Cuerdas roncas y estremecedoras
Tres de los mejores exponentes del bajo
hablan de su pasión por este instrumento, híbrido
de la guitarra
y el contrabajo.
Por Viviana Ruiz
Fotos: Carlos Sebastían
Disímiles en cuanto a personalidades, pero igual de intensos cuando hablan de la música y del instrumento que interpretan: el bajo, son Rolando Jechu Gudiel, Luis Pedro González y Carlos Méndez, algunos de los mejores exponentes de la escena nacional que reproducen las frecuencias más graves del espectro sonoro que, si bien son difíciles de percibir, su ausencia es avasalladora.
En cualquier banda, sea ésta de funk, jazz, blues, rock, metal, pop, salsa, etcétera, el bajo, híbrido entre la guitarra y el contrabajo, es de vital importancia, porque produce sonidos en armonía con la música y, al mismo tiempo, crea un efecto rítmico.
“El bajo me eligió a mí”
El bajo no es un instrumento únicamente de base, como algunos creen; también logra cierta importancia en el área melódica, explica Jechu. Su carrera profesional tiene 28 años de historia y entre el grupo de bajistas nacionales es reconocido no solo por su calidad interpretativa, sino por su humildad. Cuando se refiere a su instrumento, dice que él no buscó al bajo, sino éste lo buscó a él, pues a los 14 años, siendo miembro de la orquesta del colegio Don Bosco, su profesor Amílcar Guevara le pidió que participara como el bajista del grupo y desde ese entonces su relación con este instrumento ha sido de amor incondicional.
Se describe a sí mismo como “tranquilo”, característica que no sabe con exactitud si siempre fue suya o interpretar el bajo se la otorgó. “La mayoría de bajistas somos tranquilos, apaciguados, introvertidos. No sé si siempre he sido así; pero desde que toco el bajo me caracterizo por ello”, expresa con una sonrisa que denota satisfacción.

Carlos Méndez
Se desempeña en la actualidad como profesor en la escuela Polirritmos. No pertenece a una banda específica. Ha tenido la oportunidad de tocar diversos estilos con diferentes colegas de la música (son, baladas, rock, clásico, trova, latino, experimental etcétera.).
“Así que si usted quiere ser la estrella de la banda, cambie de instrumento, porque con el bajo no lo logrará… Un bajista es un apoyo, no un showstar”, comenta.
“Me gusta trabajar con la gente, ser su apoyo. Aunque algunas veces tengo que dirigir, lo hago, pero no es lo mío”. Interpreta la mandolina, la guitarra y un poco el piano.
“Mi bajo es mi compañero de viaje. Yo me siento uno con el instrumento: somos uno solo”, refiere.
Amor a tercera vista
Luis Pedro González tiene 26 años y en la actualidad se desempeña como bajista de Malacates Trébol Shop. Jechu lo considera una joven promesa en el ambiente musical. Cuando alguien lo ve por la calle, sin duda puede pensar que efectivamente es un artista. Su pinta: cabello largo, ataviado con unos cómodos vaqueros y camisa por fuera, lo delatan.
Su amor por el bajo fue a tercera vista. Su primer coqueteo fue con la guitarra, luego con la batería. Pero después de una decepción protagonizada por estas damas conoció al bajo y allí se quedó.
“Cuando era adolescente, formamos una banda y no teníamos un bajista, así que yo me hice cargo de él. Pero fue algo maravilloso, porque he aprendido que al interpretar este instrumento uno tiene que pensar de forma abstracta. Si el bajista se equivoca, logras que la banda se escuche mal”, explica.
Eléctrico, esta palabra engloba la personalidad de Luis Pedro; sin duda, esta es una de las razones por las cuales encaja de maravilla con los Malacates —con quienes está desde hace un año— y su ritmo ska, porque son muy rítmicos, eléctricos.
“El bajo para mí es como cuando estás en una conversación con varias personas y tú solamente intervienes cuando es necesario, cuando hace falta tu aporte”, apunta.
También forma parte de un grupo de jazz, junto a Jacobo, el trompetista de Malacates. Imparte clases de dibujo y pintura. Le gusta la escultura y estudia Historia del Arte en la Universidad Francisco Marroquín.
El sonido del bajo es una voz ronca, un murmullo, un canto que sale desde adentro, al que hay que ponerle atención para escucharlo, asegura.
En cuento a los músicos que lo han vuelto loco por su virtuosismo, según sus palabras, están Anthony Jackson (grabó El Niágara en bicicleta con Juan Luis Guerra) o Jaco Pastorius.
“El arte sensibiliza al ser humano y es por eso que yo me dedico a la música”, expresa.
Doctor en finanzas
y rockero
El intérprete del bajo en la banda de rock Viernes Verde es Carlos Méndez, un financista que está a punto de terminar su doctorado en esta disciplina en la Universidad de Tulain, en Estados Unidos.
Casado, padre de dos hijos casi adolescentes, catedrático de la Universidad Francisco Marroquín y músico. Su vida no solo parece cargada: lo es. Cuenta que se le levanta todos los días a las 5 de la mañana, estudia hasta al mediodía, tiempo ideal para salir a correr sus rigurosos 10 kilómetros.
Almuerza con sus hijos y luego se va la U. Imparte clases y luego, por la tarde noche, antes de ir a ensayar con la banda, revisa las tareas de sus retoños. Su jornada termina a la una o dos de la madrugada.
“Los bajistas somos el gremio más olvidado, al menos que sean Sting o Paul McCartney”, expone. Su opinión es que, para ser un buen intérprete de este instrumento, se debe ser una persona segura de sí misma y amar el bajo, porque atención no obtendrá; pero sí muchas gratificaciones, porque cuando a alguien se le enchina el cuerpo escuchando una canción, es gracias al bajo.
Al igual que muchos bajistas, dice, empezó tocando la batería desde muy pequeño. “Yo armaba mi batería con las regaderas de metal de mi abuela. Tendría tres años. Mis padres me compraron una batería. Luego, cuando tenía unos 13 años, me di cuenta que siempre le ponía atención a los bajos en una canción y entonces allí decidí hacer el cambio y me quedé con él”, relata.
Lleva 18 años con este instrumento. Sin ningún tapujo, este bajista admite que la vía para aprender fue escuchando a los demás. “Soy un analfabeto en la música, porque nunca la he estudiado en una escuela”, cita. Por supuesto, trascendió el ensayo y, no en vano, ahora es considerado un buen exponente en la escena musical.
Asegura que no tiene predilección por ningún tipo de música en especial, aunque en sus quince y tantos escuchaba a Judas Priest y Rosh. Pero junto a Igor Castillo formalizó sus gustos musicales. También tuvo algunas participaciones con Alux Nahual y algunas bandas de garaje de los años 80.
Dejó el bajo y se dedicó a la parte académica. Se graduó de ingeniero químico, pero el llamado de la música se hizo más intenso y regresó a la música justo cuando el antiguo bajista de Viernes Verde, Estuardo Castro, decidió abandonar la banda. De eso hace siete años.
A su juicio, un bajista debe hablarle al público con este instrumento, aunque, muchas veces, el silencio sea el lenguaje a utilizar.
“La complejidad de un bajista no está en hablar siempre, sino en ser mesurado. No importa que no sea yo el protagonista en aras de la belleza de la música”, expresa. |