El cambio
de la estructura de pensamiento
El fracaso en sí, al igual que el éxito, no aporta nada. Es la interpretación de ambos lo que aporta al desarrollo.
pOR Miguel F. Calleja*
Quizás la peor competencia desarrollada por el ser humano es la de la explicación. Las cosas y los resultados parecen diseccionados por condicionantes ajenos que influyen en los resultados. Quien explica siempre está fuera del problema. Estamos llenándonos de gente que explica. “El hombre tiene miedo de pensar y por eso se dedica a racionalizar. En lugar de pensar para tomar las mejores decisiones, se empecina en justificar las decisiones ya tomadas” (Santiago Álvarez de Mont, El Mito del Líder).
“El cerebro no busca la realidad, sino que elucubra para sobrevivir” (Illusion: Making Sense of the Senses). Nuestra educación siempre se ha basado en el éxito. Para minimizar de manera verbal su relevancia, se ha magnificado el fracaso como fuente de aprendizaje. Absoluto error. El fracaso en sí, al igual que el éxito, no aporta nada. Es la interpretación de ambos, del fracaso y del éxito, lo que aporta al desarrollo, al conocimiento.
Por lo general, es en esta interpretación donde se produce el fracaso social y la incapacidad de satisfacción de la demanda mundial de líderes. Intentamos siempre explicar el fracaso y el éxito desde el saber. Es la incapacidad de desarrollo de los sueños frente a la alimentación de las realidades. Realidad inexistente descrita por nuestro saber.
La mayoría de los adultos están en el modo saber (excepto los líderes). Los niños están en el modo aprender. Cuando somos adultos dejamos de hacer preguntas y cuando las hacemos siempre buscamos las respuestas en lo que sabemos. Dejamos de ser instrumento de nuestro aprendizaje para ser un freno del mismo, pero nos encontramos felices de saber lo que pasa, de saber por qué ha pasado lo que ha pasado y por encontrar las respuestas. Respuestas que nos llevarán siempre (o casi siempre) al lugar equivocado. “El cerebro necesita tener constantemente la sensación de que controla la situación, de que todo tiene una explicación, de que no se le van de la mano los acontecimientos” (Eduardo Punset, El Viaje a la Felicidad).
El adulto solo incorpora bien lo que se ajusta a lo que sabe. Queremos sentir lo que sabemos sentir. En definitiva, dirigimos nuestros caminos con lo aprendido en el camino que hemos hecho hasta ayer. “Un 90 por ciento de la realidad es invisible, mientras que casi todos los empresarios se comportan como si solo se les escapara un 10 por ciento de la realidad y conocieran muy bien el 90 por ciento de sus proyectos” (Eduardo Punset, Ibídem).
Esto es un claro obstáculo que limita el liderazgo internacional. El modo saber es un obstáculo para lo que podemos ser. Para lo que podemos hacer. Para lo que podemos saber. Es más, es un problema para lo que necesitamos saber, para lo que demanda el mundo. Para lo que nosotros, en suma, le podemos ofrecer, mirando nuestra labor como un fin y no como un medio, como la gran mayoría lo hacemos, para que adquiramos determinados productos de consumo o estatus social, lo que convertimos realmente en nuestro fin.
La realidad no está en nuestras cabezas, sino que nuestra visión de la realidad está limitada por nuestros límites de pensamiento. Es claro que la mayoría de los desentendimientos se deben a las diferentes percepciones de la realidad de lo que en alguna interrelación (conversación telefónica, reunión, etc.) ocurrió.
¿Cuál es la mejor pregunta que te puedes hacer para no seguir siendo como eres? Mucho se ha pensado, mucho se ha enseñado en universidades del mundo, que el mejor líder, la mejor organización es aquella que encuentra las mejores respuestas. Los mejores objetivos. La mejor forma de cumplirlos y la mejor habilidad flexible para lograrlos.
Si bien esto nos hace sentirnos bien, pensar de la forma que lo hemos hecho siempre, estructurar nuestras ideas desde el conocimiento aprendido, sentir nuestros pasos en suelo firme, escuchar nuestras pisadas, es la continua cuadratura del círculo.
“El terror del cerebro a adaptarse a nuevas reglas de juego, el pánico a perder el control de la situación, la inercia de las costumbres y los intereses establecidos, el peso de la tradición y la historia se alían para poner obstáculos al cambio”. El éxito se basa posiblemente en hacernos las mejores posibles preguntas.
*Del Centro de Investigaciones Humanismo y Empresa
Universidad del Istmo
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