Semanario de Prensa Libre • No. 206 • 15 de junio de 2008

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D frente

Alberto Coto
Calculista ultrarrápido
Es la persona más rápida del mundo en cálculo. Suma 100 dígitos en 19,23 segundos
y multiplica dos cifras de ocho dígitos, en 56,50 segundos.

por ana martínez de zárate
fotos: carlos sebastián

Las matemáticas pueden ser un juego. Así lo cree el calculista más rápido del mundo en suma y multiplicación, el español Alberto Coto (1970). Es común que muchas personas, desde pequeñas, tengan aversión a esta materia.Es posible que se deba a que el profesor no supo hacerlas atractivas, ni transmitir su importancia.

Si opina que en una sociedad tecnológica, con una simple calculadora, no es necesario tener conocimientos de este tipo, éste es el punto de inflexión para que cambie de mentalidad y se dé cuenta de su relevancia en la vida cotidiana, de que pueden ser divertidas, creativas y, sobre todo, de que su ejercitación implica grandes beneficios para la mente.

Estamos ante un ser fuera de lo común, que transmite su pasión por los números. Y como pequeña muestra, demostró que lanzándole una fecha cualquiera, por ejemplo, el uno de junio de 1983, en unos instantes él sabe qué día de la semana fue en ese año. La respuesta: miércoles.

¿Cómo fueron sus comienzos?

Desde pequeño, con cinco o seis años, aprendí a calcular jugando a las cartas e iba haciendo conteo. Esto implica que cuando aprendes de pequeño una materia, en este caso cálculo mental, y lo aprendes jugando, cabe la posibilidad de que desarrolles la habilidad de manera extrema.

Tiene un cociente intelectual de 156, cuando la media está entre 90 y 110.

¿Cómo fue su infancia?

En mi caso concreto, tuve problemas de adaptación; sobre todo en la etapa escolar. En este tipo de personas es normal que haya dificultades para adaptarse. Además, hay un alto número de suicidios.

Sucede que en el colegio vas a otro ritmo, mientras los profesores estaban enseñando la tabla de multiplicar, como yo ya la sabía desde muy pequeño, a lo mejor estaba elevando números al cubo o jugando de esa forma.

Cuando vas muy avanzado, lo que pasa es que te distraes. Además, cuando eres un poco diferente, la adaptación con los propios compañeros es un poco difícil. Y el grado de rebeldía interior es muy alto, de ahí que muchas veces haya mucho fracaso escolar dentro de los superdotados. La secundaria la pasé más normal, porque te vas adaptando cuando adquieres una edad.

¿Cómo descubrió que eras superdotado?

No lo descubrí, ese fue el problema. Yo nací en 1970 y en esa década y la de los 80 no había ningún tipo de prueba. Hoy en día, hay colegios especiales para niños así. Pero, aún así, es más probable que en el colegio se mire más por el niño que tiene problemas por abajo que el que los tiene por arriba.

Es un problemón. Estos niños están bastante desatendidos. Se debería hacer exámenes exhaustivos para detectarlos, agruparlos y, sobre todo, hacer hincapié en que estén motivados porque normalmente lo que se suele hacer cuando un niño está muy adelantado es que se le sube de curso y esto acaba también generando problemas porque está con gente muy mayor.

El primer examen de inteligencia lo hice a los 26 años. Nunca antes lo había hecho porque mis notas estaban dentro de la normalidad y no había hecho ningún alarde de tener algún tipo de habilidad y, entonces, en 1996, fui a la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo e hice esta prueba y otras de aritmética y cálculo.

Los psicólogos quedaron muy extrañados, ya que batí el récord en rapidez con mucha diferencia. Ni siquiera antes habían logrado terminarlos.

¿A partir de ahí es cuando empezó a tomar más en serio esta faceta?

No, fue a partir de ver el programa Qué apostamos. En 1995 hubo un concursante que hizo una prueba de multiplicar que yo hacía bastante más rápido que él. Ahí me di cuenta de que yo no era normal, que tenía una habilidad más elevada de lo que pensaba porque cuando tienes una habilidad no te lo imaginas, tú piensas que eres normal, las demás personas son las lentas calculando.

Tu punto de referencia es el válido. Sospechas que habrá gente que lo hará más rápido y otros, más lento. No te imaginas que estás en el vértice de la pirámide. En este momento es cuando empecé a documentarme consultando biografías de calculistas y me di cuenta de que nadie había multiplicado o sumado más rápido.

En 1999 me presenté al primer Guinness, en una cadena de televisión española y lo batí. Dos meses después volví a batir el mismo récord, el de sumar. Y el de multiplicar lo batí en el 2000, y en el 2001, la segunda vez.

Valoro más los títulos en Campeonatos del Mundo porque aquí compites contra otra gente y es como más limpio todo. Tengo dos, uno por suma y otro por multiplicación. Los lleva a cabo una organización alemana cada dos años. Y este año toca el uno de julio.

Se hacen cuatro pruebas: suma (10 bloques de 100 dígitos), multiplicación (10 multiplicaciones de ocho por ocho), prueba calendárica (a partir de determinadas fechas, tienes que descubrir el día de la semana) y raíces cuadradas (de números de seis dígitos tienes que obtener un total de ocho dígitos).

¿Cómo se concentra?

Dejo la mente en blanco, relajada, utilizo una especie de música mental, inspiración, expiración e imagino unas especies de luces, por decirlo de una manera. Me meto en mí mismo. Ni huelo, ni oigo, ni veo, ni pienso, solo calculo. También es cierto que como es una habilidad que tengo muy dentro de mí, prácticamente el subconsciente llega a actuar y entonces la concentración viene sola.

¿El cálculo tiene que ver con la memoria?

Tengo buena memoria de forma natural, pero no he trabajado nemotecnia. La gente que utiliza esta técnica memoriza números con imágenes. Por ejemplo, 23 es papa, 45 televisión y 82 coche, entonces, se imagina una película muy absurda: una papa bailando con una televisión dentro de un coche; luego reproduce esa imagen a los números. En mi caso, yo soy calculista puro y no necesito tener memoria. Hay personas que no son calculistas puras, lo que hacen es memorizar la tabla hasta el 100.

¿Cuál sería su profesión?

Soy “calculista ultrarrápido” de profesión, aunque sea un oficio bastante peculiar y poco visto.

Hago un poco de todo dentro del fortalecimiento de la mente y el cálculo. De tal forma que doy muchas conferencias en colegios, expongo las técnicas que utilizo e intento motivar un poco al alumnado en lo que la matemática se refiere porque está muy falta de estímulos.

Por otro lado, también hago cursos presenciales en las que, por ejemplo, ayudo a opositores que se preparan para trabajar en la administración gubernamental.

También hago cursos on line, a través de mi página web (www.albertocoto.com). Puntualmente hago televisión o convenciones, por ejemplo, la de Telefónica, Microsoft, o la casa coreana de coches Kia. Independientemente de esto, están los dos libros: Entrenamiento mental, que llegó a best—seller en muchos países, y Fortalecer la mente y lo que estoy haciendo ahora es presentarlos en diferentes lugares.

¿Qué faceta le gusta más de todas las que lleva a cabo?

Me gusta escribir, porque es una forma de transmitir tus conocimientos y tus inquietudes. Soy un enamorado de los números y me da pena que la gente les tenga aversión. Intento romper prejuicios. También me encanta el contacto con los alumnos en colegios y universidades porque es una manera de incidirles en la importancia de las matemáticas.

Teniendo tan claro su amor por los números, ¿por qué estudió Economía y Ciencias del Trabajo?, ¿no le gustaría ser profesor de matemáticas?

Quizás me gustaría con alumnos de 10 u 11 años, porque hablan mucho, son muy espontáneos pero valoran más al profesor. Me gustaría si fuera solo enseñar y no cuidar. Con 16 ó 17 años ya vienen probablemente con déficit y ya es muy complicado, por eso prefiero con niños más pequeños porque todavía se les puede hacer las matemáticas atractivas.

Cuando tuve que decidir qué carrera estudiar, no sabía qué hacer. Pensé en Filosofía, incluso. Al final, me decanté por Economía porque me encontraba más realizado en esta carrera que en matemáticas. Además, a mí lo que más me gustaba era la parte estadística y en la carrera de matemáticas no encuentras un número, es abstracción pura.

¿Qué se puede hacer para que esta materia sea atractiva?

Yo creo que es muy importante que el profesor intente hacer aprender jugando. Hacer ver al alumno que las matemáticas están en todos los sitios. Está en la música, en el arte, en los juego de azar, en los casinos, en la calle, en los supermercados, en la economía, en la naturaleza. Hay que hacerlo ver. Y que los niños aprendan jugando. Se puede jugar con una partida de cartas, yendo al supermercado y calculando porcentajes de precios, por ejemplo.
A las personas que no les gustan les diría, en primer lugar: si quieres puedes. Y segundo que jueguen con los números, que intenten ver la matemática divertida y creativa.

Muchos matemáticos acaban suicidándose o tienen trastornos de personalidad. ¿Por qué? y ¿a usted le pasa?

Sí, por ejemplo en la película Una mente maravillosa, John Forbes Nash, premio Nobel de Economía (curiosamente no hay Nobel de Matemáticas), desarrolló esquizofrenia, se imaginaba que trabajaba como criptógrafo para los servicios secretos. Es que es muy difícil tener una inteligencia superior y convivir en un mundo que no lo ve desde la misma óptica.

Nash veía cosas y solo las podía hablar consigo mismo. También sucede que cuando tienes una habilidad extrema corres el riesgo de que te absorba, de que solo pienses en eso. Hay muchos casos en el mundo de las matemáticas. Kurt Gödel, matemático austriaco, pensaba que era perseguido por los servicios secretos e imaginaba que le querían envenenar. Murió de inanición. No es que sea común, pero cuando tienes esta capacidad, corres riesgos de distracción. Se cuentan muchas anécdotas de Isaac Newton.

Una vez iba a cocer un huevo y cuando se dio cuenta, tenía el huevo en la mano y el reloj en la cacerola. Incluso, él mismo, en sus trabajos de óptica, experimentaba consigo mismo y se clavaba palillos en los ojos para elaborar luego sus teorías. Pero bueno, yo intento mantener una moderación emocional. En mis relaciones amistosas y afectivas soy una persona normal, quizá a veces un poco exigente, pero creo que eso todos debemos de serlo.

¿Se considera una persona feliz?

Sí. Evidentemente tengo los mismos problemas que pueda tener el común de los mortales, pero considero que soy un privilegiado en todos los aspectos y que vivimos para que tratemos de crear una obra lo más bonita posible.

¿Le gustaría tener un hijo con sus cualidades?

Me gustaría tener un hijo que tuviese una inteligencia emocional elevada y que tuviese mucha inquietud por saber y aprender. Que tenga o no sobredotación intelectual, no lo considero tan relevante.

¿Cómo se divierte?

Soy muy metódico. Tengo mucha autodisciplina. Hago mucho deporte. Corro maratón. Todo lo que tenga que ver con la naturaleza me gusta. Yo era el típico niño que veía una araña tejiendo y era muy feliz. De no haber tenido esta cualidad me hubiera dedicado a la biología o la veterinaria.

¿Cuál es su problema favorito? y ¿cómo lo aprendió?

Con cuatro dígitos (1, 4, 5 y 6) obtener el resultado de 24 utilizando solo más, menos, por y entre. Me lo enseñó un gran maestro de ajedrez. Algunos son clásicos y lo único que hago, en estos casos, es cambiar un poco el texto y lo hago mío. Y luego hay otro tipo de juegos que los invento yo.

¿Hay países “más matemáticos” que otros?

Hay muchas diferencias entre países. Voy mucho a Alemania. En cada ciudad de ese país hay un museo de la matemática. Eso ya dice mucho. Adoran la matemática. En los grandes campeonatos de cálculo hay mucha gente de la India. Tienen una cultura numérica impresionante. Calculan descalzos. Se concentran a través del contacto de los pies con la tierra. Es su rito. Son muy espirituales. Los países latinos cojeamos más, estamos más encaminados hacia las letras.

¿Qué planes tiene para el futuro?

Tengo varias ideas para dos libros. Uno sería sobre la inteligencia para desarrollar los diferentes tipos de inteligencia. Y el otro libro sería sobre cómo convertirte en un campeón, con una serie de claves en la vida para ir consiguiendo tus objetivos. Hay que intentar cambiar algunos hábitos.

A un fumador le diría que lo analice matemáticamente. Quien fume un paquete al día, 20 cigarrillos, en 20 años se fuma 148 mil cigarrillos y se bebe dos litros de alquitrán.

Si cada paquete cuesta tres euros, se gasta 30 mil euros, el equivalente a ir todos los años al Caribe quince días en hotel de cinco estrellas con yacusi incorporado. Además de lo económico, la salud empeora. ¿Conviene o no conviene?

Sus libros

  • Alberto Coto nació en Asturias, España, en 1970. La aventura del cálculo fue su primer libro. En él repasa la historia de los números y la lucha que el hombre ha llevado a cabo para mejorar los mecanismos de cálculo.
  • Entrenamiento mental (2006) hace ver todas las situaciones cotidianas donde hay matemática. Cuenta el origen y la historia de varios números de cierto empaque en
    nuestra sociedad como puede ser el 13, el 666 (que ha sido llamado “el número del demonio”) o los números de Fibonacci, entre otros. También hay técnicas para calcular más rápido y potenciar la mente a través de los números.
  • Fortalece tu mente (2007) es, en palabras de Coto, “un cóctel vitamínico para las neuronas”. Lo inicia con la frase: “Si cuidas de tu cerebro, tu cerebro cuidará de ti”.
  • En él hay ejercicios para que las personas jueguen y a la vez potencien sus capacidades neuronales, lo que les evitará sufrir enfermedades como el Alzheimer, por ejemplo.
  • Sus libros fueron editados por Edaf y son distribuidos por librerías Artemis Edinter.
 
   

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