Una joya cultural
Chiquimula merece ser visitada para degustar su gastronomía
o para tener momentos
de mucha tranquilidad.

Los parques son los principales puntos de encuentro para los jóvenes.
por roberto villalobos
fotos: carlos sebastián
El calor es lo primero que se siente en Chiquimula, y no solo por los potentes rayos solares, sino también por la calidez de su gente. Su tranquilo parque invita a cualquier visitante a reflexionar, a pasar momentos de calma y a interesarse en su rica historia.
La “Perla de Oriente” o la “Madre de la cultura”, como se le conoce a este departamento, se ubica a unos 175 kilómetros de la Ciudad de Guatemala.
De acuerdo a Oneydi Valdez, encargada de protocolo de la Oficina de fomento a la cultura y turismo de la localidad, indica que Chiquimula se distingue del resto del país por tener a los mejores poetas, escritores, cantantes, músicos y a hermosas mujeres. “Por ejemplo, es chiquimulteco Humberto Portamencos, uno de los poetas más laureados de América”, señala Valdez, con orgullo.
Además, el parque central lleva el nombre de Ismael Cerna, otro reconocido poeta guatemalteco, quien, con el uso de inspiradas palabras, “luchó contra la tiranía de Justo Rufino Barrios”, dice Luis Orellana, jefe de la misma institución chiquimulteca.
Durante un breve paseo por el parque, se observan varios campesinos con sus sombreros, lustradores, vendedores de periódicos o de “chucherías” y jóvenes estudiantes que van allí para conversar.
Para el hambre
El plato típico de Chiquimula es el chicharrón con yuca, a pesar de que muchos lo asocian con Zacapa. “Ese platillo es de nosotros”, dice Orellana. “Lo que pasa es que uno de los gobernantes del país, zacapaneco, acostumbraba comer chicharrón con yuca durante sus actividades”, y de ahí la explicación de que esa comida se relacione con el departamento vecino, de acuerdo al funcionario.
Asimismo, en la “Perla de Oriente” se pueden degustar los tamales negros o colorados, empanadas con queso o chicharrón, manías, tacos de papa, etc. Y para que la boca no se reseque, se recomienda tomar algún vaso de fresco de pepita, manía, arroz o el llamado “atol shuco”, hecho de maíz; una exquisitez.
Sociedad culta
y entretenida
Hablar con los chiquimultecos es interesante: los temas varían desde los más comunes —como los problemas que se viven en una relación sentimental—, hasta casi tomar una cátedra de historia o música.
“Nuestra cultura no es de parranda, como lo es en la capital”, expone Valdez. De hecho, se tienen registradas una veintena de instituciones educativas privadas y del gobierno. “Aquí hay parques, donde los ‘chavos’ se la pasan desde las cinco de la tarde. Nuestra ‘Zona Viva’ es el parque El Calvario, en cuyos alrededores hay cafeterías”, comenta. Otros distractores son pasear en motocicleta o ir a jugar al futbol.
A pesar de la lejanía en relación con la Ciudad de Guatemala, los vientos modernos invaden poco a poco al pueblo: se dispone de restaurantes, supermercados y un gran centro comercial.
Para visitar
Cerca de la cabecera departamental hay varias distracciones recomendadas para los aficionados a la caminata: visitar la Laguna de Ipala, las ruinas de San Esteban (que datan de los tiempos de la Colonia), un exótico lugar donde aún existe pintura rupestre, la Laguna del Jute, el Cerro Montecristo —donde se localiza la reserva de la biósfera La Fraternidad— y, por supuesto, la famosa Basílica de Esquipulas, donde se encuentra el Cristo Negro.

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