Domingos de colegio
Cada vez aumenta la demanda de la educación de plan fin de semana.

por Francisco Mauricio Martínez
Las aulas que durante muchos años descansaron los fines de semana del bullicio de los estudiantes, en la actualidad, se están acostumbrando al mismo jolgorio los sábados y domingos debido a que están abriendo sus puertas a miles de estudiantes. Adultos preocupados de su formación asisten a estudiar desde el nivel primario hasta carreras como perito contador, bachillerato y secretariado, todo esto en plan regular y por madurez (de 18 en adelante).
A partir de los años de 1970, la oportunidad de estudiar los fines de semana era un privilegio que solo gozaban los que pretendían estudiar a una carrera universitaria; sin embargo, desde hace 15 años, aproximadamente, la oportunidad de estudiar el nivel primario o el secundario los sábados y domingos ha adquirido auge.
Expertos en Ciencias de la Educación observan dos aristas importantes en esta clase de estudiantes. Resaltan la visión de estos adultos (algunos hasta de 60 años de edad), quienes dejan por un lado trabajo, familia y distracción para asistir a las aulas. Así también remarcan que los conocimientos que adquieren los aplican en su vida laboral diaria, ya que lo ponen en práctica con sus compañeros de trabajo y, a la vez, les permite conseguir ascensos, lo cual se convierte en una gran motivación.
Primero trabajadores
Mercedes Sactic, quien de domingo a viernes se dedica a vender ropa en la 6a. avenida de la zona 1, asiste los sábados a un colegio ubicado en la misma zona con la expectativa de graduarse de Perito Contador. Al preguntarle qué la motiva a abandonar su negocio durante varias horas, responde que su mayor deseo es aprender contabilidad para manejar de mejor manera su negocio y convertirse en una empresaria exitosa.
Casi todas las personas que se inscriben en este plan son obreros que durante su niñez o adolescencia no tuvieron recursos económicos para formarse. El pedagogo, René Asaba, subdirector general del colegio Yulimay’ PC, ubicado en la zona 1, afirma que aproximadamente el 90 por ciento de sus dos mil 500 estudiantes inscritos en ese plan, trabajan en maquilas, economía informal, de empleadas domésticas y dependientes de almacenes, tiendas y ferreterías.
Miguel Ángel Chacón, doctor en Ciencias de la Educación y director de Posgrados de la Escuela de Formación de Profesores de Enseñanza Media de la Universidad de San Carlos, afirma que estos guatemaltecos asisten a clases porque están conscientes de que quieren aprender. “Son trabajadores-estudiantes, porque el trabajo les permite su subsistencia y, a la vez, estudiar, porque si no trabajan no comen. El caso de los estudiantes que trabajan es diferente, pues para estos el trabajo no es indispensable”, explica.

Dentro de estos planes de estudio destaca la cantidad de mujeres que asisten. Las estadísticas oficiales del Ministerio de Educación (Mineduc) del año 2005 señalan, por ejemplo, que a los centros urbanos del país donde se imparte la primaria para adultos asistieron 14 mil 679 hombres y 13 mil 792 mujeres; sin embargo, en el departamento de Guatemala estas cifras muestran una tendencia ligeramente opuesta, ya que cinco mil 361 fueron hombres y cinco mil 925 mujeres.
Migración
La principal causa del auge de estos horarios se debe a varias causas, tales como la violencia y la escasez de transporte durante las noches. El educador Héctor Francisco López, del Yulimay’ PC, dice que el peligro de andar por las calles durante la noche ha motivado que muchos estudiantes migren a los planes mencionados.
Omar Barrios, director administrativo del Colegio Osorio Sandoval, ubicado en la calzada justo Rufino Barrios, zona 21, relata que desde su fundación en 1980 esta institución instauró la jornada matutina, vespertina y nocturna, las cuales fueron exitosas (en la jornada de la noche llegaron a tener aulas con 60 alumnos).
Sin embargo, la jornada nocturna cerró en el 2006, debido a que la demanda en este horario decayó en los primeros años del presente siglo. “Una de las causas de este fenómeno fue la inseguridad que vivían los estudiantes”, indica.
El educador agrega a este fenómeno otra causa: hace algunas décadas, los que trabajaban durante el día en empresas industriales, como las maquilas y centros comerciales, salían del trabajo a las 17 ó 18 horas, lo cual les permitía estudiar; en cambio ahora, concluyen su jornada de trabajo después de las 20 horas, explica.
En lo que coinciden los expertos es que la demanda de los planes de fin de semana cada vez toma más auge.

En lo que no concuerdan del todo es en cuanto al alcance de sus objetivos. Chacón dice que estos planes están diseñados con una metodología de educación en la que el mismo estudiante, con la ayuda del maestro y materiales autoformativos, construye su propio conocimiento. Barrios, en cambio, considera que a los profesores y maestros les falta conocer metodología y técnicas de estudio para su autoformación. |