Semanario de Prensa Libre • No. 191 • 02 de marzo de 2008

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D oficios

Boticarios de antaño
De un complejo arte se transformó en una ayuda para la medicina indispensable en el tratamiento de las enfermedades.


Los medicamentos preparados por Julio Menéndez gozan de credibilidad en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos.

Por Julieta Sandoval
y Corresponsales

El boticario era una especie de mago, aquel que ayudaba a los vecinos del barrio con ungüentos, pomadas y remedios de otro tiempo mezclados con esmero.
En su establecimiento guardaba los secretos de la salud que, con el transcurrir de los años, fueron desapareciendo por el surgimiento de grandes empresas que producen medicamentos en serie y en elevadas cantidades. En la actualidad, son escasos quienes aún conservan esa antigua tradición.

En el Centro Histórico de la ciudad de Quetzaltenango se ubica aún a un boticario, Julio César Tuc, en su farmacia Xelajú, donde prepara bebidas, pomadas y composiciones que fueron utilizadas por los abuelos, cuenta Herbert Maldonado, encargado del lugar.

Las fórmulas para toda clase de dolencias o enfermedades datan de hace más de 70 años en el recetario de Manuel Serrano, doctor y químico-biólogo. Éste incluye la bebida colorada apropiada para la bilis. Cordial de susto, medicamento para los niños. Purgante para las mujeres que han dado a luz o laxantes. Todo a base de valeriana y otros ingredientes. “Las composiciones deben ser medidas y pesadas de acuerdo a las prescripciones antiguas”, comenta Maldonado.

La farmacia San José, abierta en 1936 por el químico Juan de Dios Rosada, desde entonces aún mantiene la medicina de botica en la calle principal de la cabecera de Sololá. Julia Rodas sigue las enseñanzas de su tío a través de las notas que dejara; allí están los medicamentos usados en el siglo pasado, pero que aún funcionan, como el jarabe de miel rosada o los hechos a base de chicoria. Además, utiliza el equipo e instrumentos de fabricación alemana —mortero, balanza, filtro de agua o pesas— que eran del primer propietario.

“En la actualidad, se reciben recetas de médicos que piden algunas pomadas como moliente, fenicada, belladona, salicilato, alcanforada y otras”, refiere la boticaria. Esto es afirmado por Eleonora Gaitán, coautora del estudio de Historia de las Boticas y maestros boticarios en Guatemala, y licenciada en farmacia. “Algunos dermatólogos prescriben medicamentos especiales preparados a la antigua”, agrega. En ciertos lugares se está retomando el uso de los compuestos elaborados por boticarios, debido a que la medicina es cara, el paciente busca otras opciones.

Julio César Menéndez es propietario de la farmacia San Miguel, en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, tiene 45 años de experiencia en este oficio, por lo que muchas personas, en especial de escasos recursos, solicitan sus medicamentos. “De acuerdo a la enfermedad así es como aplico las fórmulas”, detalla. Un ejemplo de esto es el compuesto de los tres aceites —ricino, castor y rosado— para combatir las lombrices de los niños. En el purgante antibilioso son utilizados 12 ingredientes, como sal inglesa, sulfato de soda y hoja de zen.

“El avance de la ciencia ha hecho que en la mayoría de farmacias despachen medicamentos a base de recetas médicas, y dejen los compuestos por falta de conocimiento”, asegura Menéndez.

A través de la historia


En la botica, que es parte de la farmacia Xelajú, Julio César Tuc se encarga de las composiciones.

El arte de boticario data de varios siglos atrás. En el estudio Historia de las Boticas y los maestros boticarios en Guatemala, de Eleonora Gaitán e Ivy Campo, indican que el cronista Fray Antonio de Remesal se refiere a Don Juan de los Ríos, que llegó de la Nueva España, como el primer médico, cirujano y boticario. Sin embargo, estaban los empíricos: don Antón Bravo y don Fabián de los Reyes. El arte farmacéutico también surgió en los conventos, algunos de ellos poseían jardines de plantas medicinales. “Dominicos y franciscanos tuvieron grandes y surtidas boticas”.

A partir de 1705, el trabajo de los maestros boticarios empezó a ser regulado por leyes (de Castilla). “Tuvieron que pasar examen y comprobar sus prácticas...”, refiere el estudio. Sesenta años después, el oficio proliferó. La Universidad los preparaba teóricamente y realizaban su práctica en las boticas de los conventos u hospitales. “En el siglo XIX, los boticarios habían hecho fortuna y el arte farmacéutico había adquirido categoría científica”, cita el documento.

Los profesores de farmacia integran la Academia de Estudios (así se le llamó a la Universidad de San Carlos de Guatemala), aquí había un laboratorio, una colección de drogas y un jardín de plantas medicinales. Con el gobierno de Rafael Carrera los estudios de farmacia tienen categoría universitaria. “En 1843 egresa el primer farmacéutico titulado, Toribio Soto”.

El boticario de ayer es el químico farmacéutico de hoy; la diferencia es que antes estaban en su botica atendiendo de forma personal a sus clientes; ahora dirigen a distancia, indica Gaitán.

En las boticas siempre se conseguía unas gotitas para la diarrea, brebajes contra el empacho viejo y ungüentos para enfermedades de la piel.


   

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