes tenemos nuestros cinco sentidos y no los aprovechamos.
Dios te bendiga, Kenia… te amamos
Kathia, Luis, Silvia
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