“A la patria hay que amarla, siempre”
Lionel Vásquez
Es uno de los académicos más brillantes y desconocidos del país.
por juan carlos lemus
Fotos: CArlos Sebastián

Lionel Vásquez Velásquez es una eminencia científica inadvertida. Su experiencia de tres años en Gambia, África, tuvo como objetivo hacer su tesis de doctorado en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, de donde se graduó en 1988.
Cuatro son las universidades más prestigiosas del mundo: la mencionada, además de las de Oxford, Harvard y Yale. Él formó parte de tres de ellas: de las dos estadounidenses y de la inglesa.
Su tesis, Metabolismo energético en los niños, es una investigación comparativa del estado nutricional entre niños ingleses y africanos.
Posteriormente, hizo una investigación similar en India. Regresó a Guatemala en 1992.
Sus estudios en todos esos lugares, pero, en especial, en lo que llamaremos el centro del universo científico, Cambridge, más la experiencia de campo, lo llevaron a diseñar fórmulas nutricionales que, en la actualidad, aplica a sus pacientes.
La presente entrevista se llevó a cabo en su clínica de la zona 10, un lugar donde cuelga sus títulos y sus pinturas.
¿Cómo fueron aquellos años
en Gambia y en el Reino Unido?
Para obtener el doctorado conseguí una beca de Naciones Unidas, la cual me permitió vivir una experiencia singular y conocer dos ambientes diferentes en esencia y opuestos en condición. En Inglaterra por un lado, estudié cinco años. Cambridge, mi universidad, es un lugar académico en donde es común que transiten por las calles Premios Nobel, en donde se asiste a cenas de High Table con traje formal y toga, en donde se charla con personas versadas en los problemas generales del mundo así como en temas muy puntuales, en donde el conocimiento día a día renace, donde se descubrió la cadena elíptica del ADN. Hay doctores en todas las ramas del saber, por ejemplo en Filosofía, en Arquitectura Japonesa, en Física, en la cultura de Malasia; en fin, en todo.
En general, si no se han leído, además del tema propio de trabajo, todos los periódicos de la semana, es mejor no abrir mucho la boca; se debe estar bien informado inclusive para una plática casual.
Paralelamente a mi vida en Cambridge, realizaba viajes periódicos de trabajo al África. Así podía asistir una noche a una de esas cenas suntuosas y al día siguiente estar en Gambia, África Occidental, hundiendo mis dedos en el arroz con “duramo” (pasta de maní) ya que allí no se come con cubiertos. Viajaba a Gambia dos veces al año, una en la época seca y otra en la lluviosa. Por tres años seguidos, tuve la oportunidad de compartir con los africanos; conocí su cultura y costumbres, inferí su forma de ver la vida y, en general, aprendí de ellos.
Gambia es un país relativamente pequeño en población, pero bastante limitado en recursos. Después de aterrizar Banjul, su capital, viajaba en un Land Rover, río arriba, por cinco a siete horas dentro de la selva, hasta Keneba. En esta aldea mandinga, sin agua entubada ni luz eléctrica, pasaba mis días aislado del mundo, pero embebido por su gente y el lugar.
El lugar es parte del área geográfica del Zajil. Es sumamente árido y para el final de la época seca, que va de febrero a mayo, la escasez de comida es crítica. Pero la hospitalidad inmensa de la gente se percibe a cada paso.
Podría decir que los africanos allá tienen nada… ¡Nada! Pero siempre te ofrecen algo, ya sea un vaso de agua, un puñado de arroz con “duramo”, una sonrisa o, mejor todavía, una carcajada. Viven en “familia extendida”, donde todos son parientes. Hermanos, primos, tíos, sobrinos viven bajo un mismo techo.
La familia es muy importante para ellos y generalmente todos comen de la misma cocina; un perol de arroz donde todos meten la mano.
Cada hombre puede tener una, dos, hasta cuatro esposas y todas las mujeres cuidan de los niños. Los hombres cultivan el maní, las mujeres el arroz; únicas dos siembras importantes. De esta forma de sociedad se podrían mencionar muchos aspectos negativos, sin embargo, con el tiempo encontré muchos otros positivos.
En mis visitas durante la época de lluvia, el paisaje era totalmente diferente. La selva se pintaba de verde por todos lados; monos y animales surgían de algún lado, dando una visión singular. Mosquitos, malaria y otras enfermedades brotaban también.
¿Cuáles fueron los resultados de su trabajo de investigación acerca de los niños africanos malnutridos comparados
con los ingleses?
Se ha asumido que por la falta de comida en la niñez, el cuerpo humano se defiende, ya sea creciendo menos o utilizando menos combustible para la actividad física, la exploración y, por ende, menor desarrollo de las capacidades mentales. Mi trabajo de doctorado fue eminentemente biológico. Por primera vez pudimos estudiar de una forma no intrusiva el gasto energético total de niños africanos crónicamente malnutridos y su contraparte, los normales ingleses. Con el uso de técnicas nuevas de agua doblemente marcada estudiamos el metabolismo energético durante el crecimiento.
El trabajo fue minucioso, exhaustivo. Es muy difícil resumir en una respuesta, para esta ocasión, todos los diversos mecanismos de adaptación. Sin embargo, lo relevante es concluir que por unidad de peso no hay diferencias entre niños crónicamente malnutridos africanos y normales ingleses. Su crecimiento lineal sí puede ser afectado y su potencial biológico sí puede ser limitado.
Pero es importante no caer en el error de inferir este hecho biológico individual a conclusiones económicas colectivas. Un individuo podrá redimir una deficiencia biológica, con el paso del tiempo, solo si las condiciones externas no son adecuadas en cuanto a salud, educación formativa y cognoscitiva, así como una adecuada oportunidad de éxito.
¿Qué opina de la dieta basada en el maíz, como es el caso de nuestros países y de los mayas precolombinos?
Los mayas sobrevivían bien con una dieta monótona basada en frijol, maíz y calabaza. Esta combinación de alimentos aporta los nutrientes básicos como amino ácidos esenciales, especialmente, que el cuerpo necesita. Siendo pobre en grasas, los requerimientos de energía son difíciles de cumplir por el volumen de alimento que se debe ingerir.
Si se es niño, el problema es mayor por la capacidad gástrica limitada.
La sociedad maya ha tenido cambios seculares en su dieta. Hoy, aguas gaseosas y comida en bolsas, tipo snacks son contribuyentes significativos de su alimentación. Individuos desnutridos a temprana edad se tornan obesos con una alimentación de ese tipo. Así que es de esperar la malnutrición incremente, desde el punto de vista de la salud pública. Y cuando hablo de malnutrición, esta abarca tanto la desnutrición como los excesos de nutrientes.
¿Cuál considera que es el
estado nutricional
de la sociedad guatemalteca?
Trabajos de investigación en áreas del perímetro urbano han demostrado que más de la mitad de los habitantes padecen de sobrepeso; el sedentarismo es cada día más evidente en todos los grupos de edad, el aumento de los triglicéridos y el colesterol, así como la diabetes tipo 2 y la hipertensión arterial son cada día más frecuentes en la práctica clínica; no solo en gente mayor, sino también en personas jóvenes.
Indudablemente, los cambios en el patrón del estilo de vida, las modificaciones en la dieta por alimentos de más fácil adquisición, las presiones publicitarias y el consumo desmedido, todo eso actúa negativamente en la salud. Quizá mejoran la economía de un sector, pero todos estos agentes, a la larga, generan nuevos problemas tanto para el individuo como para la nación. Esas enfermedades pueden ser prevenibles, pero resultan altamente nocivas en una población crónicamente desnutrida.
¿Qué lo hizo volver a
Guatemala, en 1992?
¡A la patria hay que amarla, siempre! Regresé con muchas ganas de contribuir con mis conocimientos. Por razones peculiares, me dediqué solo a la práctica privada, a atender pacientes con enfermedades crónicas que solamente tenían opción a una clase de medicamentos para su tratamiento; así fue como me inicié en la creación de alimentos farmacológicos que alivian rápidamente las consecuencias de una mala alimentación.
¿Fue así como nació Buena Base?
Sí. Comencé diseñando alimentos que aportaran al organismo los nutrientes necesarios para una vida saludable y que mejoraran el caos metabólico generado por la mala alimentación, pero, además, tenía el desafío de lograr que fueran agradables al paladar.
Luego de asegurarme de su función en el organismo y sus beneficios al sustituir los medicamentos utilizados en hipertensión arterial, diabetes, dislipidemias y otros problemas, creamos Buena Base. Éstos son productos que han dado gran satisfacción en el tratamiento de obesidad, diabetes, hipertensión y colesterol alto, por ejemplo.
También han ayudado a pacientes con colon irritable y estreñimiento; han sido efectivos en pacientes con osteoporosis. También ayudan a niños, adolescentes, adultos y adultos mayores que tienen una alimentación deficiente, y a personas que requieren de una buena alimentación debido a que padecen de alguna enfermedad terminal.
En breve
- Lionel Vásquez Velásquezes doctor en Filosofía (Ph.D.) y doctor en Metabolismo y Nutrición Clínica por la Universidad de Cambridge, Inglaterra (1984-1988).
- Médicoy Cirujano por la Universidad de San Carlos de Guatemala, en 1982.
Estudióy fue docente del Instituto de Nutrición para Centroamérica y Panamá, INCAP, 1982.
- Residentepara las enfermedades infecciosas en del Hospital San Francisco, en la Universidad de Connecticut, Yale, en 1980.
- Médicoresidente del Hospital General de Nueva Inglaterra, por la Universidad de Connecticut, en 1980.
- Médicoresidente del Mount Aurburn Hospital, Harvard, Boston, Mass., en 1979.
Correo:consultaldoctor@buena-base.com
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