Aporte de las humanidades al liderazgo
¿Brindan algo importante las humanidades al papel que deben jugar los líderes?
Por Rosario Escobar
Es una experiencia vivida el hecho que las humanidades sean vistas como algo superfluo, innecesario y poco útil, precisamente porque no reportan utilidades económicas.
En expresión de nuestros estudiantes, los cursos humanísticos son “relleno” dentro del pensum de estudios. Recordamos aquel comentario de uno de nuestros estudiantes de los primeros años de carrera de Ciencias Económicas: “Nosotros estaremos en desventaja en los negocios, en relación con los egresados de otras universidades, pues ellos no ven mal hacer los negocios sin que les importe el aspecto ético”.
Es evidente que un comentario como éste enmarca la disciplina humanística como un obstáculo, pues en el actual mundo de los negocios lo que prevalece es la búsqueda de las utilidades. Sin embargo, precisamente ahora, con experiencias recientes, hemos podido observar que si no se cuida el aspecto ético, las empresas y organizaciones tienen únicamente asegurada su desaparición a mediano plazo.
De ello, Rafael Alvira, en su libro Humanidades para el Siglo, resume: “Todo rechazo del humanismo es precipitado y se dirige contra el hombre mismo. Es una especie de harakiri espiritual y cultural, practicado implícitamente por la mayoría y especialmente por los intelectuales”.
¿Aportan algo importante las humanidades al papel que deben jugar los líderes? Las humanidades brindan la visión integradora de los problemas de la sociedad (relacionan la teoría y la práctica), la prudencia y el hábito de fundamentar. “La formación verdadera consiste en disponer de poder de discernimiento, y éste sólo se alcanza si se conocen las leyes que rigen el desarrollo de la vida humana” (López Quintas, El Análisis Literario y su Papel Formativo).
Por el contrario, la vida en las universidades nos demuestra cada día que, como ya mencionamos anteriormente, las humanidades son vistas como algo innecesario, algo en lo que no hay que perder el tiempo.
Este no es un problema que suceda únicamente en nuestro país, también sucede en Latinoamérica y en Europa, como lo hace ver Alvira en la obra ya citada: “Ciertamente, el reproche de que los humanistas –particularmente los filósofos- no sirven para la política o la dirección económica, es antiguo.
Lo recoge, por ejemplo, Platón en el libro VI de La República. Una persona volcada a los intereses teóricos parece que no tiene la experiencia, la sensibilidad ni el saber hacer precisos para el gobierno. Y, con todo, gobernar es un saber que implica siempre de un modo u otro el bien común y que, por tanto, supone un conocimiento teórico-práctico, profundo y universal del hombre y la sociedad”.
Pero también en el mundo anglosajón padecen de los mismos males. Robert Hutchins, rector de la Universidad de Chicago, decía: “Y a un grado más abajo del hedonismo ilustrado de Epicuro, se ha descendido en la mediocridad que trae consigo el aburguesamiento de las inteligencias... Nuestros graduados universitarios tienen mucha más información y mucha menos comprensión que los de la época colonial. El estudio de las humanidades propicia el desarrollo de la prudencia, del hábito discrecional, sin el que sería imposible penetrar en la verdadera vida intelectual, sin la que tendría que renunciar a poseer verdadera comprensión del mundo y del hombre, de la historia y del futuro”.
Sabemos ampliamente que los líderes empresariales, políticos y sociales requieren de practicar la virtud de la prudencia o conocimiento prudencial, como lo denomina Carlos Llano; pues la responsabilidad de sus decisiones es mucha.
Las humanidades favorecen su desarrollo, pues ayudan a interrelacionar los distintos aspectos involucrados a la hora de tomar decisiones sobre cualquier situación: “No se puede tener prudencia de gobierno sin conocer bien al hombre y a la sociedad, es decir, sin tener en cuenta el humanismo”.
*Del Centro de Investigaciones Humanismo y Empresa de la Universidad del Istmo |