Semanario de Prensa Libre • No. 206 • 15 de junio de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D frente
   > D fondo
   > D arquitectura
   > D ciudad
   > D portafolio
   > D mundo
   > D farándula
   > D viaje
   > D Punto final

 


D arqueología

Belleza a partir de la sencillez
En Huehuetenango aún persiste una rica tradición arquitectónica.


En Huehuetenango aún persiste una rica tradición arquitectónica.

por roberto villalobos
fotos: carlos sebastián

Desde hace varios años, Pauline Décamps, una francesa muy guatemalteca, ha paseado a caballo con mucha frecuencia por las planicies de la Sierra de Los Cuchumatanes, Huehuetenango, lugar donde vive.

Este sitio está entre las nubes, pues se encuentra ubicado a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar.

El panorama es gris, pero con un excepcional toque amarillento proporcionado por los rayos solares, en el cual también se percibe un fresco aroma a tierra mojada; los vastos terrenos se asemejan a los existentes en Escocia, tanto por su humedad como por una infinidad de rocas que aún están sobrepuestas desde hace millones de años, de cuando aquella sierra estaba sumergida en el océano; el gélido clima huehueteco invita a estar sentado alrededor del fuego con toda la familia.

A pesar de la belleza de aquellas planicies, a Pauline le parecía que algo estaba mal; luego de sus largas cabalgatas, regresaba malhumorada a casa.

Un lugar cambiante

“Estoy enamorada del lugar”, dice Pauline. ¿Y quién no? En los ricos paisajes del interior del país las cosas son más lentas, como si el tiempo se detuviera; ese es el caso de Los Cuchumatanes y por eso es atractivo.

Sin embargo, en los últimos años, la zona ha tenido una evolución negativa en el aspecto visual. En la actualidad, la sierra tiene numerosas casas que no son tradicionales del lugar: ventanas con vidrios polarizados, puertas metálicas o fachadas decoradas de azulejos para sanitarios, entre otros.

“Regresaba a casa amargada por ese tipo de cambios, porque hay una marcada degradación”, se lamenta.

En Huehuetenango siempre ha sido costumbre construir con tablones o bajareque —armazón de palos de madera cubiertos con barro—, combinado con un techo de pajón o tejamaril, unas tablas delgadas de ciprés o pino blanco.

La alteración de la arquitectura se debe, en gran parte, al fenómeno de las remesas, puesto que varios huehuetecos tienen familiares que trabajan en Estados Unidos, quienes envían dinero para construir casas con diseños “muy del Norte”. “Muchos lo hacen para mostrar su nuevo estatus económico, pero se olvidan de su identidad, patrimonio e historia”, asegura Pauline.

Asimismo, estos acontecimientos se agravan por el crecimiento demográfico descontrolado, la contaminación ambiental y la deforestación.
Nuevo proyecto
Para solucionar y mantener la historia arquitectónica de la región, Pauline impulsó un concurso para que los pobladores sigan con la construcción de casas tradicionales; los patrocinadores fueron la Cooperación Española, el hotel El Unicornio Azul, Monolit e importantes empresarios del sector privado.

Noventa y tres casas de la zona se inscribieron, todas tradicionales. Al final, después de una cuidadosa inspección, quedaron 13 finalistas. Pauline, junto con el arquitecto Mauricio Solís y el empresario Emilio Méndez, fueron los jueces.

Luego de una larga deliberación, la terna escogió a las mejores tres casas. Ellos mismos visitaron a los ganadores en sus hogares, quienes fueron abordados por sorpresa. Se quemaron cohetillos y se les entregó un premio económico, como una forma de agradecimiento por mantener la tradición. “Quiero que mi país sea consciente y orgulloso de sus raíces, esencia y tradiciones”, menciona Méndez.

Además, expresa que este tipo de proyectos se deberían implementar en el resto del país, para que “no se siga creciendo de una forma caótica”.

“No queremos que los pobladores sigan haciendo las ‘chozitas’ que construían sus abuelos; no queremos tampoco ‘museos’ para que extranjeros o gente de las ciudades vengan a tomar fotos. Lo que en realidad queremos dar a conocer es la necesidad de construir casas representativas de la cultura de la sierra, que sean lindas y agradables para vivir”, expone Pauline.

El objetivo: embellecer

“Es un desastre que la cultura se nos vaya de las manos, que nuestra identidad sea más débil; si no lo revertimos, vamos a terminar como espíritus vacíos deambulando por un mundo donde no hay conexión con algo más profundo”, apunta Méndez.
Por ello, se destaca la importancia de mantener un entorno arquitectónico autóctono, para que exista un vínculo con el pasado, en el que no se pierda la unión con los paisajes naturales.

Solís, un destacado arquitecto guatemalteco, fue impresionado con las casas tradicionales huehuetecas. “Me encantan ciertos artefactos específicos, como las ollas colgando de los techos de las cocinas, o bien, que las construcciones cumplen a la perfección su función de hogar, y que a la vez se da un diálogo con la naturaleza”.

Aunque algunos materiales se han vuelto caros, como el tejamaril —usado en los techos—, el experto insta a la población a sustituirlo por la teja, que es más económica.

Pero más allá de los materiales a utilizar, resulta importante la composición desde el punto de vista de la estética y del color, en la que se puedan crear verdaderos encuentros humanos. “Me fascina ver a la familia en torno a la cocina, donde está el fuego. Esas reuniones familiares se han perdido en las áreas urbanas y aquí se mantienen”, expresa Méndez.

Por ello, de acuerdo al empresario, “de nada sirve tener construcciones grandes, elaboradas con materiales exóticos o caros, porque éstos significan solo un vacío para ver y no para vivir”. Todo lo contrario sucede con la belleza de las casas tradicionales de Huehuetenango, donde se vive en una lujosa sencillez.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com