Años difíciles
pero de saludable crecimiento
A cierta edad nos desagrada estar en compañía
de otros más pequeños, mientras tanto, los más grandes nos rechazan.
por Roberto villalobos
fotos: carlos Sebastián
La adolescencia es una de las etapas más difíciles que le toca vivir a todo ser humano, pero también es, quizás, la que más alegría deja en la memoria. Cuando ésta llega se experimenta una
serie de cambios físicos y psíquicos que son complicados de manejar, y más aún en los primeros momentos, es decir, entre los 11 y 14 años.
A este particular grupo no le gusta permanecer al lado de niños de 10 años o menos, mientras que muchas veces preferirían tener de 15 en adelante, pues esa edad parece, de cierto modo, el sueño de ser un “joven hábil en las relaciones sociales”, explica el psiquiatra Luis Porras Monge.
La mala noticia es que a los más grandes no les agrada la compañía de los más pequeños. Así lo confirma Nancy Paola, de 15 años, quien dice: “Lo que pasa es que ellos se comportan como niños, son inmaduros, y más los varones”. De hecho, es sabido que las mujeres desarrollan más rápido que los hombres.
Además, Nancy considera que en reuniones de quinceañeros, quienes tienen de 11 a 14 años se verían fuera de lugar, y piensa que podrían ser excluidos del grupo con facilidad.
“Esa es la edad del impasse; ellos piensan: ‘Quiero, pero no puedo’”, refiere la motivadora Sara Beatriz Carranza.
¿Qué pasa
con ellos?
Muchos de estos “recién adolescentes” empiezan a separarse de sus padres, no por falta de afecto, sino porque les agrada estar con sus amigos para compartir nuevas experiencias. “Se trata de la búsqueda de su espacio, de hallar cierta independen cia”, indica Porras.
Es por ese motivo que no hay que sorprenderse de que pidan con frecuencia que se les lleve a un centro comercial, al cine o a un restaurante.
Ese tipo de reuniones, de acuerdo con expertos en salud mental, son fundamentales porque les ayuda a crecer con suficientes habilidades sociales.
En tanto, los integrantes de la familia deben comprender la situación y enseñarles un camino con buenos valores, para que puedan descubrir y desarrollar una identidad. De esa forma, cuando sea más maduro, con más experiencias, podrá llegar a ser como esos jóvenes quinceañeros que ahora admira.

Primeras salidas
A cualquier padre le asusta cuando su hijo o hija empieza a pedir permiso para salir con sus amigos, y más todavía debido a la situación de inseguridad que se vive; sin embargo, no hay que vedarles ese derecho. Los progenitores tampoco deberían sentirse mal de que sus hijos se sientan avergonzados de ellos cuando los van a dejar a algún lugar, caso que se da con mayor frecuencia entre varones. La razón de esto es, simplemente, la búsqueda del espacio, y ellos se sienten incómodos cuando se sienten invadidos.
Entonces, ¿qué hacer si hay una reunión y ellos son muy pequeños como para dejarlos solos?
La solución es acompañarlos, tenerlos a la vista, pero con el cuidado de no hacerlos sentir vigilados. Es una misión difícil, pero que el padre debe pone en práctica.
“Si sé que mis papás me están observando, no me comporto igual. No es que yo haga cosas inadecuadas cuando estoy sola, es solo que me siento molesta”, confiesa Breslie, de 12 años.
De igual manera, aunque el adolescente no lo comprenda, se le deben imponer horarios límite para las horas de salida y llegada; estos deben ser, por supuesto, flexibles. La negociación es parte importante para que padres e hijos se entiendan, asegura Carranza.
Chat, Internet, videos
La curiosidad inunda la mente de los jóvenes. Algunos, seducidos por las malas influencias, llegan a probar el tabaco o el alcohol. Es por ello que la familia debe tener cuidado al momento de dar permisos para salir, así como con las amistades que tengan.
Además, Carranza advierte sobre el peligro que representan entretenimientos como los videojuegos o estar por largo tiempo el las salas de chat de Internet, pues, en lugar de fortalecer las habilidades sociales, terminan por aislarlos.
Aunque en el mercado no hay sitios específicos para jóvenes de entre 11 y 14 años, los expertos recomiendan llevarlos a actividades en las que puedan desarrollar su habilidad motriz y musculatura (deportes) o su potencial artístico (música, pintura, baile, etc).
En cualquiera de estos escenarios, seguramente podrán conocer a diferentes personas de quienes aprenderán a discernir entre el bien y el mal, y a conocerse a sí mismos.
|