Semanario de Prensa Libre • No. 206 • 15 de junio de 2008

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D ciencia

Mercado tradicional moderno
Surge un nuevo modelo para los consumidores.


por ana martínez de zárate
fotos: carlos sebastián

Un mercado es una pequeña ciudad. Las hay ordenadas, caóticas, incómodas, funcionales, baratas, limpias, superpobladas, bonitas, cómodas como pueden ser los diferentes mercados. Todos tienen algo que les distinguen del resto, es su personalidad.

Están los tradicionales, como La Placita, el Mercado Sur número dos, en la capital, que celebró en estos días su 64 cumpleaños con un lavado de cara que lo hace no aparentar su edad. O el nuevo mercado Municipal de Villa Nueva, con poco más de un añito, definido como “un nuevo concepto de mercado, único en todo el área de Centroamérica”, destacan orgullosos sus responsables.

Con guardería gratuita para los hijos de los vendedores, oficina médica privada, centro comercial, parqueo con capacidad para 325 vehículos y un mercado tradicional con características modernas: amplios y limpios pasillos para poder pasar cómodamente con las carretas, mil 174 puestos colocados en orden, accesos para discapacitados, exhaustivos controles de calidad, cámaras y guardias de seguridad que cuidan de los consumidores. Pero, por supuesto, conserva los elementos típicos como la imprescindible transmisión radial.

Es una inversión que ha costado alrededor de Q35 millones, cuyo mantenimiento cuesta Q900 mil anuales, pero sin la preocupación de recuperar todo ese dinero, señala el actual alcalde, José Domingo Sical. La iniciativa fue del anterior dirigente, Salvador Gándara, y venía proyectándose desde el 2000. El objetivo fue claro desde el principio: “está pensado por y para los consumidores, no buscamos el beneficio económico, pues es un servicio para la población que viene a comprar”, destaca Sical.

Tanto es así que además reconoce que “no es autosostenible”, y es el centro comercial el que subvenciona al mercado y se prevé que sea siempre de esta forma, porque no están dispuestos a ahorrar en “orden, seguridad, limpieza o comodidad”; de lo contrario “se convertiría en otro cualquiera, como los demás” y tampoco “podemos subir la renta a los vendedores que va desde los Q30 de las tortilleras, hasta los Q300 de las tiendas de ropa o carnicerías, al mes”, razona. Por otro lado, los precios de los productos son similares a los de otros mercados. Cada día recibe como media la visita de entre dos y tres mil personas; sobre todo, en los fines de semana en los que llega a tener un flujo de cuatro mil vehículos.

En un principio se pretendía que se trasladara la totalidad del mercado que se encuentra en el Casco Histórico de Villa Nueva a esta nueva localización; sin embargo, muchos no lo aceptaron, por lo que continúan en ese emplazamiento alrededor de 1.500 puestos. La presidenta de la Asociación de Vendedores del Mercado de Villa Nueva (ASOVEMVIN), Blanca Estela Puac Menchú, dice que solo piden quedarse.

Entre las razones resalta que la población de esta zona quedaría “desabastecida”, pues el nuevo “está lejos y solo se podría ir en automóvil o transporte público” (el lugar se encuentra a aproximadamente dos kilómetros de distancia). Las ventajas del antiguo, para el representante de otra asociación opositora del traslado, ASIMEC, son la “cercanía, los precios y la calidad”. El conflicto está a la espera de resolución judicial, aunque el alcalde se muestra “abierto” a dialogar para lograr una resolución en la que nadie salga perjudicado.

Tradicionales

Los actuales mercados tradicionales no se quedan atrás. La administradora de La Placita, Elvia Ramos, señala que lo único que envidiaría del de Villa Nueva sería las infraestructuras. Por otra parte, destaca que en este mercado, con 2 mil 350 puestos, hay más diversidad de productos y se extraña que “en el de Villa Nueva de la carnicería se pase al sector de la ropa y no al de la verdura como sería lo lógico”, aunque “puede que sea una estrategia de mercado”, reconoce.

Por su parte, los sectores de La Placita están “totalmente ordenados, menos en dos salones, porque en administraciones anteriores permitieron que los inquilinos cambiaran de productos de venta a causa de la necesidad”, añade Ramos. Sin embargo, aparte de las infraestructuras, en las demás características el mercado de la capital no se queda rezagado y cuentan con la ventaja de que se “conservan las raíces y se cuida mucho al cliente”. “Hemos roto paradigmas”, resume.

Entre sus planes futuros destacan proyectos innovadores que pondrán a este mercado por delante, incluso, del de Villa Nueva; por ejemplo la posibilidad de pagar con tarjeta de crédito. Asimismo, planean instalar un cajero automático y obtener un apoyo bancario.

Otro de sus puntos fuertes es que realizan obras sociales a favor de la comunidad. Tienen una escuela tanto para los hijos de los trabajadores como para los de fuera. Además, los trabajadores del mercado, por iniciativa propia, apoyan diversas actividades caritativas como campañas de alfabetización o contra el VIH, entre otras. Sin embargo, todavía tienen que resolver problemas en cuanto al parqueo, en la actualidad gratuito, pero pronto con parquímetro, y el de la seguridad.

 
   

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