Semanario de Prensa Libre • No. 191 • 02 de marzo de 2008

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D frente

Rebeca Rubio
Antropóloga de mucho gato

Considera que vivimos en una sociedad que desconoce la realidad de los demás guatemaltecos.

Por Francisco Mauricio Martínez
Fotos: Carlos Sebastián

La muerte de su padre, Ricardo Rubio, quien era militante de la guerrilla, despertó el interés de Rebeca Rubio (36), desde que era niña, por la antropología. Sin embargo, el ciclismo, primero, y luego el fitness, se convirtieron en sus pasiones deportivas, tanto que su tesis de graduación versó sobre la comparación de los valores estéticos físicos de los segmentos socioeconómicos A y C de la capital.

No se visualiza trabajando como antropóloga, debido a que considera que la vida académica es muy tranquila y su personalidad, debido al trabajo que realiza en los medios de comunicación, es demasiado acelerada. “El periodismo me encanta porque es una mezcla de sociología y antropología”, dice esta modelo, quien considera que hay algunos hombres que se sienten intimidados cuando se dan cuenta que ella tiene “más brazo que ellos y no digamos fuerza”.

¿Por qué estudió antropología?

Desde niña tuve cierta inclinación por los temas sociales, quizá porque mi padre fue guerrillero y murió en la selva (1980). A partir de ese hecho, me nació la inquietud de encontrarle explicación a muchos de mis problemas de ese momento (tenía 9 años).

Esta etapa fue bien difícil (vivía con unos tíos) porque sentí la represión cuando llegaban a catear la casa, y por el temor que sentíamos hasta los libros teníamos enterrados.

En el colegio no podía hablar de mi papá y a qué se dedicaba. Cuando venía a verme me decía que lo hacía porque quería un futuro mejor para la sociedad.

Por todo esto cuando pensé en qué carrera quería estudiar me decidí por antropología. Cuando estudié (Universidad del Valle de Guatemala) era la primera que me apuntaba para ir a las aldeas a hacer trabajo de campo, incluso aprendí a hablar kaqchikel.

¿Qué tan lejos le llevó su espíritu de búsqueda?

Al salir del colegio (Bethania) me fui a Francia a trabajar (cuidaba niños) y después estuve en Tailandia.

Al viajar me di cuenta de que necesitaba una base para entender a mi propio país, porque sentía que la educación no era integral en Guatemala, ya que uno leía los libros, pero desconocía la realidad de país.

¿Cuál fue su mayor experiencia en el extranjero?

Cuando uno viaja aprende más, porque al salir del nidito uno empieza a ver las diferencias en cuanto a cultura, idioma, sistema económico y político de cada país.

Así, una se da cuenta cómo otras sociedades han logrado llegar a donde están. Al viajar, una tiene puntos de referencia para ubicar realmente cómo es el país y uno mismo, porque no están papi, mami o los amigos.

Para mí fue un reto personal, porque aprendí a hablar francés inglés y hasta tailandés, para poder comunicarme.

¿Estar sola, sin ambos padres, fue el origen de esa aventura?

Claro, porque el hecho de no tener padre ni madre, porque ella me dejo con mi papá desde que era muy pequeña, provocó que los que estaban a mi alrededor (mis tíos) me sobreprotegieran, entonces, no me dejaban hacer nada.

Yo estaba consciente de eso y no quería caer, porque hay gente que acepta que le hagan todo, en cambio yo siempre quise valerme por sí misma.

Interiormente me decía: ya perdí a mi papá y mi mamá y si algún día sucede lo mismo con mis tíos, cómo voy a valerme por mí misma.

A los 16 y 17 años yo no sabía donde tomar una camioneta para ir a algún lado porque no conocía, todo eso terminó cuando tomé el avión y me fui.

¿Por qué regresó?

Porque tenía claro que únicamente en mi país era donde me podía formar profesionalmente, por las dificultades que conlleva ser ajena a un país.

En Tailandia tuve mis primeros acercamientos con la antropología con profesores que hablaban un poco de inglés y me ponían a leer libros.

Yo me integraba a los grupos que se iban a las aldeas cercanas a Bangkok (capital de Tailandia) y cuya población era de Laos y hablaban otro idioma. Así empecé a hacer trabajo de campo y sólo el hecho de estar ahí ya era una cátedra.

Entonces, yo me decía: tengo que regresar Guatemala a vivir estas experiencias.

¿De qué manera cumplió ese deseo?

Trabajé con la doctora Linda Asturias en su agencia de investigación y realicé algunos trabajos de campo.

Después de lo que había vivido esto era pan comido. El único problema que encontré en ese momento fue que en esos días habían linchado a unas extranjeras, lo cual me afectaba porque a mí me veían con ese mismo aspecto.

De todas maneras me fui a la comunidad de Patzaj, Comalapa (Chimaltenango).

Conseguí vivir en la casa de una viuda que tenía dos hijos. Cuando me refería a este lugar decía que era un hotel mil estrellas, debido a que durante la noche se miraban estos cuerpos celestes desde dentro de la casa.

La clave para ganarme la confianza de la gente fue hablar kaqchikel, porque así se fueron dando cuenta de que yo no era gringa.

También contribuyó a que la relación se suavizara el hecho de que yo vivía, comía, dormía y me bañaba con ellos. El tema que investigué durante dos meses fue la educación formal en una comunidad indígena.


Rebeca con su padre, Ricardo Rubio.

Este fue mi curso de verano y me quedé trabajando con otros temas en Tecpán.

¿En qué momento se convierte en modelo?

Debido a mi situación económica empecé a buscar otros trabajos y fue así como principié a vender perfumes (ganaba Q10 por cada venta). En eso estaba, cuando una agencia de modelaje me pidió que participará en un concurso y creí que a través de éste podía alcanzar otro trabajo.

Gané, a pesar de que era mi primera experiencia en pasarela, y con esto me empezaron a surgir trabajos de edecán en distintas promociones (1994 y 1995).

Me pagaban Q200 o Q500 y no era todo el día, lo cual me permitía estudiar. Un día (1996) me solicitaron que posara para la portada de la revista Amiga (Prensa Libre) y después de eso me llamaron los del programa de televisión Aló qué tal América.

En esos años yo practicaba ciclismo con Max Leiva (ciclista y escultor) con quien salíamos a las 4 ó 5 de la mañana a entrenar.


Rebeca con uno de los niños que cuidó en Francia.

¿Cómo le fue en la televisión?

Hice un casting, pero me sentía ridícula, porque estudiaba antropología y pasarme al mundo del entretenimiento y la farándula, como que nada qué ver.

Salí elegida, pero como iba en los últimos semestres de mi carrera y por el sistema debía llevar seis cursos, por lo que sentía que iba colapsar y tuve que renunciar a los pocos días.

En el programa me dijeron que me fuera a estudiar y que después habláramos. Cuando regresé, creí que ya tenían a otra persona, pero no fue así y me integré al programa.

Fue aquí cuando me cambió la vida porque me empecé a dar cuenta de que me gustaban los medios de comunicación.

¿Cómo se inicio en el fitness?

Me dio miedo de que un día me cayera de la bicicleta y me quedara sin cara, entonces, dije: tengo que encontrar un deporte que tenga afinidad con mi programa y me metí a un gimnasio (1997) y lo primero que me dijeron fue que había una cosa que se llamaba fitness y a los dos meses competí y quedé en segundo lugar.

Seguí practicando y a los dos años encontré un entrenador; un día me dijeron que formaría parte de una selección que iba a competir a Perú y me dediqué con más esfuerzo a este deporte; a partir de ahí, dije, esto es para mí.

En el 2001 tuve que decidir entre seguir haciendo este deporte y el programa de televisión, porque no les gustaban mis músculos.

Después de conocer tantos campos de la vida, ¿Qué piensa de la sociedad guatemalteca?

Es un tema que a diario repica en mi cabeza, porque siento que los guatemaltecos tendemos a cerrarnos mucho, nos caracterizamos por la segregación.

Queremos unificarnos, pero eso es realmente difícil porque nuestras raíces están compartidas, venimos divididos desde que empezamos.

Vivimos ajenos a la realidad de otras personas, lo cual me di cuenta cuando viví en las aldeas... Vivimos con un desconocimiento total de la realidad de la demás gente.

Multifacética

  • Licenciada en Antropología social, Universidad del Valle de Guatemala. 2006
    Locutora Profesional, Cámara de Locución y Periodismo, Guatemala.

  • Editora de segmentos de salud y ejercicio en Nuestro Diario.
  • Productora y locutora en radio del programa En forma con la Red, Radio Corporación Nacional RCN.
  • Presentadora de noticias deportivas, noticiero “Teledeporte”.
  • Presentadora de programas de entretenimiento y espectáculo, dentro del programa Aló qué tal América.
  • Modelo de comerciales para distintas marcas publicitarias.
  • 2007, noveno lugar en mundial de Fitness, Barcelona. (atleta mejor clasificada del continente americano)
  • 2007–2000, campeona nacional de Fitness.
  • 2003, medalla de bronce en los Juegos Panamericanos Santo Domingo, República Dominicana.
 
   

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