Presto non troppo
Ahí está... la marimba
Por Paulo Alvarado
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Este año, el concierto de apertura de temporada de la Sinfónica Nacional se distinguió de otros años: tres obras de tres autores guatemaltecos, en un valioso y plausible esfuerzo por rebasar los estereotipos de repertorio.
El recital dio inicio con la Suite Regional Guatemalteca de Benigno Mejía. De un corte que presenta lo "regional" como una occidentalización de las expresiones autóctonas, la música de Mejía posee la gracia de la inspiración legítima, aunque se apoya en patrones de reglamento; es el caso de estas cinco piezas, de estructura convencional. Gran conocedor de los instrumentos de viento, el compositor inclusive traslada los sonidos del bosque y de la llanura a la sala de concierto, por medio de efectos sonoros de simpático naturalismo.
Mucho menos afortunado resultó el estreno de la Sinfonía Tikaleña de Rafael Juárez Castellanos. Los 45 minutos que tarda esta obra vieron la retirada, justificablemente prematura, de decenas de asistentes, así como una orquesta cada vez más desinflada e imprecisa en todos sus registros. Una partitura de poca felicidad artística, acometida sin ánimo por la mayoría de los músicos.
Lo realmente relevante de la noche fue, sin ninguna duda, la lucida intervención del joven marimbista Fernando Isabel Vásquez, en la interpretación del Concierto para Marimba y Orquesta de Jorge Sarmientos. Pese a que fue compuesta hará medio siglo y, debido a la escasez de conciertos escritos por compositores nacionales para este instrumento, sigue siendo obra referencial de otras posibilidades para la marimba guatemalteca. La impecable ejecución del solista nos recordó a otro Fernando (Morales Matus), cuyo nivel de virtuosismo no habíamos escuchado entre sus intérpretes desde hace muchos años.
El joven maestro Vásquez no titubeó en desplegar su minuciosa exactitud en los pasajes de pulso mecánico en alternancia con la cadenciosa lírica de otros momentos, como en el segundo movimiento, Canzone india, en que Sarmientos evoca la primera época de Erik Satie. Ahí está... brillante, y sentimental, la marimba guatemalteca.
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